Sábado, 23 de Enero de 2021

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Julia Pastrana, la mujer barbuda

Su físico y su hirsutismo condicionó su vida. Hasta sus 20 años de edad, Julia trabajó como sirvienta en la casa del entonces gobernador de Sinaloa, Pedro Sánchez

Ahí aprendió a leer, a escribir y otros talentos que luego fue demostrando. Luego pasa de mano en mano como esclava hasta que la conoce Theodore Lent que vio negocio en ella y a los pocos meses se casaron. Se convierte en "dueño" legal de esa mujer a quien trataba como un objeto. Y la explota como atracción circense, obligada a mostrar su apariencia física, haciendo gala de sus talentos musicales y de baile. Todo ello constituía una impresionante fuente de ingresos, tanto, que se fueron de gira por Europa.

Julia era presentada como una mujer-mono, pero sorprendía con su prodigiosa voz, bailaba de una manera admirable y hasta sabía hacer acrobacias montando a caballo. "La mujer más fea del mundo" o "La mujer oso", eran algunos de sus apodos y la gente asistía para ver sus presentaciones en Leipzig, Varsovia, Londres y Moscú. El morbo era tanto, que cuando Julia se embarazó, su esposo vendió entradas para asistir al parto. El hijo de Julia nació en las mismas condiciones que ella, pero el pequeño sólo vivió 35 horas. Cinco días después, Julia también murió.

Los actos inhumanos de Theodore no terminaron allí. Al morir madre e hijo ¿cuál sería la fuente de sus ganancias? Optó por embalsamar ambos cuerpos a cargo del doctor Sokolov, de la Universidad de Moscú, y los mostró al público. Con ellos en su poder, siguió dando exhibiciones en otros circos, museos o cualquier evento que le pudiera generar dinero. Lent se casó de nuevo con una mujer de un circo en Suecia, también barbuda, y la presentó como Zenora Pastrana "la hermana perdida" de Julia. Y fueron de gira los cuatro: dos vivos y dos momificados. Pero en esta ocasión, su nueva esposa sobrevivió a Lent, quien a los pocos años murió enajenado tras haber pasado un tiempo en un hospital psiquiátrico.

Durante bastante tiempo el cuerpo de Julia Pastrana estuvo en paradero desconocido hasta que en 1990 se supo que se encontraba en el Instituto de Medicina Forense de Oslo, en Noruega. Gracias a la artista visual Laura Anderson comenzó el difícil proceso de repatriación y, por fin, en febrero de 2013, después de 153 años de su muerte, Julia Pastrana regresó a su tierra natal, a Sinaloa, donde se le dio sepultura en el panteón municipal con todos los honores.

La “dama extraordinaria”, tal como la bautizaron, descansó en paz.

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