Sábado, 19 de Septiembre de 2020

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Las cholitas que querían escalar como los hombres

Hablamos con las mujeres que lograron conquistar el Aconcagua, la montaña más alta de Sudamérica, superando el machismo y los prejuicios de una sociedad en la que estaban relegadas a trabajar en la cocina o cargando bultos

“Cuando miremos atrás ya no vamos a recordar momentos en la cocina o cargando mochilas. Vamos a recordar el día en que nosotras, cholitas escaladoras tocamos el cielo”. Esta es la frase que resume el viaje de un grupo de mujeres bolivianas que lograron superar todas las barreras machistas y clasistas de su sociedad para alcanzar su sueño de escalar.

Lidia Huayllas y Elena Quispe son dos de estas cinco mujeres indígenas que lograron llegar a la cima de el Aconcagua, la montaña más alta de Sudamérica con casi 7.000 metros de altitud, convirtiéndose las primeras mujeres aymarás en lograrlo. “Yo quería demostrar a todas las mujeres indígenas que podemos enfrentarlo todo, nada es imposible”, dice Elena.

En Bolivia las mujeres indígenas, que reciben el nombre de ‘cholas’, sufren una gran discriminación. “Pero ahora viendo nuestra película ya no mucho, o sea que un poco ya hemos roto una barrera”, celebra Lidia.

Su hazaña está recogida en el documental “Cholitas”, de Pablo Iraburu y Jaime Murciego. Para Pablo estas mujeres simbolizan una lucha por su identidad, por mantener sus tradiciones y romper estereotipos. Durante el rodaje, asegura, estaban “más preocupados por nuestro equipo que por ellas que son muy fuertes y tienen una capacidad para soportar el esfuerzo y el dolor al que nosotros no estamos acostumbrados, y para subir al Aconcagua lo que hace falta es mucho aguante y perseverancia”.

Si los hombres pueden, ¿por qué nosotras no?

Ellas cuentan que siempre les ha gustado la montaña y por eso se han lanzado a este reto. Cuando contaron en su comunidad lo que iban a hacer pensaron que estaban locas. “Volverán sin dedos o el viento les llevará…” era lo que les decían.

Lidia recuerda su momento más duro: el de alejarse de su familia por primera vez. Pero a nivel físico no han notado debilidad porque tenían muchas ganas, cuenta. Para Elena lo más difícil fue hidratarse, aclimatarse y pasar tantos días fuera de casa, además del olor a azufre que le daba dolor de cabeza. “Pensábamos ascender muy rápido pero luego el tiempo estaba muy mal”, relata.

Los hombres ya no les dicen lo que deben hacer. “Ahora ya nos respetan y creo que nosotras nos hemos hecho respetar porque hemos demostrado que las mujeres indígenas pueden hacer también lo que quieran”, dice Elena.

En El Alto, de donde ellas son, Lidia asegura que siempre se han movilizado. Ahora esperan que el país se estabilice a partir de las elecciones que hay previstas para el 3 de abril.

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