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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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Juanjo Millás retransmite una operación a corazón abierto

El número de trasplantes de corazón que se hacen actualmente han disminuido, en parte, por el casco de las motos.

Más de 800 trasplantes han pasado por sus manos. Toda una vida dedicada al corazón. Cada vez que aplica el bisturí, separa el esternón y abre el pericardio el Doctor José Montero es capaz, con un solo vistazo, de reconocer cómo es y cómo se va a comportar durante la operación.

Aunque su especialidad es muy conservadora, la cirugía cardíaca ha evolucionado mucho. Las primeras válvulas aórticas no tenían nada que ver con las que se colocan ahora, ni en la forma ni en los materiales que se utilizan. Las primeras eran parecidas al sistema de bolita que llevaban las antiguas botellas de gaseosa y estaban fabricadas con acero quirúrgico. La que colocó en la operación a la que Juanjo Millás y yo asistimos tiene la forma y el tamaño de un botón de gabardina con dos pestañas que funcionan como las puertas sin retorno, se abren para dejar pasar la sangre y se cierran para evitar que el flujo regrese al corazón. Está hecha de carbón pirolítico y algunas de titanio. La forma en que se adapta y se cose a la vena aorta recuerda a un encaje de bolillos artesanal. Decenas de hilos alrededor de la vena formando una suerte de ojal que posteriormente se cose a la válvula.

Dr. José Montero y Juan José Millás / Paqui Ramos

Los trasplantes tampoco son lo que eran. Y aquí la revolución se llama ciclosporina. Una sustancia que evita el rechazo y que, por tanto, aumenta (y mucho) las posibilidades de éxito. Siempre es preferible un trasplante de corazón biológico que uno mecánico pero, en los últimos años, no está quedando más remedio que colocar los segundos. El principal motivo: el casco de las motos. El donante ideal es una persona joven sin patologías. Con el endurecimiento de las leyes de tráfico y la obligatoriedad de los cascos se ha reducido la mortalidad y, por tanto, el número de donantes idóneos. Además, la esperanza de vida es mayor y el número de personas susceptibles de un trasplante también. Si hace 20 años hacían entre 60-70 trasplantes al año, ahora son 25.

José Sarabia es la primera persona en recibir un corazón mecánico permanente. Le operaron hace 5 años, cuando tenía 66. El aparato va insertado en el corazón y conectado por un cable a un ordenador y una bolsa de baterías externa. Lleva 4, cada una de ellas tiene una autonomía de 7 horas. Duerme conectado a un enchufe y su casa está protegida por la compañía hidroeléctrica que cuida para que nunca le falte la luz. José no tiene pulso porque el corazón mecánico impulsa un flujo continuo. Si se asusta o excita tiene que adaptarlo manualmente a través del ordenador.

Tras tres horas de operación en el quirófano del Hospital 9 de Octubre salimos emocionados y sorprendidos de ver cómo actúan el Doctor Montero y su equipo. Lo compenetrados que están, lo certero de sus movimientos, la tranquilidad que muestran durante todo el proceso, incluso cuando el paciente empieza a fibrilar y es necesario aplicarle una descarga con las palas. La fuerza mental y física que necesitan para aguantar tantas horas. Un tiempo que a veces se alarga por algún contratiempo. “Sabes cuando entras, no cuando sales. Y no puedes estar pensando en las ganas que tienes de irte a casa”. Para ellos es un trabajo rutinario pero, para los que se ponen en sus manos y para los que hemos tenido el privilegio de observarles, es un acto heroico.

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