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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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Buscando atajos desesperadamente

Ni Sánchez, ni Casado, ni Rivera, ni Abascal, ni Iglesias, ni Errejón, ni Junqueras ni Puigdemont tienen la receta que ponga remedio a este desastre político. En solitario, ninguno puede nada y todos lo saben perfectamente

La voz de Iñaki Gabilondo | 22/10/2019 | Buscando atajos desesperadamente. / CADENA SER

Estamos tan hartos, tan irritados, tan preocupados, que buscamos atajos, soluciones milagro, algún deus ex machina que resuelva el problema. Es muy humano, pero acreditadamente inútil. Que Quim Torra y Pedro Sánchez se vean o no se vean tiene valor porque todo gesto institucional siempre lo tiene, pero operativamente ni da ni quita. Uno, Sánchez, está en fase de provisionalidad; el otro, Torra, en fase de carbonización. Además, la magnitud del problema supera sus atribuciones. Como supera también a las fórmulas purga de efecto inmediato: el mismísimo 155 que algunos desean administrar a la autonomía catalana como si fuera el bálsamo de Fierabrás. Restablecería un orden (¿por cuánto tiempo, por cierto?) al precio de añadir heridas a la herida. 

Algunos quieren salirse con la suya incendiando las calles; otros, lanzando soflamas en los medios de comunicación; otros, recitando jaculatorias políticas que no pasan de la primera línea... estado federal, reforma constitucional... Nada de lo que se está pregonando con el rabillo del ojo pendiente de las encuestas electorales va a devolver las aguas a su cauce. Ninguna solución va a servir si es parcial. Ni Sánchez, ni Casado, ni Rivera, ni Abascal, ni Iglesias, ni Errejón, ni Junqueras ni Puigdemont tienen la receta que ponga remedio a este desastre político. En solitario, ninguno puede nada y todos lo saben perfectamente. 

Los fosos que se han abierto son demasiado profundos política, social y emocionalmente hablando; los destrozos son enormes. Solo cabe construir a partir de un diálogo abierto de todos con todos, y el primero, el de los catalanes entre sí. La declaración autocrítica de Carme Forcadell es un pequeño primer paso; ¿una ingenuidad?, no. Lo que es una ingenuidad es creer que hay otro camino, porque no lo hay. En 1976, al asumir la Presidencia, Adolfo Suárez dijo: "Me impongo como primer deber el realismo". 

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