Sábado, 06 de Junio de 2020

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Diego de Torres Villarroel

Escribe en su autobiografía: "Criéme como todos los niños, con teta y moco, lágrimas y caca, besos y papilla"

Así era Torres Villarroel: lenguaraz, polifacético, pintoresco, curioso, polémico, polímata, aventurero y trotamundos. Un salmantino de capa y espada cuya vida fue una auténtica novela. De joven se marcha a Portugal para ser útil económicamente y allí vive de los oficios más diversos, como soldado, pícaro, curandero, profesor de danza y torero. Pero además fue matemático, astrólogo, alquimista, escritor y profeta. Con el tiempo se convierte en catedrático de Matemáticas en la Universidad de Salamanca. Desde 1721 se dedica a publicar Almanaques y Pronósticos Anuales que le hicieron rico y famoso bajo el seudónimo de "El gran Piscator de Salamanca".

En 1727 aparece en la primera y segunda parte de “Visiones y vistas de Torres con Don Francisco de Quevedo por la Corte”, donde Torres recorre la Corte, acompañado por Quevedo, para manifestar que no se ha avanzado nada con respecto al XVII, siendo mayor el vicio y la necedad. Pone en solfa la postración de las letras, la incultura, la falta de estudios científicos y pide para España más arte, más ciencia y más educación.

Escribió -con pretensiones de mayor seriedad- las biografías de dos religiosos: Vida de la venerable madre Gregoria de Santa Teresa (1739) y Vida del padre Don Jerónimo de Abarrategui.

En 1743 aparece su más famosa obra: Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor D. Diego de Torres Villarroel, que alcanza cinco ediciones en el mismo año por el éxito obtenido. En ella hace alarde de sus virtudes y sus defectos, de sus múltiples ocupaciones y de sus consejos para una sociedad mejor. Hasta 1758 no publicará el sexto volumen de su Vida, dedicada a Carlos III.

Sus intentos de dramaturgo tienen poco interés. Como poeta escribe jácaras y "pasmarotas" y en su poesía lírica (romances, seguidillas, sonetos, octavas) tiene una marcada tendencia a lo popular. Según dicen, de su pluma salieron los pronósticos de tres sucesos históricos importantes: la muerte del joven rey Luis I en 1724, el motín de Esquilache y la Revolución Francesa, profecías firmadas como el Gran Piscator de Salamanca. La última de atribución apócrifa.

Escribió varios folletos relacionados con el mundo imaginario y esotérico. Por ejemplo, en el Viaje Fantástico (1724) hace alarde de sus profundos conocimientos de astrología y otra de sus obras es La Suma Medicina o Piedra Filosofal, un sesudo estudio de alquimia y, por último, Correo del Otro Mundo (1725) donde contesta cartas escritas por difuntos. Obras que le enzarzan en polémicas con muchos de sus contemporáneos. Implicado en la reyerta de su amigo el aristócrata Juan de Salazar con un clérigo, ambos huyen a Francia. A su regreso a España no tiene mejor suerte y parte hacia Portugal desterrado por un real decreto en 1732. Como promesa, hizo el Camino de Santiago a pie tardando en el empeño cinco meses, siendo aclamado en cada lugar que recorría.

A los 52 años se ordena sacerdote y a los 56 se jubila de catedrático por enfermedad. Durante los últimos años de su vida fue capellán y administrador de varios nobles. Falleció de un ataque de apoplejía en su ciudad natal, Salamanca, en el palacio de Monterrey, el 19 de junio de 1770. Tenía 77 años.

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