Martes, 27 de Octubre de 2020

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Coronavirus Covid-19

Cuando tu techo es el cielo

Todavía son muchas las personas sin hogar que deambulan por el centro de las grandes ciudades a pesar del confinamiento general decretado por el Gobierno

Esta es la "cama" de David, que duerme en las puertas de la discoteca Joy Eslava, en pleno centro de Madrid durante el estado de alarma provocado por el Covid-19

Esta es la "cama" de David, que duerme en las puertas de la discoteca Joy Eslava, en pleno centro de Madrid durante el estado de alarma provocado por el Covid-19 / Daniel Sousa / Cadena SER

En las ciudades, las noches son más silenciosas que nunca. Apenas rompen ese sigilio el ladrido de los perros, las señales sonoras de los semáforos y las motos de alguna plataforma de comida a domicilio. “Es un flipe ver esto así. Aunque cansa ya un poco y deseando que vuelva la normalidad”, señala David, una persona sin hogar que duerme en la Calle Arenal, que conecta el Palacio Real con la Puerta del Sol de Madrid.

Hace dos semanas, la Comunidad de Madrid habilitó 150 plazas en el pabellón 14 de IFEMA para que las personas que viven en la calle tuvieran un techo en el que pasar las semanas de confinamiento. En este nuevo albergue provisional se agotaron las plazas en horas y por eso, otros muchos, continúan deambulando sin rumbo por las calles de la ciudad. Los motivos son muy diferentes. Unos porque tienen perros y no están permitidos en el recinto habilitado y, otros, por decisión personal continúan viviendo en la calle.

“Los de la calle, que antes éramos invisibles para la gente al estar tumbados en el suelo, ahora somos los más visibles de todos. Aunque ya quedamos pocos”, cuenta entre risas David. Eso sí, estos días, las horas parecen durar más. El aburrimiento también hace mella en ellos. “No hacemos nada. Pasear, ir en metro para cargar el teléfono móvil y oír música”. A él le gusta el tecno y, aunque son cerca de las once de la noche de un miércoles, tiene su playlist a punto para reproducir.

David, que cobra una pensión de 390 euros al mes, se puede comprar su propio tabaco pero muchos de sus compañeros tienen más difícil sobrevivir en las calles de una ciudad desierta. “No hay colillas en el suelo y tampoco tenemos dinero porque la gente no puede salir a pasear y no nos da nada”, razona.

Eso sí, en la medida de sus posibilidades, intenta continuar con su rutina anterior al estado de alarma. Todos los días va andando a la casa de baños situada en la glorieta de Embajadores, “los únicos que quedan abiertos”. “Hace unos días cerraron los de la calle Bravo Murillo, que los habían puesto gratuitos. En estos, aunque tenemos que pagar 50 céntimos, nos podemos asear”. Sin embargo, y pesar de las frías noches con las que hemos estrenado la primavera, cosas tan básicas como comer un plato de comida caliente se antoja más complicado: “Dejé de ir al comedor porque ahora solo nos dan bocadillos y para eso, me lo hago yo”.

40.000 personas sin hogar en España

Según las estimaciones realizadas por diferentes ONG, se calcula que en España existen en torno a 40.000 personas en situación de sinhogarismo. A pesar de la emergencia social provocada por la pandemia de coronavirus, darse un paseo por el centro de la capital, constata las dificultades de los servicios sociales para salvaguardar unas condiciones dignas para todos ellos.

Unos metros más arriba del lugar donde duerme David, en la Plaza de la Provincia, frente al palacio de Santa Ana, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, dos chicos tumbados en sus camas improvisadas de cartón conversan sobre fútbol. De partidos del pasado. Uno de ellos dice que hace tiempo fue convocado para la selección de Perú, pero que “como es muy bajito” no lo volvieron a llamar. “La ciudad está triste”, “parece un país de zombis”, cuentan ambos.

Con la ciudad paralizada dicen que su única compañía “son las palomas por las mañanas”. Han decidido no acudir a IFEMA porque no les convence cómo han organizado el pabellón y, de algún modo, también por solidaridad. “No nos quieren revisar cuando entramos, nos van a meter ahí como animales y eso no se hace. Si yo estoy mal y otro hombre está bien, ¿por qué ese hombre tiene que estar conmigo?"

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