Sábado, 24 de Octubre de 2020

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Retablo del ministro con el ángel Marcelo

La respuesta sobre si Jorge Fernández Díaz había usado o no preservativos, nunca apareció en la entrevista publicada en la Vanguardia el 10 de diciembre de 2015. La jefa de prensa llamó a Víctor Amela al día siguiente para contarle que el ministro no había dormido en toda la noche pensando en esa pregunta. Le rogó que la eliminar

Jorge Fernández Díaz tiene un ángel. Se llama Marcelo. ¿Quién es? ?Cuándo supimos de su existencia? ¿Cómo es? ¿Tiene alas?

En el imaginario que manejamos, el exministro del Interior de España, Jorge Fernández Díaz, camina por una calle de Barcelona al anochecer vestido con ropas oscuras, gabardina y paraguas negro, seguido con discreción por algún guardaespaldas. Va a misa. Es un hombre de profundas convicciones religiosas, aunque no siempre fue así.

Jorge Fernández Díaz y algunos que le conocieron décadas atrás, han contado cómo se dejó arrastrar por las tentaciones y vivió olvidado de dios en compañía del pecado. Durante aquellos años disolutos, militó en tres partidos políticos, fue concejal, gobernador civil en Oviedo, gobernador civil en Barcelona, miembro del Parlamento de Cataluña, senador y diputado en Madrid y presidente del PP catalán.

El mes de enero de 1991 viajó alrededor de los Estados Unidos invitado por el gobierno americano. Washington, Nueva York, San Francisco, Sacramento, Tucson… Era un viaje en grupo. Llegaron a la ciudad de Las Vegas un sábado por la tarde, a las cinco, hacía frío. Al día siguiente debían madrugar para coger las avionetas con las que volarían sobre el Gran Cañón. Sólo tenían unas horas para disfrutar de la noche en los casinos. Pero uno de sus compañeros de viaje y amigo le dijo que tenía que ir a misa.

Según testimonio del exministro, las conversaciones posteriores le removieron algo por dentro y en los siete años siguientes recorrió un largo camino de conversión que le llevó a los brazos del Opus Dei , guiado por el eco de las palabras de José María Escrivá de Balaguer.

Pero regresemos al presente. Estamos en una calle de Barcelona, en un anochecer ya otoñal del año 2020. Las farolas se han encendido y la sombra del exministro le sigue agigantándose y empequeñeciéndose sobre las fachadas y el asfalto. Medita lo que ha de contar a su confesor, mientras sigue con la mirada los regueros que se cuelan por las rejillas de las alcantarillas que desaguan en las cloaca.

No lejos de Fernández Díaz, encaramado sobre la cruz de una farmacia, vigila su ángel de la guarda, el ángel Marcelo que aletea para sacudirse las gotas de lluvia. La primera vez que se conoció la existencia del ángel custodio Marcelo, fue durante la campaña electoral de las generales de diciembre de 2015.

El director de La Vanguardia encargó al periodista y escritor Víctor Amela una serie de entrevistas, entre ellas, una al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Se citaron en un bar de la parte alta de Barcelona, próximo a la vivienda del ministro. Empezaron hablando de política. En aquellas elecciones el partido del ministro concurría con el lema, “España en serio”.

Entonces, todavía no se sabía que Jorge Fernández Díaz, presuntamente, estaba detrás de la trama de espionaje parapolicial que intentaba tapar la financiación ilegal del PP, arrebatar documentos comprometedores al extesorero Luis Bárcenas y proteger a su amigo Mariano Rajoy. Tampoco se sabía que aquella llamada policía patriótica, se dedicaba a difamar y vigilar a rivales políticos.

Pero la conversación derivó a otras facetas más personales. Es público que el ministro se aliena en la orilla más conservadora de la iglesia católica. Había condecorado a alguna virgen, se había posicionado contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, había argumentado contra la interrupción voluntaria del embarazo e incluso , eso sería meses después, fue a ver al papa emérito Benedicto XVI para pedirle que rezara por España, especialmente por lo que estaba pasando en Cataluña. Según Fernández Díaz, el papa le confesó que el diablo quería destruir España.

En ese contexto, Víctor Amela conversó con el ministro sobre la creencia en el providencialismo, sobre la posible existencia de vida fuera de la Tierra y sobre los preservativos.

La respuesta sobre si Jorge Fernández Díaz había usado o no preservativos, nunca apareció en la entrevista publicada en la Vanguardia el 10 de diciembre de 2015. La jefa de prensa llamó a Víctor Amela al día siguiente para contarle que el ministro no había dormido en toda la noche pensando en esa pregunta. Le rogó que la eliminara. El periodista no quería ningún conflicto con el ministro y la quitó. Pero le quedaba un hueco. Entonces recordó la conversación que mantuvieron cuando ya salían del mar, mientras se ponían los abrigos.

Víctor Amela, que pertenece a una generación en la que los padres enseñaban a los niños la canción del ángel de la guarda, le hizo un guiño, una broma cómplice al ministro. Le dijo que creía que tenía un ángel. El ministro se sorprendió y le preguntó si aquel ángel tenía nombre. El periodista se bloqueó, no sabía de qué le estaba hablando. Y Jorge Fernández Díaz, acercándose confidencial al periodista, le confesó que su ángel de la guarda se llamaba Marcelo y que le ayudaba a encontrar aparcamiento. Era infalible.

Según la sagradas escrituras y el catecismo que guían a la iglesia católica, pues hemos de suponer que Marcelo lo es, los ángeles son seres espirituales, no corporales. Así que deberíamos dejar de mirar al cielo esperando ver a un señor trajeado y con alas volando sobre la cabeza del exministro. Y sin embargo las redes están plagadas de apariciones de luces, e muchas ocasiones antropomorfas, a las que llaman ángeles.

Se ha acudido a las hemerotecas y revisado con paciencia las apariciones públicas de Jorge Fernández Díaz sin hallar ninguna luz, ningún indicio que apunte a la presencia de Marcelo.

El intento de elaborar un retrato robot sin la colaboración del exministro ha sido un fracaso. Tipo de nariz, labios, ojos, mentón. ¿Cómo son sus alas? ¿Es calvo? ¿Lleva grabadora? ¿Tiene en el brazo un tatuaje mariano?

Se ha descartado que el ángel Marcelo sea un navegador. A parte del nombre y su habilidad para encontrar aparcamientos, se desconoce si realizó otro tipo de servicios durante la etapa ministerial de su protegido.

Ningún sumario o archivo policial custodia grabaciones de su voz . Aunque no se descarta que el comisario jubilado José Manuel Villarejo o el propio exministro, guarden algo en los cajones.

Tampoco constan intercambios de “whatsapps” entre el ángel Marcelo y el exsecretario de estado de interior Francisco Martínez. De momento. Y se ha desechado, por descabellada, la teoría que apunta a la naturaleza sobrenatural de la silueta de las alas que aparecen en el logo del partido

Todo es tan confuso, que ni siquiera se ha podido confirmar que el ángel Marcelo vote al PP.

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