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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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'El Hoyo', la parábola que te hará pensar sobre la riqueza y el egoísmo individual

El director Galder Gaztelu-Urrutia debuta en el largometraje con un thriller de ciencia ficción lleno de metáforas y analogías, una parábola sobre la distribución de la riqueza y la solidaridad en las sociedades modernas

El hoyo realmente no es un hoyo, o sí. Obvio. Es un pozo sin fondo, una cárcel y también un centro autogestionado, llámenlo como quieran. En el hoyo viven recluidos parados, convictos o personas que buscan replantearse su vida. Todos organizados en una construcción vertical. La premisa es sencilla: dos habitantes por nivel y una alimentación limitada en cadena. La clave está en cómo se reparte el pastel. Cada uno comerá lo que le ha dejado el del nivel superior y a su vez, las sobras serán el alimento del nivel inferior.

“No se sabe muy bien si es un presidio o qué es, las celdas o habitaciones están organizadas verticalmente y unidas entre sí por un hoyo por el que cada día baja una plataforma con comida. Esta plataforma se detiene dos minutos en cada nivel, de manera que los habitantes de ese nivel tienen dos minutos para comer lo que quieran o lo que puedan. Tienen que dejar pasar el resto y con este escenario, os podéis imaginar las metáforas, analogías y simbologías que podemos hacer. Hablamos de norte-sur, de ricos y pobres, de clases sociales… Y en este hoyo transcurre el 100% de la película”, explica Galder Gaztelu-Urrutia.

Con guion de David Desola y Pedro Rivero, el director vasco compone en su primer largometraje una alegoría, una parábola, sobre el egoísmo y la solidaridad en nuestra sociedad. Una escalera sin peldaños que se cuestiona si podemos crear una convivencia sostenible y señala especialmente a los de arriba, a los ricos, a los países del primer mundo… si el sistema capitalista se plantea ceder y compartir por el bien común.

“Es una película que habla sobre la necesidad de una distribución de la riqueza más justa, que es uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad, que hemos tenido históricamente y que seguramente tendremos en el futuro. No creo que sea una película marxista, simplemente expone al espectador a los límites de su propia solidaridad y lo que pretende es una reflexión compartida entre el espectador y nosotros mismos, los creadores, los autores, para ver cómo podemos enfocar este problema”, añade Gaztelu-Urrutia.

La originalidad de la cinta radica en su planteamiento y en su propuesta visual. Una distopía sobre la lucha de clases despojada de clases. Es decir, el cambio de niveles en el hoyo es aleatorio, no hay un orden, no hay condenados y privilegiados por derecho o cuna, la responsabilidad es individual. La idea enfrenta al público con su propia hipocresía, con las acciones de cada uno con nuestros iguales ¿La bondad es oportunista y puntual o forma parte de nuestra vida diaria? La atmósfera interpela al espectador sin descanso, en condiciones extremas, como diría Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre. “El espectador y nosotros mismos nos identificamos a veces con la persona que podría seguir un camino más altruista o concienciado con un reparto más justo de la riqueza, y también nos identificamos con la otra persona con un punto de vista más de superviviente. Eso de que cuando hay, lo quiero tener, y cuando no hay, lo echo de menos”.

Protagoniza Ivan Massagué, que junto a Zorion Eguileor y Antonia San Juan, se hace todas estas preguntas, algunas respuestas son más viejas que El Quijote. Hay espacio para la ironía, el humor negro, el drama, el terror violento… En su conjunto un thriller social con influencias de El Cubo o del Rompenieves del coreano Bong Joon-ho, aunque Gaztelu-Urrutia mira al cine de décadas anteriores. “La esencia de la película sería más El ángel exterminador de Buñuel, hay mucho también de Taxi driver en cuanto al tono, la profundidad de los personajes… Hay mucho también en cuanto a puesta en escena de Blade Runner, pero en general es de todo este cine que nos maravilló en los 70 u 80, por ahí están los referentes”.

Mejor película en Sitges y Premio del Público en el Festival de Toronto, Netflix compró los derechos de su distribución internacional. El Hoyo es una propuesta sugerente e inteligente que demuestra el poder del cine de género para abarcar la realidad sociopolítica. “Cuando voy a Toronto o Austin, me hablan de que vuelven la época dorada del cine de género español. Cuando vamos fuera, gustan muchísimo. Hasta ahora no ha sido fácil producir este tipo de cine, esperemos que con la entrada de las plataformas y la difusión que ofrecen tengamos más ocasiones de hacer estas películas con presupuesto y bien hechas”, concluye como deseo el director.

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