Lunes, 23 de Noviembre de 2020

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Coronavirus Covid-19

La crudeza de los sonidos de una UCI de COVID: "Tenemos gente aquí de menos de 40 años y muy graves"

"No pienso en los que mueren aquí sino en los que viven. Si no, no podría venir a trabajar", dice el personal sanitario

Entramos en una planta de UCI de uno de los mayores hospitales en España, el Ramón y Cajal en Madrid. Se trata de un lugar blindado por el riesgo que entraña para la salud. El máximo responsable de la unidad es David Pestaña, él nos introduce en una sala enorme llena de boxes con la puerta abierta que ahora mismo tiene 20 pacientes. 

Beatriz Martín es supervisora de la unidad de reanimación quien asegura que "el día a día" es muy estresante. "Hay que ir con unas gafas antisalpicadura, un mono o una pantalla, mascarilla FFP2 o FFP3 si hay riesgo de aerosoles", comenta. "Son enfermos muy inestables, cuya enfermedad se puede complicar en cualquier momento (...) los primeros días están fatal, con un compromiso respiratorio importante", explica Martín. Los sanitarios que entran en estas unidades están prácticamente blindados. 

La segunda ola está dejando importantes estragos en los hospitales españoles. Al aumento de los contagios se une la presión de las UCI, pero ¿cuánta gente está ingresando ahora mismo? "Esto es como una ola de surf, vienen sets de olas, de repente hay calma chicha y de repente vuelve a llegar (...) en el caso concreto de los pacientes críticos estamos peor que hace unos días", explica Pestaña. La realidad de los hospitales contrasta con el optimismo de las autoridades madrileñas. 

"Antes de la primera semana, siempre hay esperanza, pero a partir de la cuarta o quinta semana la tasa de fallecimientos es altísima (...) hoy en día la tecnología hace posible que los pacientes vivan (...) al paciente que no respira le podemos poner un sistema extracorpóreo, pero eso tiene fecha de caducidad... damos tiempo al paciente para que se recupere naturalmente", explica. Esta es la dura situación que se vive en las UCI.

"La UCI es un sitio para vivir"

Las probabilidades de que un paciente con respiración extracorpórea viva y vuelva a respirar son muy bajas, pero "es joven", dice el médico. Todos los sanitarios señalaron que los jóvenes también ingresan en las UCI, "hay pacientes de menos de 40 años", señala. Es más, se sigue cribando a los pacientes como en la primera ola. "La UCI no es un sitio para entrar a morir, la UCI es un sitio para entrar a vivir (...) cuando no hay camas para todos hay que priorizar, aunque todavía hay camas libres lo que pasa es que siempre ha habido criterios para cribar", explica el médico. 

En ocasiones, los sanitarios van de un sitio a otro con una gran placa de plástico que sirve para dar masajes cardíacos. "Hay que tener una plancha dura para ponerla debajo del paciente", nos explican. Los profesionales se echan gel por casi todo el cuerpo, en las zonas expuestas. "Estar con los EPI durante dos horas es una pesadilla", reconoce el doctor. 

"No se puede vivir con miedo"

Nos cuentan que hay material que es reutilizable, pero también hay una parte que se desecha. Monos y batas tienen que ser eliminados, mientras que otros artilugios como las gafas se sumergen en agua caliente durante horas para desinfectar. Muchos de las personas que trabajan en la UCI han pasado el coronavirus: "Yo tenía mucho miedo al contagio, pero no se puede vivir con miedo", dice una de las sanitarias que entrevistamos. 

"Aquí de vez en cuando hay que darse ánimos (...) Hacemos todo lo que la ciencia nos explica y aún así hay gente que no mejora", explica el máximo responsable de la UCI. Para quienes sobreviven, las secuelas que deja el COVID-19 son igualmente graves y duras. "Depresiones, estrés postraumático, pérdida de funciones cognitivas...", nos dice. 

Cuando una persona está a punto de fallecer, los sanitarios dejan que un familiar se despida. "Yo creo que por encima de los protocolos está lo humanitario y si las medidas se toman con seguridad, yo creo que es humano dejar a un familiar despedirse de un ser querido", explica una profesional. Reconocen que cuando una persona fallece es "un fracaso" y no dejan de ser situaciones traumáticas. Cuando una persona muere, el médico puede pedir una autopsia con el riesgo que conlleva hacerlo a una persona que todavía puede transmitir el virus. 

José Palacios, jefe de Anatomía Patológica nos explica que no a todos los cadáveres se les hace una autopsia. "Probablemente los primeros día el cadáver pueda seguir contagiando, aunque depende de si el virus está activo o no", explica. "En casi todos los pulmones con COVID-19 vemos trombosis (...) El pulmón dañado durante un largo periodo de tiempo está pétreo, sin aire", nos asegura. 

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