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Domingo, 26 de Enero de 2020

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Empachados

No hay quien resista a esta combinación letal: sobreinformación y permanencia durante tiempo en el escaparate

VÍDEO: Pablo Palacios

"La vida moderna tiene más de moderna que de vida", dice sabiamente Mafalda. Y así andamos, tratando de gestionar como podemos las complicaciones de este tiempo que nos ha tocado vivir y que, además, se da la paradoja de que toda esta complejidad no la está aliviando el tratamiento informativo de las cosas sino que, como todo se convierte en espectáculo y todo se convierte en acontecimiento, pues pasa lo sabido: que hay una entrega informativa sin tiempo para respirar, torrencial, que arrastra pero que no penetra, y un consumo igualmente compulsivo que da paso -pasado una primera etapa- al empacho por indigestión. Sí, empacho por ingesta excesiva.

Oído ayer en distintos medios de comunicación: “No puedo oír hablar más de Cataluña, estoy harto de que me hablen de Cataluña, estoy harto también de que me vuelvan a hablar de las conversaciones para formar Gobierno, ni una palabra más sobre el tema, por favor, oigo Brexit y vuelvo la cabeza”, alguien aludía al tostón en la información de la cumbre climática en Madrid. Incluso en asuntos que nos importan mucho, que afectan directísimamente a los nuestros intereses, no hay quien resista a esta combinación letal: sobreinformación y permanencia durante tiempo en el escaparate.

De esta manera, dos tiempos: el primero, pánico; en el segundo, indiferencia y, no sé si de manera intencionada o como resultado de que así funciona el engranaje, este modelo de ciudadano tan particular, con apariencia pastueña, dócil, muy fácilmente manejable y que de pronto revienta con estallidos de inesperada violencia, con explosiones de fuerte reacción. El mundo nos está ofreciendo todos los días detalles y noticias en este sentido: los chalecos amarillos de Francia pueden ser un ejemplo bueno y lo ocurrido en Cataluña, otro, pero los hay en Hong Kong, en Irak, donde ustedes quieran. Los dos tiempos de la sociedad, que pasa de la docilidad al empacho a una gran velocidad.

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