Domingo, 25 de Octubre de 2020

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La historia de un fracaso colosal

Nunca pensé que la irresponsabilidad política pudiera llegar tan lejos

Pensábamos que este vodevil no podía degenerar más, pero podía. Se ha salido del género bufo y ha entrado en el género del horror. Primero fue el encuentro Sánchez-Ayuso, el de las banderas, dos días después el desencuentro; tres días más tarde, el preacuerdo; al siguiente, la ruptura y, como traca final, la Comunidad de Madrid, en rebeldía. Yo nunca imaginé que la irresponsabilidad política pudiera llegar tan lejos. Es lo peor que podía pasar: que, en un asunto de salud pública de la máxima gravedad, los ciudadanos recibieran una orden de la autoridad y que otra autoridad la rechazara.

Ya no es inverosímil la pesadilla que la semana pasada en Hoy por Hoy verbalizó un ilustre contertulio, José Luis Ayllón: que se llegaran a ordenar restricciones o confinamientos y que unos obedecieran y otros decidieran desobedecer. La sociedad partida en medio de una pandemia y lo que es más terrible: dividida por colores e ideologías. Eso sí que es el caos. Tan caos me parece que, por encima del análisis de la discrepancia, creo imprescindible denunciar un pulso que puede provocar el mayor de los desórdenes.

Esta noticia pone sobre la mesa asuntos de gran importancia: el obstruccionismo sistemático del PP, el descarado frente de rechazo de Ayuso que, con este asunto entra en terreno minado, los desaciertos del Gobierno, los desajustes de nuestro estado de las autonomías… pero, antes que nada, hoy es imprescindible exigir al PP y a la Comunidad de Madrid que aunque lleven su desacuerdo a los tribunales, recuerden a los suyos que tiene la obligación de obedecer al Gobierno.

Lo primero, por tanto, es hacer un llamamiento apremiante en este sentido -a lo que quede de buen juicio, que algo debe quedar en algún sitio- para que la rebeldía del PP no se convierta en la rebeldía de los seguidores del PP, porque eso podría conducirnos al desastre.

Con una pandemia en progresión y el virus desatado, los ciudadanos solo pueden recibir una orden. Si reciben dos contradictorias, estamos ante un delito contra la salud pública y una imprudencia temeraria. En todo caso, esta es la historia de un fracaso estrepitoso de todos, u fracaso colosal, incluso de los que tengan razón.

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