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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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Un chef francés tendrá que pagar 14.000 euros por comer en su restaurante de lujo y no declararlo como una comida más

El fisco del país considera que tendría que declarar cada comida con un valor de 104 euros -el precio medio de su restaurante- y el declaraba 6 euros por comida

El chef de un restaurante francés ha sido multado con 14.000 euros por los beneficios en especie no declarados que suponían que él comiera en su propio restaurante. Este chef sí que declaraba esta comida y declaraba un pago en especie de seis euros por comida; pero el fisco francés ha considerado que tendría que haber elevado esa cifra hasta la tarifa media de lo que pagan sus clientes en su restaurante de lujo; 107 euros por comida.

Esta ha sido la polémica que ha planteado Isaías Lafuente en ‘La Ventana’; además, hemos querido conocer si algo similar podría ocurrir en nuestro país y se lo hemos preguntado al secretario general de GESTHA -el Sindicato de técnicos de Hacienda- Jose María Mollinedo.

Mollinedo confirma que en España no podría ocurrir lo mismo o al menos de la misma forma: “No en el caso del impuesto de sociedades o del impuesto de la renta”. Con el IVA -en cambio- sí que podría ocurrir; explica Mollinedo que si el titular del negocio o sus empleados utilizan los servicios de la empresa habitualmente esto tiene que estar declarado como venta y tendrían -por tanto- que pagar el IVA.

“En España la comida de los trabajadores se considera una retribución en especie y normalmente son gasto deducible para la actividad y son prestaciones exentas del impuesto dela renta de los trabajadores”; en el caso de que sea el titular de la actividad el que coma en su propio establecimiento, el secretario general del Sindicato de técnicos de Hacienda explica que no se debe valorar lo que cuesta el menú medio de ese restaurante sino “ese importe por el coste de la prestación de los servicios o el coste de esos bienes, no en el precio de venta".

Lo que cuenta Mollinedo es “muy complicado de hacer”, admite; ya que estos empleados o el dueño de un restaurante no comen lo mismo todos los días y “es difícil que mantenga en la memoria lo que ha comido todos los días del año. En la práctica es bastante difícil que esto se pueda regularizar”.

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