Miércoles, 23 de Septiembre de 2020

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El infinito cinismo europeo

Es bueno saber que cuando están hacinados en un campo de refugiados los niños solos siguen siendo siendo niños solos. Se convierten en peligrosos menas cuando están cerca, a la mínima comodidad

Esta tarde se ha iniciado en Moria, isla de Lesbos, un nuevo incendio que ha terminado de arrasar lo poco que se había salvado de las llamas esta madrugada. 13.000 personas en el mayor campo de refugiados de Europa, de las cuales un tercio son menores y 407 de ellos, menores solos. Me gusta mucho esa expresión, más que menores no acompañados. En España ha tenido éxito el nombre de “menas”, y ha tenido éxito algo más importante: que la palabra “mena” tenga un aire peligroso y delictivo, que sea algo de lo que protegerse.

Parece ser que en un campo de refugiados, hacinados, en condiciones infrahumanas y desguarnecidos, esos menores aún no son menas sino niños de los que tiene que ocuparse alguien. Cuando esos menores salen de esos campos de refugiados y pisan un país, y les son concedidos unos pocos derechos y una poca protección, ya se convierten en amenazantes menas. A la mínima comodidad, menas. Niños a extirpar del sistema y ser devueltos a sus tiendas de campaña o a sus guerras. Lesbos, Moria, no es la imagen que Europa tiene de sí misma sino la real, la que devuelve a los demás. Lo ha escrito hace unas horas Margarita Elías en Público: Moria ya ardía antes del incendio.

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