Sábado, 28 de Noviembre de 2020

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Atención primaria

El desgaste de la Atención Primaria: "Estamos al borde de romper"

"La prisa que nosotros tenemos por hacer las cosas bien, no es la que tienen nuestros responsables que no están viendo pacientes", dicen los profesionales sanitarios

Bienvenido al servicio automático de petición de cita...”. Esto es lo que escucha cualquier paciente que quiere ir a su médico, pero al final, o no contestan o directamente descuelgan. Es el problema que tanto se está repitiendo en muchos centros de salud y que obliga a acercarse al ambulatorio para hacer cualquier tipo de gestión o urgencia. Esta vez, nos hemos ido al centro de General Ricardos, en Carabanchel. Un distrito con mucha historia y que ha crecido con los años, en buena parte por la inmigración. A día de hoy, tiene la mayor densidad de población de Madrid con una superficie media de vivienda que apenas supera los 70m2 y su incidencia del virus roza los 400 casos por cada 100.000 habitantes.

La entrada del ambulatorio sorprende de lejos. Carteles que ponen “Desmantelan la Sanidad Pública” y recortes de papel en forma de corazón que dicen “SOS Sanidad Pública”, “Muchos más recursos para Atención Primaria” decoran el exterior del edificio. Un centro de cuatro plantas con solo dos puertas que tienen una doble función de entrada y de salida. Una de ellas está destinada exclusivamente para la vacuna y la otra, la principal, para todo lo demás. Esta última da la vuelta al edificio y los pacientes se quejan: “La organización esta fatal”, “aquí estamos todos mezclados,”, “15 días llamando, y nos piden que no vengamos a hacer la fila”. Es uno de los problemas que están teniendo centros de salud muy envejecidos como éste. Algo que crea continuas discusiones, agresiones verbales, bloqueo en la puerta principal y presencia policial. “Me ha mandado a la mierda el idiota este”, gritaba uno de los pacientes al enfermero en la entrada, después de tener hora con el médico y no estar dispuesto a esperar la cola.

Esta reestructuración del espacio a causa de la vacuna de la gripe se intentó evitar en un primer momento ya que se había decidido hacer en un centro externo. Concretamente de Madrid Salud. Pero 24 horas antes de empezar la campaña, les dijeron que finalmente no se podía hacer. La Consejería de Sanidad dice que el motivo son los problemas logísticos que padece el centro. Una poca previsión de la que los profesionales están muy cansados y supone un añadido de sobrecarga. “Yo creo que no les importa”, dice Marisa Rogero, médico de familia y directora del centro. “Esto de la vacunación no es como la pandemia. Pasa todos los años. La prisa que nosotros tenemos por hacer las cosas bien no es la que tienen nuestros responsables que no están viendo pacientes. Igual su angustia es otra”.

Una campaña de vacunación que este año es importante ya que “lo que consigamos será determinante para los siguientes años”, según explica Isabel Jimeno la responsable del Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia. Este año, el objetivo de la vacuna supera al del anterior. Se quiere llegar al 75% de los mayores de 65 años y personas de riesgo. Dos grupos que en su totalidad suponen de media el 25% de la población. Aunque prácticamente con los mismos recursos. En el interior del Centro de General Ricardos, tan solo hay una enfermera en la sala de vacunas, y dos personas triando. De la que una de ellas, puede llegar a ser una administrativa en ciertos momentos.

La inversión hospitalaria cuadruplica a la de la Atención Primaria

En 1982, la inversión a los centros de salud era del 20,2% del presupuesto sanitario total. Mientras que, en 2018, se reducía al 14,6%, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad sobre Gasto Sanitario Público. La Comunidad Autónoma que menos invirtió fue Madrid con un 11,5%. En cuanto a la financiación hospitalaria, cuadruplica a la de los ambulatorios con un 61,8%.

No se da basto. La ratio que tenemos por administrativo no es óptima y menos en una situación de pandemia”, explica Paloma Casañez que se ocupa de una de las líneas telefónicas del centro que pueden atender un mínimo de 700 llamadas al día. Y con una voz entrecortada añade: “Hay tensión porque ves que no llegas, no abarcas. Y sobre todo rabia. No se están haciendo las cosas como se tienen que hacer”.

Muchas de estas llamadas que consiguen ser cogidas, se derivan a consulta. Para saber bien la magnitud del trabajo, tan solo hay que ver que en este centro de Carabanchel prestan servicio 28 médicos de familia y 5 pediatras para unas 57.000 personas. O lo que es lo mismo, una media de más de 1300-1500 pacientes para un solo profesional. Al día, pueden llegar a atender de 40 a 80 citas telefónicas, según nos cuentan. Esto más las citas presenciales, las urgencias y los trámites burocráticos. Este último les supone un 30% de su tiempo, según la Formación Médica Continuada en Atención Primaria.

Una carga de trabajo a la que hay que sumar las pruebas y el rastreo de contactos. “Nos hemos convertido en rastreadores, PCRacedores y estamos perdiendo la manera de trabajar de un médico que es lo que somos”, dice Marisa Rogero, médica. Además, a lo largo de una jornada, un 35% de sus consultas son pacientes Covid. Una media nacional que aporta la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, aunque en lugares con una alta incidencia puede aumentar.

Cerca del 40% del exceso de muertes de este año no están asociadas al COVID

La alta sobrecarga de trabajo y el colapso de los centros está suponiendo una gran limitación para pacientes con otras patologías, como es el caso de los crónicos. Las citas se realizan de forma no presencial o directamente se suspenden. Algo que se añade a “la cierta resistencia por buena parte de la población a acudir al centro de salud por miedo al contagio”, lo que aboca a un “peor control y seguimiento de los pacientes”, según explica Ricardo Gómez, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna.

En lo que llevamos de año, España ha registrado un exceso de 57.000 muertes respecto al año pasado, según datos del Sistema de Vigilancia de la mortalidad diaria. De las que cerca del 40% no están asociadas al Covid. Y es el temor que le crea a pacientes como Antonio Manfredi. Tiene 61 años y lleva padeciendo toda su vida artritis psoriásica. Desde hace semanas no consigue cita con su médico y en los momentos en los que sufre un brote, tan solo le queda ir directamente a un servicio de urgencias, que están ya saturadas, y pedir que le busquen un hueco con su especialista. “Me considero un superviviente”, alega. “Los pacientes crónicos nos estamos autoexpulsando para no sufrir, porque es un rechazo. Es como si fueras un estorbo”. 

"Desde marzo llevo 25 contratos encadenados"

Las enfermeras tienen también un importante papel en la prevención de la enfermedad y el cuidado de estos pacientes. Sin embargo, faltan. El sindicato de enfermería SATSE afirma que España necesitaría en el sistema público, al menos, 87.970 profesionales más. 15.500 enfermeras destinadas a la Atención Primaria. Y muchas de las que tienen un contrato, lo tienen en condiciones precarias.

Es el caso de Irene Rodríguez, enfermera. Tiene 31 años y en estos siete meses de pandemia lleva firmados 25 contratos. Lo que supone que cada semana o 10 diez cambie de consulta y de pacientes. “Yo no conozco a la gente que estoy tratando y eso va en perjuicio a la atención que puedo brindar porque desconozco todos sus antecedentes”, se queja.

Una situación que le ha afectado a pacientes como Laura Cadenas. Ha recibido atención telefónica de tres profesionales diferentes de abril. Tiene ansiedad, asma, depresión y dermatitis. Acaba de tener su cita presencial con otra suplente que tan solo le ha cambiado el medicamento. “Me he sentido desamparada porque vas a una consulta, cuando por fin la consigues, y no es que te trate mal pero no empatizas con el paciente. Yo no voy al médico por hobbie, yo voy al médico porque lo necesito”.

“Hay una sensación generalizada de no llego, no termino de atender bien a la gente. Me voy todos los días a casa con la sensación de que he hecho cosas mal”, afirma Irene. “Creo que se nos ha vendido desde los años 80 que tenemos un sistema sanitario donde la piedra central es la Atención Primaria y esto es mentira”. Y entre todos los profesionales consultados para este reportaje, hay una idea en común que expresa José Polo, el presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria: “Falta voluntad política”. A lo que advierte que los próximos meses serán duros por las condiciones laborales que llevan arrastrando desde hace años y que ahora se han intensificado aún más: “Estamos al borde de romper”.

Aunque a pesar de la desilusión de la administración y el desamparo del que hablan los sanitarios, la médica de familia, Isabel Jimeno, pide que sea la ciudadanía la que les ayude a recuperar el prestigio y valor que dicen haber perdido. “Se tienen que dar cuenta que cuando llaman y no les podemos atender, no es conmigo con quienes se tienen que enfadar, no es con el administrativo con el que se tienen que enfrentar. Tienen que escucharnos y saber cuál es el motivo”.

Y que, a pesar de todo, Jimeno recuerda: “Atención Primaria está abierta. ¿Con menos recursos? Sí. ¿Más cansados? Sí. ¿Más agotados? Sí. Pero seguimos estando ahí”.

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