Domingo, 20 de Septiembre de 2020

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'La buena letra', una novela sobre la moral y la culpa

Las traiciones o fidelidades de cada miembro de la familia explican las diferentes actitudes colectivas desde la posguerra hasta hoy

Rafael Chirbes nació en 1949 en Tabernes de Valldigna, donde murió en 2015. Es uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Todavía falta tiempo para que veamos con perspectiva el gran escritor que era. Dueño de una obra literaria compleja, profunda, exigente y muy comprometida, que recorre la crónica de un país arrasado por la guerra y por la victoria.

Es el autor de 'Mimoun', 'En la lucha final', 'Los disparos de cazador', 'La larga marcha', 'La caída de Madrid', 'Los viejos amigos', 'Crematorio', 'En la orilla', y 'París-Austerlitz'.

'La buena letra', publicada en 1992 y revisada por el autor en el año 2000, es una de las mejores novelas de Chirbes. Una novela sobre la memoria, sobre la moral, sobre los vencedores reales cuando se olvida el pasado.

Como señala José María Pozuelo Yvancos en su magnífico artículo 'La buena letra: memoria y olvido', es una novela con significación dual, al mismo tiempo recapitulativa y premonitoria. Recapitulativa, porque su estructura narrativa, que parte del presente, mira hacia atrás, al contar una historia que comienza con la Guerra Civil, y discurre con el relato de la evolución de la familia en la inmediata posguerra y posteriormente el comienzo del desarrollo económico. Pero dual porque Chirbes ha querido darle a los cambios de sintaxis narrativa un valor premonitorio, ya que se vuelca hacia la que sería luego la evolución histórica y moral de los españoles hijos de quienes vivieron la posguerra, que sustentan ya otros valores, contradictorios con aquellos.

La historia de la familia de Ana es la historia de España

Rafael Chirbes ordena de un modo muy preciso el suceder de los acontecimientos, que la novela desarrolla. Lo hace en tiempos que acompasan la evolución psicológica y moral de los personajes del núcleo familiar con la evolución del país en su conjunto. Quizá la característica estilística más relevante de esta novela sea que no podemos entender por separado la historia familiar y la social. La economía que gobierna la escasez, el paso de la miseria a la menor miseria y relativa abundancia posterior, se viven en esta novela a través de lo que esas condiciones influyen en las relaciones de los personajes.

La historia de la familia de Ana es la historia de España y las traiciones o fidelidades de cada miembro de la familia explicaría las de diferentes actitudes colectivas vividas por las gentes desde la posguerra hasta el día de hoy.

La novela es un supuesto diálogo en el que Ana, en presente, explica a su hijo, en modo confesional, todo lo que aconteció desde que se inició la guerra, y la familia, como republicana, sufrió la derrota en diferentes formas. En esa narración, como corresponde al pacto narrativo elegido, lo que tiene relevancia es lo familiar.

El triángulo que forman Tomás, Ana y Antonio y la solidaridad de los dos primeros para con el último, llevándole a la cárcel alimentos que ellos ni siquiera tenían, es el eje de la trama inicial. Esa opción elegida de historia familiar no impide sin embargo que aparezcan, a modo de fondo, retazos de lo que era la convivencia con los vencedores y las humillaciones y atrocidades vividas por los vencidos. Toda la dureza de la posguerra está enunciada pero concentradamente a través de estas pequeñas escenas o en lapidarias anotaciones de una singular fuerza.

El nudo del conflicto se desarrolla a partir de la aparición de Isabel, una mujer que se ha educado en el extranjero y habla inglés, pero sobre todo que viste y se peina diferente. La manera como la novela va urdiendo este espacio de separación la desarrolla la antítesis de Ana e Isabel en todo cuanto tocan. Es una antítesis de valores, pero también de posición estética, de sentido de la vida, de la resignación o rebeldía hacia una realidad de supervivencia egoísta, que Isabel está dispuesta a abrazar y que Ana rechaza.

En este orden de desarrollo antitético es muy significativo el lugar que ocupa la cuestión de la escritura. Ana enseñaría a Isabel a coser, si esta le daba clase de saber escribir. Hasta que la cuestión de saber escribir, de adornar las palabras, se torna una metonimia de la mentira.

La Transición como traición a la causa republicana y como pacto de silencio

Como señala Sara Santamaría, Chirbes configura su novela a través de una marcada distinción entre las clases a las que pertenecen los protagonistas del relato y realiza, a su vez, una fuerte crítica a la burguesía letrada y a su moral. "La buena letra es el disfraz de las mentiras", dice Ana, y se refiere con ello a la narración oficial elaborada por aquellos que ostentan el poder. La buena letra es la forma que adquiere el relato dominante. Frente a él, Chirbes construye aquí otra narración sobre el pasado español, que se contrapone con la visión que se habría popularizado durante la transición.

El devenir, la traición y la culpa son temas que atraviesan la obra de Rafael Chirbes; detrás de esos problemas existenciales hay siempre de fondo, pese a lo que pueda parecer, una interpretación del pasado de España y sobre la Transición como traición a la causa republicana y como pacto de silencio.

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