Martes, 09 de Marzo de 2021

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'Veinticuatro horas en la vida de una mujer', una de las mejores novelas cortas de Zweig

Una obra que habla sobre la pasión, la culpa, sobre las decisiones que tomamos alguna vez y nos marcan para siempre

Stefan Zweig nació en Viena en 1881. Era hijo de un poderoso industrial textil, se crió en una acomodada familia de origen judío y recibió una esmerada educación, doctorándose en Filosofía en 1904. Fue un escritor enormemente popular, tanto en su faceta de ensayista, poeta y biógrafo como en la de novelista. Su capacidad narrativa, la pericia, la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo lo convierten en un narrador fascinante, capaz de seducirnos desde las primeras líneas.

Ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, abrazó el pacifismo y se exilió en Suiza, donde se estableció como corresponsal. En 1934 huyó de Austria por el auge del nazismo y se refugió en Londres. Su obra fue prohibida por el régimen nazi. En 1942, convencido de que la Alemania nazi iba a ganar la guerra y someter al mundo a sus ideales, Zweig se suicidó en Brasil, en Petrópolis, junto a su segunda esposa. Poco después, en 1944, aparecería su autobiografía, 'El mundo de ayer', una auténtica obra de arte que todo el mundo debería leer.

Publicó 'Veinticuatro horas en la vida de una mujer' en 1927. Es una de sus grandes obras y quizá una de las mejores novelas cortas que se hayan escrito. Porque esta novela corta, en la que no sobra una coma, trata de la pasión, que puede convertir a una persona que haya vivido toda la vida con intachable templanza y contención en un ser desconocido para sí mismo, en alguien sorprendente. Nos habla también sobre la culpa, tema recurrente de Zweig, y sobre la memoria. Sobre las decisiones que tomamos alguna vez y nos marcan para siempre.

Una novela de corte psicológico

'Veinticuatro horas de la vida de una mujer' fue publicada primero en inglés y editada posteriormente en alemán en 1926. En su primera edición apareció junto a otros dos relatos, dentro de una trilogía titulada 'Confusión de sentimientos', en cuyos relatos se trataba el tema tabú de la homosexualidad y planteamientos de corte feminista.

Los hechos narrados en la historia transcurren, según se nos indica en el primer párrafo, diez años antes de la guerra (Primera Guerra Mundial). Es una novela de corte psicológico, que trata el tema de la voluntad y sus flaquezas, del temor a ser dominado por la inmediatez y la fuerza de pasiones desconocidas que puedan anular el control de la voluntad.

Los escritores centroeuropeos –Sándor Márai, Joseph Roth, Stefan Zweig y muchos otros nombres imprescindibles- analizan, con precisión quirúrgica y variadas dosis de nostalgia, la desintegración de la burguesía y su formas hipercodificadas tras el final del imperio Austrohúngaro. Su fin como clase dominante trae consigo ese sentimiento de pérdida que provoca la ausencia de un patrón rígido de comportamiento y valores: la angustia de la libertad.

Como dice Antonio Illán, provoca una gran inseguridad y resuena un algo premonitorio, un temor soterrado y brillante que dota a estos autores de una calidad oscura y luminosa a la vez. La premonición de la Segunda Guerra Mundial, que puso el fin definitivo y brutal al agonizante mundo en que ellos crecieron.

Como señala Eva Losada Casanova, Stefan Zweig sabe, como nadie, arrastrarnos sin resistencia y sin voluntad a través de las puertas de sus textos. Su tono, su punto de partida, su franqueza quizá, su prosa magnífica y verdadera, su falta de artificio y la contención de datos innecesarios en sus escritos, lo convierten en un escritor excepcional.

La mente femenina, la obsesión y la culpa

'Veinticuatro horas en la vida de una mujer' parte de una discusión pero nos habla de la mente femenina y de una obsesión. Esa obsesión va acompañada de otro tema que termina de dar forma a la historia y que es recurrente en su obra: la culpa. La culpa está ahí desde la primera línea, es esa culpa la que determina el resto de la narración.

Como señala Pilar Fernández Senac, Zweig relata con maestría todos los claroscuros de las decisiones que tomamos desde la parte más visceral de nosotros mismos, sus consecuencias, con las que deberemos aprender a vivir. También nos muestra la sensación de libertad que nos invade cuando lo hacemos, cuando nos dejamos llevar por ese tirón imposible de contener.

En la novela, la moral es casi una protagonista más. Esa moral tan dominante en aquella época, tan falsa la mayoría de las veces, y que, todavía hoy, nos viste de jueces ante los actos de los demás.

Antonio Illán señala que en 'Veinticuatro horas de la vida de una mujer' hay dos niveles narrativos, y el primero sirve para enmarcar el contexto moral en el que el lector tiene que situarse para juzgar o no juzgar. Para apreciar como se debe la historia narrada. Técnicamente la novela es impresionante.

La larga descripción de las manos de los jugadores del casino es puro expresionismo. Cientos de manos desprendidas de sus cuerpos, actuando y expresando toda variedad de emoción y temperamento, hasta el culmen de excitación de esas dos manos en las que finalmente se detiene la hipnotizada mirada de la narradora. Soberbio. El resto de la novela es más contenido y avanza como una flecha, directo a su objetivo, sin digresión alguna.

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