Martes, 24 de Noviembre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

La versión 'low cost' de las Cruzadas

Pedro el Ermitaño y Walter el Indigente iniciaron su propia Cruzada reclutando a unos 40.000 campesinos para ir a territorio turco. El 21 de octubre de 1096 fue un día complicado para ellos

Desde los inicios del cristianismo, los devotos de esta religión han estado esperando que Jesucristo, su fundador, volviese para establecer su reino en la tierra. Cíclicamente, ha habido grupos de gente convencida de que tenía que poner algo de su parte para que Dios se diese un poco de prisa. Uno de los elementos que tuvo mucho éxito como catalizador de llegada del Fin de los Días fue la recuperación del lugar de nacimiento de Jesucristo para la religión a la que dio nombre. Esto hizo que las llamadas que este hizo a favor de la paz y el amor fuesen interpretadas a partir del siglo XI como aspectos secundarios, subordinados a la necesidad imperiosa de masacrar a todos los musulmanes que encontrasen entre Roma y Jerusalén.

Estos movimientos de gente armada de un lado a otro del Mediterráneo fueron conocidos como las Cruzadas, por la cruz que llevaban en su vestimenta los que emprendían este viaje bélico. La mayoría de ellas fueron llevadas a cabo por nobles y reyes, pero también existió una versión más low cost. Si las primeras tuvieron resultados irregulares, las segundas los tuvieron inexorablemente desastrosos. Mientras las cabezas coronadas de Europa estaban planeando la primera expedición a la tierra que consideraban santa, las clases menos acomodadas organizaron la que ha sido recordada como la Cruzada de Pedro el Ermitaño. Este, conjuntamente con otro señor llamado Walter el Indigente, reclutó a unos 40.000 campesinos, tanto hombres, como mujeres y niños. Después de muchas peripecias, consiguieron llegar hasta territorio del imperio turco, el propietario en esos momentos de Tierra Santa. Pero su suerte se acabó ahí. El 21 de octubre de 1096, cerca de la ciudad de Nicea, atacaron a un ejército turco que les estaba esperando. Podríamos llamar batalla a lo que siguió, pero en realidad fue una masacre. Miles de campesinos encontraron su muerte allí. Que, según sus propias creencias, debería haberles llevado al Paraíso, con lo que igual sí puede considerarse un final feliz.

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