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Jueves, 27 de Febrero de 2020

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Las mentiras sobre Afganistán: un "genocidio blanqueado"

Afganistán se ha mantenido 20 años en guerra por intereses económicos y estratégicos y no por la lucha contra el terrorismo, como defendía EEUU. El periodista Amador Guallar denuncia el "genocidio" que se produce contra las mujeres afganas, encarceladas por ser violadas o quemadas por renunciar a casarse con un hombre mayor. Un genocidio que asegura que se está blanqueando ahora con las negociaciones de Donald Trump con los talibanes

Atentado, Afganistán, Catar / ()

George Bush, Barack Obama y Donald Trump nos han estado mintiendo durante casi dos décadas sobre la evolución de la guerra en Afganistán. El Washington Post acaba de publicar la investigación de dos mil páginas de entrevistas y documentos hasta ahora clasificados que confirman la estrategia de la Casa Blanca para no contar toda la verdad sobre una guerra que Estados Unidos lanzó como respuesta a los atentados del 11-S y es ya la guerra más larga en la historia del país.

Una guerra para la que las sucesivas administraciones estadounidenses han empleado a más de 775.000 soldados desde 2001, de los que más de 2.300 a muerto desde entonces y más de 20.000 resultaron heridos. El gasto de dinero también ha sido desorbitado: se calcula que es de casi un billón de dólares.

Después de tres años de litigio los tribunales entre el Washington Post y el gobierno federal la justicia ha dado la razón el periódico para publicar un informe clasificado sobre qué falló en la guerra de Afganistán. La principal conclusión es que altos funcionarios del gobierno han mentido de forma sistemática durante casi dos décadas para hacer creer a la opinión pública que EEUU estaba ganando la guerra cuando no era así y lo sabían pocos meses después del inicio de la ofensiva que dura ya más de 18 años.

Para eso han ocultado pruebas y manipulado estadísticas, según revela en más de 2.000 documentos obtenidos a partir de 400 entrevistas a altos cargos del ejército, diplomáticos, funcionarios afganos y cooperantes. Los testimonios admiten engaños en los hechos para aparentar que había avances positivos, fallos en la estrategia política y de combate y falta de contabilidad: no se sabe exactamente cuántos cientos de miles de millones se han invertido en esa ofensiva. El jefe de la agencia federal que ha realizado este informe concluye en una conversación con el post que las autoridades han mentido constantemente al pueblo estadounidense sobre la guerra más larga de la historia de este país.

Corrupción e intereses económicos y estratégicos

El periodista Amador Guallar ha vivido diez de los 20 años de guerra en Afganistán y ha podido comprobar sobre el terreno la descoordinación y la falta de estrategia que ahora desvela el diario norteamericano, que evidencia las mentiras de Washington en torno a esa guerra. “No me ha sorprendido mucho” lo que publica el Post, asegura. “Los que llevamos allí mucho tiempo hemos estado años diciendo esto. Era un secreto a voces que EEUU, el Departamento de Estado y el pentágono están mintiendo sobre lo que está pasando allí, es un hecho constatable”. Prueba de ellos es por ejemplo que todavía hoy en día continua la ofensiva que comenzó en 2008 en una provincia sureña dominada por los talibanes.

Existió una clara desorientación y falta de planificación, como el propio periodista pudo percibir durante su tanto directamente para el Gobierno de EEUU para la OTAN. “Era un caos generalizado en el que todo se solucionaba poniendo dinero”.

“En una ocasión me estaba trabajando en 2013 para una sección de la OTAN que se dedica a estudiar los medios de comunicación para convencer a los talibanes de que depongan las armas, y nuestro general se gastó en un programa dos millones de euros para realizar una revista para analfabetos”, recuerda Guallar. Asegura además que hay mucha corrupción en el país entre las fuerzas que acudieron, aunque “no es una corrupción como la del Gobierno afgano, que simplemente roban directamente. La corrupción de occidente en Afganistán se ha establecido a través del sistema de los contratistas”, explica. Por ejemplo, al asignarse dinero a un proyecto, éste pasaba de una empresa privada a otra hasta que al final apenas llegaba nada de ese dinero a los afganos.

La urgencia de EEUU para intervenir en el país era en principio acabar con Al Qaeda y con el régimen talibán que apoyaba a Al Qaeda. Sin embargo, Guallar asegura que esto ya sucedió a las dos semanas y media de la invasión de Estados Unidos. “Al Qaeda ya estaba prácticamente desmantelada, aún queda un poquito pero no tiene ningún tipo de poder desde hace muchísimos años. Se fue a Afganistán para eso, pero obviamente se han quedado por otras muchas razones geoestratégicas, políticas económicas…” De hecho, Afganistán es mina de oro y también tiene litio, diamantes y cobre.

Ahora Donald Trump está intentando negociar con los talibanes sin tener en cuenta al Gobierno afgano, que no quiere negociar hasta que no haya una retirada completa de las tropas. “Es una retirada organizada y él quiere que sea lo más rápido posible porque en el fondo Trump ha llegado a la conclusión de que no pueden ganar a los talibanes y que por tanto hay que blanquearlos, y el objetivo de los talibanes ahora es convertirse en la Arabia Saudita de la región”, asegura Amador Guallar.

Un genocidio contra las mujeres

En opinión del periodista, esto es un error porque “dejar de luchar y pactar con los talibanes significa abandonar al Gobierno afgano y la la Constitución de 2004 que garantiza las libertades y los derechos de hombres y mujeres”. Pero teme que si los talibanes entran en el poder todo eso se perderá y por tanto “estamos renunciando a la libertad para que un régimen que ha demostrado ser despótico y asesinó vuelva al poder, entonces muchos afganos tienen mucho miedo”.

Un ejemplo del fracaso del intento de occidente de intervenir en el progreso social del país y la libertad de las mujeres lo proporciona uno de los testimonios que ha traído el periodista Antonio Pampliega desde Afganistán. “El problema de las mujeres afganas no es el burka. ¿Cuándo lograréis entenderlo? Los talibanes obligaron a llevar burka durante su régimen. Sí, era humillante y vejatorio, odiaba llevarlo, pero lo realmente grave es que las mujeres no podemos trabajar y que las niñas no podían ir a la escuela estudiar. Han pasado más de quince años de la caída del régimen talibán, nadie nos obliga a llevar burka y eso es lo único que ha cambiado. Seguimos siendo esclavas de una sociedad machista y patriarcal que trata a las mujeres como ciudadanas de segunda. Pero desde occidente habéis lavado vuestras conciencias porque ya no nos obligan a llevar burka”.

Pese a los pequeños progresos que se han dado en la capital, Guallar cuenta que fuera de Kabul siguen ocurriendo cosas como que una mujer sea encarcelada por haber sido violada porque “ella es parte del crimen”, o que se queme vivas a las niñas que no acepten casarse con hombres mayores. Para el periodista se trata de “un genocidio”, porque “a la mujer afgana se la asesina con total impunidad” en lo que considera un problema social que va más allá de los talibanes. De hecho, subraya que se trata del único país en el que la tasa de suicidios de mujeres es mayor que la de los hombres.

Ahora Guallar lamenta que las negociaciones de la administración estadounidense de Trump blanquean ese genocidio al no tener en cuenta al Gobierno elegido legítimamente en Afganistán.

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