Sábado, 26 de Septiembre de 2020

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'La barraca', el primer éxito de Blasco Ibáñez

La novela fue traducida a varias lenguas y no tardó en alcanzar la inaudita cifra del millón de ejemplares vendidos

Vicente Blasco Ibáñez nació Valencia en 1867 y murió en 1928, en Menton, Francia. Fue el primer súper ventas español. Su personalidad y originalidad cubrían sus carencias literarias. Su portentosa imaginación, su expresividad, su fuerza casi mediática a la hora de crear, unidas a su facilidad evocadora, a su simpatía personal y al interés y amenidad de sus temas, hicieron de él un fenómeno literario que hoy está infravalorado.

Era un hombre comprometido con las clases más humildes y con la educación. Tuvo un pasado anarquista, estuvo en la cárcel de Torrevieja y exiliado en Madrid. Pero su éxito literario le hizo viajar por todo el mundo y convertirse en una auténtica celebridad en su tiempo. En Hollywood se pegaban por sus historias, fue asediado por editoriales y productoras cinematográficas. Sus restos fueron repatriados después de proclamarse la Segunda República Española y su féretro fue llevado a hombros por los pescadores del Grao.

En 1895 Vicente Basco Ibáñez tuvo que huir a Valencia después de una manifestación contra la guerra colonial. Perseguido por la autoridad, vivió escondido en distintos refugios mientras algunos amigos le preparaban un exilio en Italia. Uno de sus alojamientos fue en una pequeña taberna de vinos de Valencia, muy cercana al puerto, que era propiedad de un joven. Allí permaneció oculto durante cuatro días mientras le buscaba la Guardia Civil. Allí escribió un cuento sobre la huerta valenciana que tituló 'Venganza moruna'. Ese fue el origen de 'La barraca'. Se publicó primero como folletín y después acabó editado como libro.

Un editor francés, conocido por traducir al francés obras de D’Annunzio compró 'La barraca' por casualidad y le pidió permiso para traducir el texto. Cuando los diarios de Madrid anunciaron que en París se había publicado la traducción de 'La Barraca', la tirada en España pasó de los primeros 700 a los más de 100.000 ejemplares, amén de todas las ediciones que circularon por América sin el permiso del autor.

Blasco Ibáñez acabó siendo multimillonario 

Al final, traducida a varias lenguas, 'La Barraca' no tardó en alcanzar la inaudita cifra del millón de ejemplares vendidos en una época en la que tales cantidades eran poco menos que insólitas, como insólito fue que Blasco Ibáñez acabase vendiendo los derechos de algunas de sus obras a Hollywood o percibiendo 1.000 dólares de la época por la publicación de sus artículos en los diarios de los Estados Unidos.

Según Álvaro Cortina, 'La barraca' se enmarca dentro del primer periodo de Blasco Ibáñez llamado valenciano, o regional, azotado por esa luz proverbial de sábana al viento de la que Joaquín Sorolla hizo técnica y paisaje.

Retrata a gentes humildes sufriendo gravosos extravíos, radiografiadas a la manera naturalista tan en boga por aquel entonces, en la estela de Zola y Pardo Bazán. Refleja los regadíos costeros de levante, las vegas panorámicas, limpias, sembradas por barracones donde habitan los trabajadores del huerto. Lo telúrico, el arraigo de la familia en la tierra propia, el humilde y el trabajo, su derecho sobre la posesión. Blasco Ibáñez fue un hombre de soflamas enardecidas. Asumió su papel de voz del pueblo y situó al humilde en su geografía, señor de su propio paisaje.

Como señalan Oleza y Lluch, las novelas valencianas proceden de un mismo taller. Se inician con un primer capítulo generalmente brillante, un estudio del medio en que se desarrollará la acción, que instala al lector en un escenario en el que resuena la ciudad entera. Lo habitual es, además, que este primer capítulo utilice para su observación del medio un procedimiento itinerante, la entrada en la ciudad, al amanecer, el recorrido por el mercado, obedeciendo el primer mandamiento del método experimental, o naturalista: la observación del medio. Es la fábrica de sogas en 'La desheredada', de Galdós, recorrida por Isidora en busca de su hermano; o la panorámica de Vetusta desde lo alto de la torre de la catedral atalayada por el catalejo del Magistral.

La intriga es, sin duda, la herramienta más importante del taller de Blasco, que a lo largo de toda su obra es, sobre todo, un contador de historias, un narrador seducido por el acontecimiento y su circunstancia, por la embestida, la subversión, el desorden que el acontecimiento está destinado a producir en el medio.

Para Blasco narrar es pasar de una situación inicial a una final por medio de la transformación de significados que los acontecimientos provocan, y en esta época esa transformación tiene siempre que ver con la lucha por la vida, como en 'La barraca'.

La lucha encarna una dialéctica de energías antagónicas, sin posibilidad de síntesis, cada una con su propia razón inalienable. Esté del lado que esté Blasco, el antagonismo es inevitable: de un lado los derechos individuales de Batiste, del otro los derechos de clase de la comunidad campesina.

'La barraca' es ideológicamente naturalista, pues expresa esa imposibilidad de pacto entre individuo y medio en que creyó el realismo, y que constituyó la base de apoyo del sistema liberal. La desconfianza en los poderes del individuo, que acompañó a la crisis del sistema liberal, se traduce en el naturalismo por su simplificación drástica del complejo mecanismo de la vida, regido ahora por leyes supraindividuales que emanan de la especie y del medio, y que le empujan a adaptarse o, de lo contrario, lo destruyen.

Esos desenlaces trágicos de las novelas valencianas, en los que el protagonista se ve sobrepasado por la fuerza del medio, por las energías inhumanas de la naturaleza o por el engranaje deshumanizado de la civilización, son programáticamente naturalistas. Pero tanto en la técnica como en el universo narrativo afloran rasgos propios de la formación romántica de Blasco Ibáñez y la novela de folletín.

El éxito de 'La barraca'

El éxito de la novela, según Alejandro Gamero, se debe a la habilidad de Blasco Ibáñez para proyectar una serie de conflictos a una dimensión universal partiendo de un entorno y unos personajes localistas, muy cerrados y limitados. La historia va más allá del mero localismo comarcal y cuenta la lucha pesimista del individuo contra el entorno, el odio macerado de la incultura y la avaricia y, en niveles más profundos, la lucha revolucionaria contra la corrupción y las injusticias sociales y a favor del cambio en los medios de producción.

Blasco Ibáñez había adquirido un compromiso político para con los más necesitados, a favor de la república y de la revolución, que le había llevado incluso a poner en práctica un modelo de sociedad socialista.

Alicia de Gregorio señala que en enero de 1900, Vicente Blasco Ibáñez publicó un artículo que, bajo el título de 'Pan del alma', postulaba la necesidad de hacer llegar la educación a los ámbitos social y económicamente más desprotegidos de la Valencia del momento.

Proponía como vehículo para la transmisión de la instrucción de que se carecía en dichos ámbitos la creación de una biblioteca popular, a través de la cual se lograría el propósito de cambiar "la faz moral de la ciudad" y se contribuiría activamente en la lucha contra la incultura española. “La misión de los revolucionarios”, dijo, “no consiste únicamente en agitar los ánimos, sino en educar a los hombres, en difundir la cultura entre ellos. Blasco Ibáñez puso su biblioteca personal al servicio de las clases humildes y gracias a sus gestiones se creó la Universidad Popular de Valencia en 1903.

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