Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Ikea

El show de Millás en Ikea

En su búsqueda de Dios, Juanjo y Paqui, se han perdido en el templo del mueble por excelencia

Ante las escaleras de entrada a la tienda buscamos, sin éxito, la inscripción que encontró Dante a las puertas del infierno: “Lasciate Ogni esperanza o voi ch´entrate” (Abandona la esperanza si entras aquí). Son mecánicas, de un solo sentido. Si subes tendrás que seguir el camino de flechas amarillas que te obliga a recorrer todos los espacios antes de llegar a la salida. A veces hay atajos. De vez en cuando, salidas de emergencia por si te puede la angustia o la ansiedad. Algo que no nos pasa porque, desde el principio, te introduces en decorados de falsa realidad. Estancias que recrean tus sueños de un hogar cálido, aprovechado, bonito y funcional. Es como sentirse en El Show de Truman. “¿Acaso es más real tu salón que este que ves aquí?” Dice Juanjo mientras se empeña en alabar las plantas de plástico que crecen al amor de una luz del día artificial. “En esta mesa de trabajo escribiría una obra maestra… Me sentaría en esta terraza a ver pasar la gente. Aquí podría quedarme leyendo frente a esta falsa chimenea”…

La irrealidad de estos espacios encuentra su límite en los libros de atrezzo (verdaderos pero en sueco) y en la historia de las personas que deambulan por sus estancias. Como la de una pareja que se ha quedado sin trabajo por culpa de la pandemia. Protésicos dentales de formación, han decidido irse a vivir al pueblo, al Valle del Jerte, restaurar la casa de sus abuelos y probar suerte. “Comida no nos va a faltar con el huerto que tenemos y, quién sabe, quizás podamos abrir un negocio de lo nuestro” Hay que reinventarse. En Madrid viven en 40 metros cuadrados, en el pueblo tendrán una casa grande que, con limpieza, pintura y un sofá y camas de Ikea quedará perfectamente habitable.

Se lo llevarán todo en cajas planas, la seña de identidad de Ikea. Este tipo de embalajes son mucho más sencillos de transportar. Su mundo es plano y perfecto porque dentro de cada caja no falta ni sobra nada. Bueno sí falta algo: paciencia. Montar tu propio mueble es el origen de un efecto que lleva su nombre y que te lleva a darle más valor por el esfuerzo que te ha obligado a hacer. Metido en faena, Juanjo se atreve a darle consejos a dos hermanos de Méjico que han venido a España a trabajar y que buscan sillas para el salón de su nueva casa: “Sigue las instrucciones. No te saltes ningún paso. Y si te sobra un tornillo es que lo has hecho mal”.

El éxtasis llega en la sección de accesorios y menaje. “Esta copa podría estar en una vitrina del Reina Sofía y todo el mundo la adoraría. Y aquí la tienes, miles a un euro” ¿Decoración, arte? ¿Dónde está la diferencia? “Es subjetivo. Dalí es artístico y decorativo. Pero una performance nunca podría ser decorativa. Al menos no en tu casa” Y, de repente, entre camas, nos metemos en una conversación artística (¿o decorativa?) con un hombre que se acaba de separar y que necesita amueblar su nuevo apartamento “Pocos objetos, para que no me distraigan de pensar”.

Y así llegamos a la salida apenados por no habernos encontrado, entre tantas camas y habitaciones de fantasía, a una pareja de mentira haciendo el amor de verdad.

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