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Sábado, 22 de Febrero de 2020

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La esencia del mal

Se estrena 'Legado en los huesos', la segunda entrega de la Trilogía del Baztán

La “trilogía del Baztán”, las novelas escritas por Dolores Redondo, tiene millones de lectores en todo el mundo. “Desde luego hay muchos que han hecho el camino a la inversa. Fueron a ver primero El guardián invisible y luego se compraron mis libros”, afirma la escritora. “Es un placer ver que se puede recorrer el camino en las dos direcciones y que al final, tanto unos como otros, quedan satisfechos”.

Fernando González Molina fue el encargado de preservar la esencia de las páginas y trasladar, como director, las novelas al cine. “Mi obsesión todo el tiempo era ser fiel al lector que yo era, porque para adaptar una novela al cine es fundamental que te guste mucho. Y yo me preguntaba ¿El lector que soy yo quedará satisfecho con las películas que estoy haciendo?”, nos cuenta.

En 2017 se estrenó El guardián invisible, la primera parte de las tres historias que conforman la saga. Un film que fue visto por cerca de 600 mil espectadores y recaudó más de 3 millones y medio de euros. Amaia Salazar, la inspectora de la policía Foral de Navarra, tenía que descubrir al asesino de unas niñas, unos crímenes que se mezclaban con la presencia del Basajaun, un ser mitológico de la tradición vasco-navarra.

Ahora en Legado en los huesos, la segunda entrega de la trilogía, Amaia tiene que enfrentarse a nuevos crímenes conectados con otro personaje legendario de la zona, el Tartalo. La donostiarra Marta Etura vuelve a interpretar a la policía. Al final de la primera parte se quedaba embarazada y al comienzo de esta segunda entrega se reincorpora a su trabajo después de tener un hijo. Algo parecido a lo que, en la vida real, le pasó a la propia Marta Etura. “En ese sentido, cuando la película trata el tema de la conciliación entre maternidad y trabajo, entendía perfectamente a mi personaje porque yo estaba viviendo lo mismo”, explica la actriz. “Siendo el trabajo de Amaia más importante que el mío, las dos tenemos profesiones en las que tenemos que desaparecer durante muchas horas y eso cuesta mucho”.

Imanol Arias y Marta Etura en Legado en los huesos / Deaplaneta

Entre los nuevos rostros que aparecen en Legado en los huesos nos encontramos al padre Sarasola, un inquietante sacerdote interpretado por Imanol Arias. “No es un cura evangelizador, ni un catecúmeno. Si a eso le unes que es psiquiatra y que posiblemente haga exorcismos, nos encontramos con un experto en el mal. El mal en esencia, no el mal freudiano que depende de si te has llevado bien con mamá o te has llevado mal con mamá”, dice el actor. También podemos ver a Leonardo Sbaraglia como el juez Marquina, un magistrado que irrumpirá en la vida personal y profesional de Amaia Salazar.

Como contaba Imanol Arias uno de los temas de Legado en los huesos, y que revolotea a lo largo de toda la trilogía, es la existencia del mal y cuál es su esencia. “El mal está en el magma de toda la historia y está relatado como un elemento costumbrista en la vida del personaje de Amaia. Ella ha convivido con el mal, lo ha mirado a la cara y lo absorbe y lo usa para convertirlo en un arma como policía”, explica el director Fernando González Molina.

Leonardo Sbaraglia y Marta Etura en Legado en los huesos. / Deaplaneta

El 3 de abril se estrenará Ofrenda a la tormenta, el título que cierra la trilogía del Baztan, un film que se rodó a continuación de Legado en los huesos. Pero probablemente no sea la última vez que veamos a Amaia Salazar en el cine. Dolores Redondo publicó el pasado mes de octubre La cara norte del corazón, una precuela de las tres novelas anteriores en donde nos encontramos con una Amaia de doce años perdida en un bosque y años después en Nueva Orleans, estudiando con el FBI. “Ahí Amaia tiene 25 o 26 años y no sé si podré hacer el papel", admite Marta Etura. "La verdad es que ha sido un viaje muy duro emocionalmente y muy largo, pero a la vez muy gratificante. Es un personaje muy rico en matices. Una de sus dificultades es que es una mujer que tiene que ser muy fría y dura, pero que a la vez es muy frágil, vulnerable y muy emocional. Mi intención era que en la mirada se vieran todos los fantasmas que tiene. Para mí es como un tesoro”, concluye Marta Etura.

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