Domingo, 29 de Noviembre de 2020

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Abascal, Casado, Sánchez y la moción de censura

A Abascal le puede perder el tremendismo. A Casado le puede perder el cortoplacismo. A Sánchez le puede perder la displicencia

La voz de Iñaki | 20/10/20 | Abascal, Casado, Sánchez y la moción de censura. / VÍDEO: ROBERTO CUADRADO

Tres consideraciones en torno a la moción de censura que comienza a debatirse el jueves en el Congreso con Abascal como remitente, con Sánchez como destinatario directo y con Casado como destinatario indirecto.

1. Todos pensamos que será más un follón de censura, un spot publicitario de Vox para ganar clientes en los caladeros del PP con un catálogo de argumentos que están muy asentados en el universo sociológico de la derecha. Tenemos un gobierno traidor, bolchevique, bolivariano y liberticida que destruye y arruina España en compañía de separatistas y terroristas. La patria nos obliga a combatirlos sin cuartel y el PP blanquea.

Sin embargo, si Vox actuara con inteligencia y auto controlara su tono y expresiones, la eficacia de su campaña publicitaria sería mucho mayor. No sé si Abascal es capaz de dominar su condición, ni si de hacerlo daría el pego. Pero es su gran día. Es su oportunidad de dar un salto de imagen y de respetabilidad.

2. Pablo Casado está ante un dilema, aunque el Partido Popular no debería estarlo. El dilema personal de Casado, que siempre conduce con las luces cortas, es si abstenerse o votar no. Creo que se abstendrá para no cerrar las puertas a ese sueño con pretensiones estratégicas. El centro derecha unido que le sopla al oído a Aznar. Pero eso es precisamente conducir con las luces cortas, porque para el Partido Popular, partido de Estado, por historia y por vocación, la única salida con futuro es votar no y despegarse de ese extremo en el que se concentra el tóxico populista que podría matarlo.

3. El Gobierno tiene que asistir a la sesión, por supuesto, con respeto, porque la iniciativa de Vox es legal y legítima, y con la máxima calma. Entrar en el tremendismo argumental sería un negocio funesto, pero también lo sería mostrarse displicente. Se le ha dicho tanto a Sánchez que él va a salir beneficiado de la moción, puesto que va a reagrupar a la mayoría de la investidura, que corre el riesgo de tomársela a la ligera y sería un error.

Sánchez tiene que alejarse del barrizal, sí, pero tiene que defender sus razones y actuaciones con seguridad y con convicción. No puede desdeñar todos los reproches sólo porque procedan de Vox, ya que algunos de esos reproches conectan con una masa social transversal y heterogénea. En resumen, a Abascal le puede perder el tremendismo. A Casado le puede perder el cortoplacismo. A Sánchez le puede perder la displicencia. 

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