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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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Las 'macrogranjas' destruyen la biodiversidad y el tejido social

Ganaderos, veterinarios y ambientalistas alertan del daño de las macroexplotaciones ganaderas para el medio ambiente, el bienestar animal y el futuro de los pueblos 'vaciados'

En España tenemos un autoabastecimiento de porcino del 174%, es decir que producimos un 74% más de lo que podemos llegar a consumir. Sin embargo, cada vez tenemos más macroexplotaciones ganaderas, sobre todo de porcino y exportamos el excedente al lejano oriente.

Las macrogranjas son un nuevo modelo de explotación que rompe con la tradición ganadera y que tienen que ver con una forma de producción de carne intensiva e industrial en la que los miles de animales que tienen están en un espacio cerrado y los recursos que se utilizan vienen del exterior, según explica Lucía López, veterinaria y divulgadora desde el blog Mallata.

Este modelo de explotación provoca importantes impactos en el medio ambiente y en la vida de los animales. De hecho, ha sido censurado este verano por Naciones Unidas cuando recomendaba reducir el consumo de carne por la forma en la que se produce hoy. “Debemos tener en cuenta que cuando aparece una explotación porcina muchas veces es porque ha desaparecido una ganadería extensiva”, lo cual ya impacta en el medio ambiente ya que la ganadería extensiva mejora la biodiversidad aprovechando los recursos de la zona, explica López. Pero, además, López denuncia que “se produce una gran cantidad de purines, desperdicios de los animales, que se vierten en el medio ambiente sin un control exhaustivo de cómo se reparten en la tierra”, lo que provoca desequilibrios en el nitrógeno de algunas zonas de tierras o en acuíferos como los de Huesca.

En cuanto al impacto para los animales, éstos viven en un espacio cerrado y sin luz donde no puede desarrollar sus comportamientos naturales, aunque López asegura que en Europa “se ha avanzado mucho en materia de bienestar animal y hay muchos controles”. Aunque reconoce que “la ley es bastante permisiva” y sobre todo hay muy poco control en cuanto a la contaminación por el vertido de purines.

Las pequeñas explotaciones desaparecen

La asociación de agricultores y ganaderos que trabaja en red, Asturias Sostenible, denuncia “una hipertrofia en las pequeñas explotaciones en Asturias” porque, según cuenta su vicepresidente, Xuan Valladares, los modelos con menos cabezas de ganado por granja son mucho más positivos. La destrucción de las pequeñas explotaciones contribuye al fenómeno de la España vaciada. Si bien en la región no hay macrogranjas dada la complicada orografía, las explotaciones familiares tienen número de ganado muy superiores a los que había hace años, lo que “impide un tejido social suficientemente amplio en la zona”.

Xuan cuenta en experiencia de otros compañeros ganaderos que “da miedo cuando uno tiene sus 50 o 60 vacas y de repente se plantea que va a venir alguien al lado a poner 2.000 o 4.000 vacas”. Se preguntan cómo se puede gestionar todo eso, “se rompen los esquemas de la escala natural porque la agricultura y la ganadería son las actividades que más deterioran el planeta”. Pero Xuan insiste en que se deben manejar bien, de tal forma que contribuyan a mejorar los ecosistemas.

El vicepresidente de Asturias Sostenible denuncia que el modelo de las macrogranjas “hunde al pequeño granjero” haciendo imposible la competencia y, aunque eso no se valore en los números, hace que se pierda el tejido social, la cultura de los pueblos, sus tradiciones agropecuarias y “un tipo de vida que es irrecuperable”. La alternativa para esos pequeños agricultores y ganaderos es unirse para ganar fuerza, asegura.

Las políticas públicas no protegen la ganadería extensiva

La forma de producción tradicional de los rebaños pastando en el campo “protege superficies como los pastos o las dehesas que contribuyen a captar gases de efecto invernadero. Así lo explica Celsa Peiteado, de WWF. Además, esta ganadería “no compite con superficies dedicadas a la alimentación, aprovechan restos de rastrojos, de poda” y protegen las dehesas fertilizando el suelo.

La ganadería extensiva en su máxima expresión la representa la trashumancia, en la que los rebaños se trasladan a las zonas más cálidas y con recursos manteniendo las vías pecuarias naturales que conectan el territorio.

En el lado opuesto se encuentran las producciones intensivas de carne y leche de las macroexplotaciones ganaderas que están dejando fuera del mercado a los ganaderos extensivos y no respetan a los animales ni al medio ambiente. Peiteado alerta de que “la producción de carne low cost nos está haciendo perder estos rebaños y la única fuente de empleo que hay en muchas zonas de montaña”. En la llamada España vaciada se están creando macrogranjas “con la excusa de crear empleo y fijar población cuando en realidad no es así”, asegura.

Peiteado explica que las políticas públicas no están favoreciendo la ganadería extensiva. Al contrario, se está debatiendo la Política Agraria Común (PAC), que en España supone más de 6.000 millones de euros al año, “y en realidad esta política está orientada a favorecer producciones intensivas”, por ejemplo, de alfalfa y maíz, para alimentar la ganadería intensiva de las macrogranjas. Mientras que la ganadería extensiva se pierde, y con ella los valores naturales, gastronómicos y culturales.

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