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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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Las lecciones del coronavirus sobre nuestro modelo de vida

Yayo Herrero, antropóloga, ve la situación que estamos viviendo por la pandemia de coronavirus como una oportunidad para reflexionar sobre los rasgos que deben tener las alternativas ecosociales

La pandemia del coronavirus nos deja lecciones sobre nuestra forma de vida y sobre el funcionamiento del sistema que la sostiene que debemos tener en cuenta cuando todo esto se acabe, como defiende la antropóloga y activista Yayo Herrero.

Una de las reflexiones que hace Herrero es la falsa percepción de seguridad que teníamos antes de que estallara la crisis porque vivimos en realidad en un sistema con muchísimas más debilidades y vulnerabilidades de lo que percibimos habitualmente. “Nuestra cultura, sobre todo la cultura occidental, la cultura de los países desarrollados, se ha olvidado de una cosa fundamental: que la vida humana fundamentalmente es ecodependiente, es decir, depende de la naturaleza y de lo que la naturaleza nos proporciona. No hay economía ni tecnología ni ningún tipo de producción humana que no descanse sobre bienes fondo de la naturaleza que nos son producidos y controlados a voluntad por los seres humanos y que tienen límites”, explica.

Además, tenemos una segunda dependencia que viene dada por el hecho de que vivimos encarnados en cuerpos son vulnerables, finitos, que nacen en una situación de tremenda fragilidad, envejecen y a veces se enferman, recuerda la antropóloga, eso hace que “para poder desarrollar la vida cada persona necesite hacerlo inevitablemente inserta en una sociedad que garantice que esa vida vulnerable va a ser cuidada”.

Sin embargo, nuestros modelos económicos se han construido sobre otra lógica distinta que da prioridad al crecimiento económico y el desarrollo frente a la atención a las personas. Esto, dice Herrero, “termina exigiendo a veces el sacrificio de la propia vida humana, es decir, todo merece la pena ser sacrificado con tal de que la economía crezca y así nos hemos llevado por delante servicios públicos, sanidad pública, educación pública, y también la atención a la dependencia de aquellas personas más vulnerables”.

Herrero cree nuestro gran problema es “civilizatorio” y que debemos “tratar de diseñar y poner en marcha economías que no se contrapongan y sean enemigas de la seguridad de la gente”. Porque en este momento, cuando la economía crece destruye naturaleza y precariza la vida de las personas y cuando la economía frena “termina justificando que merece la pena perder vidas humanas” para mantenerla en pie, como han justificado varios líderes durante esta crisis sanitaria desde Donald Trump a Boris Johnson o Viktor Orban.

La pérdida de biodiversidad y los sistemas alimentarios son factores que dejan mucho más precarias a las sociedades ante la transmisión de enfermedades. Además, ahora somos más frágiles ante estas situaciones por el enorme sistema de movilidad que tenemos y que dificulta la contención.

La contaminación del clima también nos hace más débiles y nos hace enfrentar en peores condiciones una eventual pandemia. “Toda la información científica de la que disponemos lleva alertando desde hace tiempo de que vivir en zonas más contaminadas genera enfermedad”, recuerda la antropóloga.

Colectivos marginales reconvertidos en esenciales

Nos hemos dado cuenta de que la vida se sostiene estructuralmente sobre personas o no pagadas o muy mal pagadas.

“Teníamos la intuición y la convicción de que hay trabajos que son socialmente poco valorados que sin embargo son absolutamente cruciales para sostener la vida y la reproducción cotidiana y generacional de esa vida, pero esta situación y el confinamiento que estamos viviendo ahora lo muestran con una crudeza y con una claridad tremenda”. Yayo Herrero destaca los empleos del sector primario como los transportistas, reponedores, cajeras de supermercado o trabajadores del campo.

Todas estas personas “invisibilizadas” y que han sufrido los recortes ahora atienden las principales necesidades de la gente. “De repente toda la lógica del cuidado cobra una importancia bestial, aparece visibilizada y nos damos cuenta de que curiosamente son los trabajos peor pagados, menos valorados, más despreciados y menos protegidos incluso a veces del mercado laboral, hasta tal punto que se ha tenido que modificar sobre la marcha algunas leyes y disposiciones que hacían que por ejemplo las empleadas domésticas no pudieran cobrar prestación”, subraya.

La pandemia de coronavirus ha dejado una nota positiva: hemos recuperado el valor de lo común tanto a pequeña escala, en nuestra comunidad de vecinos, como a nivel nacional valorando los servicios públicos. Herrero celebra que “ha surgido una lógica del apoyo mutuo, de la colaboración, de la sensación de sentirte frágil si estás solo pero mucho más fuerte cuando abordamos las cosas con otros”. Por eso espera que esa solidaridad pueda acabar convirtiéndose después en política pública, “en una forma de organización social que nos permita afrontar las nuevas crisis que vengan” en la situación de emergencia planetaria en la que nos encontramos y con el modelo económico dañino que hemos construido.

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