Miércoles, 12 de Agosto de 2020

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'La muerte en Venecia', una novela de absoluta actualidad

Esta semana en 'Un libro una hora' repasamos la novela de Thomas Mann

Thomas Mann, nació en Lübeck en 1875 y murió en Zúrich en 1955, después de exiliarse en 1921 al ser declarado enemigo del nazismo. En 1936 se hizo ciudadano checo, y en 1944 adquirió la nacionalidad norteamericana.

Es uno de los más importantes escritores europeos de su generación. Será recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y germánica en la primera mitad del siglo xx, principalmente a partir de la influencia de la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer.

Thomas Mann, premio Nobel de Literatura en 1929

En 1929 le concedieron en premio Nobel de Literatura. Es el autor de la monumental ‘La montaña mágica’, ‘Los Buddenbrook’ o ‘Doctor Faustus’.

Escribió ‘La muerte en Venecia’ con 36 años. De ella dijo en una ocasión que “nada de lo que hay en esta novela es inventado”.

‘La muerte en Venecia’ es una novela de máxima actualidad porque habla de temas que son muy cercanos. Por un lado, el tema europeo. Siempre se ha dicho que esta novela refleja la desintegración de Europa.

Por otro lado, habla de las cosas que son verdaderamente importantes, esenciales, y cómo esas cosas, en tiempos de crisis, son las que nos sostienen. La belleza, el amor, la creatividad, el deseo, la cultura.

La peste va sembrando de muertes las calles de Venecia

Además, 'La muerte en Venecia' se desarrolla en una ciudad aislada, con la gente encerrada a causa de una peste, que nadie entiende muy bien, que la prensa interpreta de forma muy distinta según de donde sea, pero que va sembrando de muerte sus calles, que se van vaciando.

Rafael Narbona dice que no es un secreto que Thomas Mann reprimió sus impulsos homosexuales para evitar cualquier conflicto o desorden afectivo. Apegado a la vida burguesa, con su rutina exenta de riesgos, se limitó a fantasear con la belleza masculina y los placeres prohibidos.

En 1911, Thomas Mann viajó a Venecia y se alojó en el Gran Hôtel des Bains del Lido. El joven barón Wladyslav Moes, de origen polaco, despertó su interés y le inspiró a Tadzio, el adolescente del que se enamora Gustav Aschenbach, el protagonista de 'La muerte en Venecia'.

La crisis de identidad sexual de un hombre

La breve novela, que se publicó en 1912, mostraba simultáneamente la decadencia de una Europa abocada a la guerra y las penurias de un escritor de mediana edad. No se trata tan solo de una pasión tardía, sino de una revelación que cuestionará su concepción del arte y la moral.

Estamos ante una novela que trata sobre la crisis de identidad sexual de un hombre maduro, o sobre la facilidad con la que un individuo cultivado es capaz de justificar cualquier sentimiento o impulso que pueda llegar a albergar: la lucha interna entre lo deseado y lo prohibido.

Está llena de símbolos que se dan la réplica a lo largo del texto, como en un juego de espejos. Venecia representa la belleza, pero a la vez también la decadencia y la podredumbre. Es el decorado perfecto para la puesta en escena crepuscular del final de un ciclo: se apaga el genio creador de Aschenbach, que frente a la belleza pura de Tadzio, opone su propia decadencia física; declina la Europa que Mann conoce y ama y a la que, en cierto sentido, representa.

Se ha afirmado que Tadzio es una figura metafórica, que encarna la inmediatez de la obra de arte frente a la concepción germánica de la creación artística, basada en el trabajo, el método y el análisis. Su belleza inocente y gratuita manifiesta que el milagro estético se produce de forma espontánea e inesperada. La única condición para que acontezca la belleza y se transmute en arte consiste en desprenderse de los prejuicios y las ideas preestablecidas.

El artista paga un precio muy alto y, salvo desde una perspectiva heroica, parece una insensatez inmolarse en la búsqueda de la perfección formal. 'La muerte en Venencia' recoge este dilema y lo resuelve, apostando por la vida, la belleza y la finitud.

La acusación de pederastia gravita sobre la novela

No se puede esquivar el aspecto más polémico de la obra. Es innegable que el puritanismo de nuestra época no se mostraría demasiado indulgente con la pasión tardía de Aschenbach. La acusación de pederastia gravita sobre la novela, con la misma faz sombría que planea sobre 'Lolita', de Nabokov, o los 'Diálogos' de Platón. Pero Aschenbach no reclama comprensión, ni intenta explicarse, presenta su periplo como algo inevitable, por eso es interesante. No hay reclamo de compasión, la liberación del personaje es total.

 

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