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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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'Comportarse como adultos', la democracia está sobrevalorada

Basada en las memorias de Varoufakis, Costa-Gavras lleva al cine, en tono de farsa, las tensas negociaciones entre la Europa del austericidio y el Gobierno de Syriza para el rescate de la economía griega

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En un momento de House of cards, Frank Underwood rompía la cuarta pared para proclamar que la democracia estaba sobrevalorada. Eso debieron pensar los principales líderes europeos cuando un partido de extrema izquierda aglutinó todo el descontento en Grecia hasta arrasar en las elecciones. Ya podían prometer el oro y el moro a un pueblo ahogado, los recortes no eran negociables. No había margen ni alternativa.

Referente del cine social y político europeo, Costa-Gavras regresa 50 años después a su país para denunciar esel golpe europeo, los meses en que las instituciones comunitarias socavaron la democracia en Grecia tras la victoria de Syriza. Si en 1969 rodó Z en respuesta a la toma militar de su país, en esta ocasión quiere mostrar, desde la distancia, el compromiso con sus paisanos y retratar la deriva de una Europa cruel e insolidaria con el pueblo griego y el sufrimiento de la calle.

“Yo me fui de Grecia muy joven. Me escapé como de una prisión para vivir y no me interesaba nada Grecia hasta que los militares tomaron el poder. Entonces me sentí muy tocado y por eso hice Z. Esta vez pasó algo también que fue tremendo, y tremendo para la clase de la que provengo, una clase pobre que no tiene posibilidades y que siempre paga los platos rotos de todo. Quería hacer una historia y gracias al libro de Varoufakis había una continuidad gramática, que explicaba lo que ocurre dentro de Europa, algo que no sabemos. Él lo sabe”, contaba el director en el pasado Festival de San Sebastián.

Basada en el libro del exministro de finanzas griego, Gavras reconstruye las tensas negociaciones con la troika, es decir, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, inflexibles en su postura. “No había actas de esas reuniones, pero él había grabado y apuntado. Cada uno cuando salía de la reunión decía lo que quería. Todo lo que está en la película es real, solo he hecho la labor de recortar los discursos para hacerlo todo más interesante para el espectador. Así vemos el interior de Europa, que no es muy bonito”.

Varoufakis es el héroe, el David frente al Goliat, firme en sus principios, con aire de estrella de rock y su lado ególatra. El villano es la Europa conservadora encabezada Wolfgang Schaüble, el todopoderoso ministro de finanzas de Angela Merkel que condicionaba toda decisión del Eurogrupo. El Memorándum de entendimiento negociado con el anterior Ejecutivo griego imponía unas condiciones imposibles al Gobierno de Tsipras, incompatibles con una agenda social o un rescate ciudadano, promesa con la que habían ganado las elecciones. La gigantesca deuda sumía a la economía griega en un círculo vicioso y amenazaba a los bancos de las principales potencias. Para la Europa del austericidio no había alternativa, o ese préstamo draconiano o la salida del euro.

Gavras mete su cámara en el circo de la política europea con un tono de farsa, tira de ironía y hasta de surrealismo en un metafórico baile final. “Es una tragedia como comedia, pero en la vida hay siempre comedia. Eso me parece importante para el futuro. Ver el ridículo y reírse de ello. Quiere decir que continuamos y podemos cambiar”, explica el realizador.

Rodada en varios países europeos, con actores griegos, la cinta se convierte en un thriller sobre este proceso de humillación que acabó doblegando la voluntad del pueblo griego. Tsipras claudicó, traicionó a sus ciudadanos y Varoufakis dimitió tras cinco meses en el cargo. No ve esperanza Costa-Gavras en el horizonte ante una izquierda desnortada y dividida ante el empuje de un bloque cada vez más conservador y reaccionario. “La derecha tiene un modo de vida y siempre están juntos. La izquierda no puede hacer lo que hace la derecha, ese ha sido el error. La izquierda tiene que dar una alternativa a la sociedad. Hay que cambiar y encontrar soluciones y no decir solo "hasta la victoria siempre".

Comportarse como adultos es la última bofetada de una trayectoria marcada por un cine comprometido que en el último mes ha recibido varios reconocimientos. Un galardón honorífico en la Biennale de Venecia y Premio Donostia en el Festival de San Sebastián, Costa-Gavras, tras 60 años de carrera, no cree en otro tipo de cine y ve un relevo generacional bajo la mirada feminista. “Cada uno mira a una parte de la sociedad que le interesa. Eso también es político, las relaciones entre nosotros. Hay muchos y lo más interesante es que al público le gusta. Eso no pasaba antes, solo era Disney y los vaqueros. Ahora quieren ver la sociedad en el cine. Los cineastas lo han entendido. Hay algo nuevo también: las mujeres hacen muchas películas y eso da una mirada diferente de la sociedad, han hecho entrar otra sensibilidad. Nosotros somos muy machos y necesitamos esa mirada”, sentencia.

 

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