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Martes, 07 de Abril de 2020

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La gran Marie Curie

Se convirtió en la primera mujer en recibir un Premio Nobel, luego la primera persona en recibir dos Premios Nobel, la primera mujer catedrática de la Sorbona y, también, la primera extranjera en ser enterrada en el Panteón de los Hombres Ilustres de Francia. Eso, entre otros muchos logros

Su descubrimiento del polonio y del radio junto a su marido, el físico Pierre Curie, la catapultó a la élite científica mundial. Pero madame Curie destacó, sobre todo, por su coraje y su valentía durante la Primera Guerra Mundial.

Con 10 años tiene que afrontar la muerte de su hermana mayor y de su madre. Para poder estudiar, trabaja como institutriz. Logra llegar a París y estudiar dos carreras, Física y Matemáticas, pero a costa de grandes sacrificios y de pasar hambre, hasta el punto de que, a veces, se desmaya en las clases. Con 27 años conoce a Pierre Curie, se casan en 1895, y juntos inician la aventura científica que les llevará al descubrimiento de dos nuevos elementos (el polonio y el radio) y a la consecución del Premio Nobel de Física en 1903, junto con Henri Becquerel. Cuando la vida parece que le sonríe, Pierre muere en un accidente atropellado por un carruaje. A pesar de la profunda tristeza que sufre, emerge una nueva Marie. Tiene que sacar adelante a sus dos hijas pequeñas (Irene y Eva) y lucha para tener un sitio en el mundo de la ciencia, donde predominaban los hombres. Ahí logra otro éxito: la Sorbona de Paris aprueba que dirija la cátedra de Física de su marido.

 

Su vida sufre otra fuerte convulsión cuando es acusada de mantener una relación sentimental con un hombre casado, con el profesor Langevin. Esto le costará una campaña de difamación que casi le cuesta el Premio Nobel de Química de 1911 y sólo cesará cuando estalla la Primera Guerra Mundial. Aquí volverá a emerger la Marie comprometida y humanitaria. Crea un servicio de unidades móviles con rayos X (que había inventado el español Módico Sánchez) y que lleva al frente para diagnosticar y curar a los heridos de una manera mucho más rápida.

 

Tras la guerra, Marie, con dos Nobel en su haber y directora del Instituto del Radio, empieza a viajar por el mundo y a dar conferencias. Se convierte en una embajadora de la Ciencia. Entre otros países, visita España en tres ocasiones. Además, es nombrada miembro de la Sociedad de Naciones.

Con 67 años, casi ciega, fallece de anemia aplásica después de sufrir durante décadas los efectos nocivos de la radiactividad, pero su obra perdura hasta hoy. Su hija Irene siguió sus mismos pasos hasta el punto de conseguir otro Premio Nobel de Química (en 1935), junto con su marido, Frédéric Joliot, por descubrir la radiactividad artificial.

 

 

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