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Domingo, 08 de Diciembre de 2019

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¿Y si hablamos de decrecimiento?

Las economías no pueden seguir creciendo como si los recursos de la Tierra fueran ilimitados, porque no lo son

A esta alturas, nadie mínimamente serio duda de que la crisis climática es un reto que pone en juego la vida de millones de personas y la forma de vida de muchos millones más. Pero las grandes palabras no sólo no agitan ya conciencias, sino que pueden acabar anestesiando a las sociedades a las que se dirigen. Hartas de escuchar señales de alarma y que a continuación le digan que los que tienen que aplicar las medidas para evitar la catástrofe no lo hacen o lo hacen poco o lo hacen mal. Sociedades que saben bien que en esta transición habrá, como en todas, perdedores. Está habiendo ya perdedores. En fin, que hoy Iñaki Gabilondo ponía el dedo en la llaga, en una llaga incómoda que afecta no sólo a las grandes empresas o a los gobiernos, sino a la vida concreta de cada uno de nosotros con la representación cultural que tenemos de lo que llamamos confort: la ropa, la comida, la tempratura de las casas, las compras, las compras, las compras. Y esa llaga de la que no se habla es que las economías no pueden seguir creciendo como si los recursos de la Tierra fueran ilimitados, porque no lo son. Hasta hace nada hablar de decrecimiento era tildado de peligroso pensamiento anti-sistema. Cuando las previsiones de los científicos se cumplan, el decrecimiento de la economia ya no será opinable.

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