Domingo, 09 de Agosto de 2020

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'Mr Gwyn', el retrato que nos descubre quienes somos

La novela de Alessandro Baricco es una maravillosa historia sobre la literatura: por qué escribimos y por qué nos gusta leer

Alessandro Baricco nació en Turín el 25 de enero de 1958. Es un novelista italiano que también tiene una vertiente como ensayista muy interesante. Tal vez su tema esencial en todas sus novelas sea el de perseguir los sueños. Es el autor de 'Seda', 'Océano mar', 'City', la maravillosa 'Homero, Ilíada', 'Emaús' o 'La esposa joven', entre otros. Como ensayista destacaría con 'Los bárbaros' y 'The game'.

'Mr Gwyn' es la historia de una búsqueda y de un hallazgo. La razón por la que escribimos, y lo que es más importante, por qué nos gusta leer. La idea de la novela surgió en una exposición como cuenta Baricco: "Afuera llovía y tuve que meterme allí para refugiarme, pero no me gustó lo que vi y empecé a pensar en el privilegio que supone tener a alguien delante de ti para hacerle un retrato. Es una especie de liturgia, de ceremonia. Simplemente se trata de mirar a esa persona e intentar captar la verdad que hay en ella. Me planteé qué pasaría si tratara de hacer lo mismo a través de la escritura, cómo sería escribir un retrato, si sería posible hacerlo. La escritura está llena de libertad, de energía, es un oficio muy poderoso".

Baricco le descubre al lector que escribir es la mirada

Como señala Guillermo Busutil, 'Mr Gwyn' engarza la literatura con sus resortes y su magia. Baricco explora, reflexiona y se divierte con la esencia de la escritura. Le descubre al lector que escribir es la mirada. Muchos autores dicen que el arranque es una imagen en su cabeza. Otros se decantan por una palabra espontánea que estalla en un eco del que no pueden librarse y algunos defienden que se trata de una noticia breve que encierra una poderosa historia que va más allá.

Pero lo cierto, es que los escritores miran y escuchan todo lo que acontece a su alrededor, que se mueven entre la gente, las cosas y el bullicio cotidiano, igual que ladrones de guante blanco, como cazadores silenciosos que no dejan víctimas. 

'Mr Gwyn' habla de la mirada que escribe, de la mirada que traza un retrato de retratos que exploran el hallazgo íntimo y la desaparición absoluta. El sello de Baricco es utilizar la sensibilidad, la ternura y la precisión para decir lo inesperado. 

'Mr Gwyn' constituye una especie de salto en la carrera de Baricco, que ha confesado que tras la escritura de esta novela ha cambiado su forma de ver el oficio. Entre líneas, el autor italiano ha querido poner sobre la mesa el vínculo entre los libros y las personas: "Somos páginas de un libro que nadie ha escrito jamás", dice Barrico, quien considera que las personas a veces no entienden la historia de la que son protagonistas.

Baricco, que asume verse constantemente reflejado en las páginas de Salinger y rendirle un homenaje constante al autor de 'El guardián entre el centeno', ha confesado también su gusto por los personajes que desaparecen y ha construido "un libro transparente, de cristal. Uno que hacía tiempo que soñaba con escribir".

Valéry dijo que el arte literario "nos ofrece dos aspectos, dos grandes modos que, en su estado extremo, se oponen, pero que, sin embargo, se reúnen y encadenan por una multitud de grados intermedios. Existe la prosa y existe el verso", que, considerados en sus estados extremos, podría llevarnos a decir que "el lenguaje tiene por límites la música, por un lado, el álgebra, por el otro".

El sello de Baricco: sensibilidad, ternura y precisión para decir lo inesperado

Toda la trama de 'Mr Gwyn' discurre por los usos de la minuciosidad, de la musicalidad, de la precisión y de la perfección, con frases tremendamente bien elaboradas, lúcidas, capaces de una reflexión verdaderamente elevada. Nos hallamos ante una novela que nos muestra en qué se convierte una persona cuando es escrita.

'Mr Gwyn' también es, por qué no, la constatación de aquella conocida afirmación platónica según la cual lo pensado, ese fruto precioso del "diálogo del alma consigo misma" va más allá de la mera formulación oral. Muy por encima de lo efímero, la tarea del escribiente conduce a la tarea del pensar.

Como señala Liliana Muñoz, Italo Svevo estaba convencido de que llegaría el momento en que la escritura vendría a suplantar a la horrible vida verdadera, aquella en la que abundan todos esos días que se escapan hasta formar los años. La profecía de Svevo era definitiva: "la vida será literaturizada". Nos leeremos y escribiremos los unos a los otros y la realidad se corregirá o se cristalizará. En la actualidad, salvo algunas excepciones (Vila-Matas, Roth, Coetzee, Auster), son pocos los autores contemporáneos que logran verdaderamente hacer de la literatura el núcleo, la médula misma de sus obras. Hace falta profundidad en el trabajo literario, pero sobre todo una mayor comprensión de la compleja tarea que tiene el escritor entre sus manos.

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