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Sábado, 04 de Abril de 2020

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La firma de Iñaki Gabilondo

Desde la retaguardia

Quiero enviar un afectuoso saludo a quienes nos escuchan, asustados y desconcertados como yo lo estoy. Con nuestro viejo eslogan que adquiere en estos momentos su sentido más profundo: no está usted sola, no está usted solo, la SER le acompaña, me acompaña

Lo que ocurre es tan enorme que uno se acerca a este microespacio radiofónico sin saber a dónde mirar, requerido informativamente desde todas las esquinas de esta situación terrible pero sin saber qué enfoque elegir. Hoy, cuando se nos anuncia que entramos en la etapa más difícil solo puedo pensar en las personas. Empezando, con emoción muy profunda, en las personas que trabajan en la primera línea y que espero que nos ayude a entender para siempre qué es el servicio público. Y tras ellos, al resto de la sociedad, a esa muchedumbre de resistentes en la retaguardia

Nada es comparable al gigantesco acontecimiento que significa un país encerrado, millones de personas aisladas, presas del desconcierto y del miedo. Es una realidad inabarcable que solo el protagonista del Diablo cojuelo de Vélez de Guevara, volando por encima de las casas sin tejado, podría captar en su totalidad. 

Esta mañana, mientras se disparan las cifras de infectados y de muertos y percibimos muy cerca la amenaza, les hablo con una conciencia de privilegio como pocas veces había sentido. Desde la fortuna inmensa de disfrutar de una familia bien avenida y una casa espaciosa, pienso en los que conviven con los que no aman, o mucho peor, a quienes temen; en los amontonados en viviendas minúsculas, mal acondicionadas o con niños que ahogan y adolescentes que se ahogan; sin recursos, o a punto de perderlos; en los que están solos y en el límite; los que están sin hogar, y en los viejos asustados; y por encima de todo, los que están enfermando y muriendo en soledad, lejos de sus allegados.

Y pienso al mismo tiempo en la explosión de gestos solidarios o de creatividad e  ingenio para mantener el pulso social. Nada que no existiera ya, la variedad humana y social de siempre, pero que, como la tinta invisible, no se nos revela hasta que se aplica el reactivo adecuado. 

Ya sé que no faltan miserias políticas, pero esta mañana no quiero detenerme en ellas porque solo quiero enviar un afectuoso saludo a quienes nos escuchan, asustados y desconcertados como yo lo estoy. Con nuestro viejo eslogan que adquiere en estos momentos su sentido más profundo: no está usted sola, no está usted solo, la SER le acompaña, me acompaña. Mucha suerte a todos y hasta mañana... Y propongo que guardemos en un cajón los abrazos que no estamos pudiendo dar; algún día nos harán falta. 

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