Sábado, 15 de Agosto de 2020

Otras localidades

No podemos permitir la canallada de que la pesadilla en las residencias se vuelva a repetir

Esto se parece a una pesadilla. Un terrible regreso al pasado más reciente. El mejor homenaje que podemos hacer en este país a los mayores muertos es proteger a los mayores vivos, pero ni siquiera tenemos una versión oficial de lo sucedido en las residencias en la fase más dura de pandemia

La residencia de Burbáguena, en Teruel, tenía 96 residentes. De ellos, 62 han dado positivo por coronavirus, dos han muerto en los ultimos días y otros 14 están hospitalizados.

En la residencia de Chimillas, en Huesca, hay 108 residentes, más de la mitad, más de 50 están contagiados. En esa comunidad, solo en Aragón, hay 89 brotes activos de los que 41 se corresponden con centros sociosanitarios, con residencias.

El presidente aragonés vaciló ayer en sus versiones sobre lo que podía haber ocurrido. Primero señaló a los trabajadores, después les exculpó para acusar a los gestores y su Gobierno acabó anunciando a última hora acciones penales contra los propietarios de la residencia de Burbáguena.

Los empleados de este centro han relatado que hace días avisaron de que algunos internos tenían fiebre, otros estaban faltos de energía, apagados. Según ellos, los responsables de la residencia lo atribuyeron al calor y optaron por no derivar a nadie al hospital. Incluso denuncian la falta de material de protección, ¿les suena a algo? Los representantes de la orden religiosa que gestiona la residencia están sorprendidos porque, dicen, ninguna inspección ha descrito hechos graves que justifiquen la denuncia.

Esto se parece a una pesadilla. Un terrible regreso al pasado más reciente. El mejor homenaje que podemos hacer en este país a los mayores muertos es proteger a los mayores vivos, pero ni siquiera tenemos una versión oficial de lo sucedido en las residencias en la fase más dura de pandemia. Ni siquiera se han tomado la molestia de elaborar aquel informe que prometió el Gobierno sobre el impacto del virus en esos centros. Tenemos que ser los medios los que construyamos un relato de la devastación multiplicando las fuentes y haciendo las sumas de todas las muertes.

Pero, ¿es que no hemos aprendido nada? ¿Dónde está aquella conciencia agitada que exhibimos durante meses mientras nos espantaban los testimonios de las residencias infectadas hasta el tuétano? A ver si de tanto mirar a los jóvenes nos hemos vuelto ciegos con los mayores. A ver si preocupados por cerrar las puertas de las discotecas, hemos dejado abiertas las de las residencias. No podemos cometer la canallada de que la historia se vuelva a repetir.

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