Viernes, 30 de Octubre de 2020

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Los temas que marcarán la agenda global en 2020

Elecciones en Estados Unidos, avances tecnológicos, una economía desnortada, guerra comercial, Brexit, protestas en medio mundo ¿cuáles serán los temas que marcarán la agenda global?

Los sonidos de las protestas de los chalecos amarillos en Francia, de los disturbios en Hong Kong o de las multitudinarias manifestaciones en Chile han sido los protagonistas del pasado año. El 2020 comienza lleno de desafíos en un contexto internacional donde las certidumbres son cada vez menos y en el que los referentes políticos y económicos cambian a un ritmo vertiginoso. Es necesario un buen diagnóstico para aplicar las soluciones correctas y las tres palabras que mejor resumen cómo será el mundo en 2020 son desorientado, desincronizado y desigual.

Asistimos a un momento en el que observamos cómo las instituciones a menudo se muestran incapaces de canalizar las reivindicaciones de amplias capas de una población que harta, se empieza a echar a las calles. El miedo ante lo que vendrá y la desorientación de no saber a quién pedirle respuestas se manifiestan de diferentes formas. Ya sean, como se ha dicho, los chalecos amarillos en Francia, las marchas en Argelia, las movilizaciones en Hong Kong, las protestas contra el gobierno en Guinea y Zimbabue, las manifestaciones en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia o, incluso, el Brexit. Todas ellas comparten muchos de sus elementos: fallos en la representatividad política y la consecuente incapacidad para atender las demandas ciudadanas. A ello se une el factor generacional que hará que, para los más jóvenes, estos movimientos marquen su compromiso político y social futuro.

Las desigualdades son cada vez más acentuadas ya no solo entre países, sino también dentro de cada una de las sociedades y se presentan como uno de los motores de cambio durante este año. Ya no cabe hablar exclusivamente de las desigualdades económicas entre “los pocos que tienen mucho y los muchos que tiene poco”, sino que debemos tener en cuenta también las desigualdades de género, territoriales, generacionales y tecnológicas. Son precisamente estas últimas las que provocarán un mundo cada vez más desincronizado, es decir, que avanza a ritmos muy distintos en lo que tiene que ver especialmente con los cambios tecnológicos.

Estas son las conclusiones que se desprenden del último informe elaborado por el think-thank CIDOB titulado El mundo en 2020: Diez temas que marcarán la agenda global elaborado de forma conjunta con ESADE.

El desafío climático

La activista sueca Greta Thumberg consiguió movilizar en el último año a millones de personas, especialmente jóvenes, por la emergencia climática en todas las latitudes del planeta. El gran desafío de un movimiento que, más que desafiar a las instituciones, las presiona, pasa por la supervivencia a su propia líder. Como cualquier transición, la climática generará ganadores y perdedores y provocará, como de hecho ya está haciendo, su politización. El populismo de derechas que niega o que subestima la urgencia del desafío climático ha ganado terreno y visibilidad y, previsiblemente, las posiciones al respecto de esta cuestión tenderán a polarizarse cada vez más. Con todo, cabe esperar movimientos desde el ámbito empresarial. En Europa ya se están tomando medidas para la descarbonización de la economía con el objetivo de conseguir la neutralidad climática en 2050 -European Green Deal- y también se aprecian cambios significativos en los patrones de consumo, a pesar de que todavía se percibe cierta disonancia cognitiva entre la actitud de los consumidores y su comportamiento.

La ONU, ¿una oportunidad para la reinvención?

Este año se celebra el 75 aniversario de la creación de las Naciones Unidas y la situación de la organización internacional es crítica. Con el multilateralismo puesto en cuestión, una crisis de recursos crónica y una reforma institucional que lleva décadas esperando, los próximos doce meses se presentan decisivos para demostrarle a los estados que todavía continúa siendo una institución útil. Se calcula que más de 168 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria durante este año y se prevé que la cifra siga aumentando durante los años venideros. A pesar de que su Secretario General, el portugués Antonio Guterres, alertó de que los estados debían 2.000 millones de dólares a la organización en concepto de tareas de mantenimiento de la paz -un tercio corresponde a Estados Unidos-, los gobiernos nacionales continúan sin saldar sus deudas con la organización.

Si bien en el ámbito operativo la capacidad de la ONU es cada vez más limitada, el poder de fijación de agenda que tiene pasa por uno de sus mejores momentos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible o la Agenda 2030 dan buena cuenta de ello.

Una economía frágil y sujeta a cambios

La guerra comercial entre Estados Unidos y China lleva meses copando los titulares de las principales cabeceras. La sensación de riesgo económico está presente en todo el mundo y todavía se desconoce el impacto que tendrá la digitalización y la automatización de la industria en el ámbito laboral y fiscal. El enfriamiento comercial en Europa, donde la locomotora alemana está estancada, y las incertidumbres del Brexit marcarán estos meses. En los foros económicos ya se especula sobre la posibilidad de una nueva crisis pero el debate pasa por preguntarnos si hemos sido capaces de aprender algunas lecciones de la anterior y si hemos puesto en marcha las herramientas necesarias para hacer frente a una nueva. Se prevé que la automatización y la digitalización de la economía tengan un gran impacto, de algún modo u otro, en el mercado laboral y en el sistema impositivo de los países. De hecho, la fiscalidad será uno de los temas donde se centrará gran parte del debate político porque ahí está, precisamente, la clave para evitar que se acentúen las desigualdades como consecuencia de los avances tecnológicos. La denominada tasa Google, un impuesto para que las grandes compañías tecnológicas paguen impuestos donde generan beneficios y no en los países fiscalmente más ventajosos, comienza a tomar forma poco a poco a pesar de que el año acabó con la amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos contra los países de la Unión Europea que querían empezar a gravar los servicios digitales de las empresas de ese país.

La tecnología lo cambiará todo

La extensión de la red 5G y los avances en inteligencia artificial y computación cuántica están alterando los patrones económicos que conocíamos hasta ahora. La batalla por los datos entre los gobiernos y las grandes tecnológicas ya ha comenzado. De seguir el mismo nivel de desarrollo que hasta ahora, podría darse la situación de que "algunas compañías conozcan mejor a las personas que sus propios gobiernos". Los avances tecnológicos están resucitando viejas dinámicas de la Guerra Fría en la que dos grandes potencias tecnológicas -en este caso China y Estados Unidos- se disputan sus áreas de influencia y generan nuevas dependencias. En el medio, están aquellos que aspiran a recuperar el tiempo perdido, como la India o la Unión Europea. Como señala el informe, “quizás la idea de un régimen tecnológico global acabe tomando cuerpo en algún momento de esta década, pero durante el 2020 continuará primando la unilateralidad y la competición”. Escuchamos de forma cada vez más frecuente expresiones como “nacionalismo digital”, “soberanía digital” o “hegemonía digital” y es que “son cada vez más las voces que insisten en que son los ciudadanos y no los gobiernos los que deben poder ejercer su soberanía digital”. Más aún, teniendo en cuenta “la falta de transparencia sobre los algoritmos y modelos de negocio con que estos datos se procesan y explotan”.

Cabe señalar, por otra parte, la relevancia que cobrarán las fake news y la desinformación en un año electoral clave en Estados Unidos. La Comisión Europea de Ursula von der Leyen ya se ha puesto manos a la obra para minimizar el impacto desestabilizador de este fenómeno y prevé aprobar durante el 2020 la Ley de Servicios Digitales conocida como Digital Service Act.

Las elecciones en Estados Unidos y la emergencia de China como potencia

El próximo 3 de noviembre están previstas las elecciones presidenciales en Estados Unidos pero, en el mes de febrero, con el caucus de Iowa, comenzará el proceso de nominación de los candidatos, por lo que será un tema que centrará la atención mediática durante gran parte del año. Si bien los grandes temas de la campaña serán domésticos, lo internacional no estará exento de polémica. Sin ir más lejos, el detonante del proceso de impeachment al que se está enfrentando actualmente Donald Trump, es la acusación de haber retenido 400 millones de dólares en ayuda militar, previamente aprobada por el Congreso, para presionar al presidente de Ucrania para que iniciase una investigación sobre Joe Biden, uno de los posibles rivales políticos de Trump en las elecciones presidenciales de este año. El reciente asesinato del general iraní Soleimani en Bagdad es solo una muestra más de la imprevisibilidad y la impulsividad al que esta administración norteamericana nos tiene acostumbrados en materia internacional.

En lo que respecta a China, el hecho de que se consolide como una potencia global genera cada vez más preocupación y división “entre quienes lo perciben como un riesgo y quienes lo ven como una oportunidad”.

Europa, África y el Mediterráneo

A pesar de que la construcción europea no pasa por su mejor momento, la Unión Europea todavía se siente fuerte en cuestiones como el cambio climático y el comercio en las que su poder blando, especialmente en lo que tiene que ver con su poder regulatorio, continúa plenamente vigente. Durante los próximos meses veremos cómo echa a andar la nueva Comisión Europea y si las prioridades marcadas en su hoja de ruta se traducen en proyectos políticos reales.

Por lo que respecta a África, ya no se puede continuar hablando de él como una tierra olvidadas, sino en disputa. Las grandes potencias continuarán compitiendo por ganar influencia en un continente con un potencial de crecimiento extraordinario. Hablar del Mediterráneo continuará siendo sinónimo de inmigración y refugiados. El reto es mayúsculo porque el desafío de “construir un espacio de estabilidad y una dinámica de prosperidad compartida” a ambos lados de la orilla todavía está pendiente. Lo único seguro es que también continúa siendo la frontera más desigual y letal del planeta.

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