Domingo, 29 de Noviembre de 2020

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Coronavirus Covid-19

El virus de la estupidez

Los interesantes mecanismos de la estupidez humana ayudan a entender muy bien la desafortunada gestión de la pandemia

Preparando un aula para el regreso a clase

Preparando un aula para el regreso a clase / Getty Images

El negacionismo y las malas decisiones políticas en la gestión de la pandemia han convertido inevitablemente esta charla con Javier Sampedro y Pere Estupinyà en un análisis científico sobre la estupidez.

En el terreno político hay conductas que nos parecen objetivamente estúpidas, incluso al margen de nuestra ideología -o eso creemos-. ¿Puede “certificarse” de algún modo la estupidez? ¿Es una actitud o una aptitud? Emilio Gómez Milán es catedrático de Psicología en la Universidad de Granada y ha dedicado años de su trabajo como investigador a estudiar la inteligencia y estupidez humanas. Cuenta que tras la manifestación de la estupidez suele haber un conflicto de poder, y que el estúpido “tiene su propia lógica y actúa de ese modo y no de otro porque su objetivo no es resolver el problema al que se enfrenta sino preservar su estatus”. Sobre el ‘modus operandi’ de los estúpidos y sus motivaciones nos ha contado cosas fascinantes…

De la estupidez a la falta de previsión

Según ha informado la OMS, ninguno de los fármacos que más se están utilizando para tratar a los pacientes con coronavirus -el remdesivir, la cloroquina, hidroxicloroquina o el interferón, entre otros- reducen realmente la mortalidad. Hasta ahora, el único tratamiento infalible es el sentido común y la prevención.

Explicaba muy bien Javier Sampedro en este artículo la sutil pero importantísima diferencia entre gotículas y aerosoles, esencial para entender cómo el virus queda suspendido en el ambiente y se propaga a través del aire. La prevención implica, y más ahora que llega el frío, mantener los interiores ventilados y el aire lo más limpio posible.

Experimento: ¿cuánto virus hay en el aire que respiramos?

El profesor de secundaria Javier Pérez Soriano ha llevado a cabo un interesante experimento para comprobar cómo varían los niveles de CO2 en un aula según haya o no ventilación del exterior. Soriano, que es también químico y experto en riesgos laborales, ha utilizado para ello un medidor de CO2, un pequeño y asequible aparato que podría ser de gran ayuda para mantener el virus a raya. Los resultados, según cuenta, son del todo desoladores: siguiendo las recomendaciones del Ministerio de Sanidad -ventilar el aula 5 minutos entre clases- los alumnos pasarán el 85% de la jornada con niveles de CO2 muy por encima de los recomendados, lo que indica que la concentración de virus en el aire podría ser también muy alta.

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