Domingo, 24 de Enero de 2021

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El resto del mundo

"Puede que la mitad más uno de los británicos estén por la labor de renunciar a la Unión con tal de recuperar esa parte de soberanía que se nos ha ido a Bruselas, pero yo, visto lo visto, y con la que está cayendo, me alegro hasta el infinito de seguir en este nuevo año ahí, compartiendo ese mínimo común con nuestros vecinos en lugar de en la fila casi infinita que forma "el resto del mundo""

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Era el año 83. 83 del siglo pasado. Mi primer viaje a londres y casi mi primer viaje a ninguna parte.

Habíamos estado dando vueltas por Europa todo el mes con un billete de interrail y nos quedaba apenas una semana cuando leímos en la letra pequeña del billete que también había descuento para el ferry a Inglaterra.

Decidimos aprovechar, y desde Calais, en unas horas nos presentamos en la frontera del Reino Unido.

Los carteles hacia el control de aduanas indicaban dos filas. Una de ellas bajo el rótulo de "Unión Europea", en el otro estaba escrito "Resto del mundo".

Desde hace ya años esa expresión ha sido sustituida en las aduanas europeas por la de "Otros países", pero juro que en 1983, en Inglaterra ponía "resto del mundo".

Tamposo es tan extraño, conociendo la idiosincrasia británica. Es conocida la anécdota de ese parte meteorológico en la BBC que anunciaba, debido a las malas condiciones meteorológicas, el cierre del canal y añadía: "El continente ha quedado aislado".

El caso es que estando allí, en aquel momento y en aquella frontera, situado sin remedio con mi pasaporte español en la cola "resto del mundo", sentí por primera vez lo que de verdad suponía no pertenecer a Europa.

Faltaban aún tres años para que nos admitieran y algunos más para que el cambio empezara a notarse de verdad, tanto en nuestros hábitos como en nuestras condiciones de vida.

Poco a poco, con la ayuda de Europa, esas Carreteras Nacionales con circulación de doble sentido emepzaron a sustituirse por autovías, que no es que fueran para tirar cohetes comparadas con las autopistas alemanas o inglesas, pero algo es algo.

Porque gran parte del despegue económico que ha vivido nuestro país en estas décadas está vinculado sin duda a nuestra pertenencia a Europa.

Nuestro nivel de vida subó y empezamos a tener también inmigrantes. Personas que estaban peor que nosotros y venían a cubrir esos trabajos que no podíamos o ya no queríamos hacer.

Aquella España de rostros pálidos empezó a parecerse un poco, sólo un poco más, al Londres que había conocido en el 83, donde lo primero que me impactó fue la mezcla de razas en las calles, en cualquier negocio o restaurante.

Por eso es tan extraña esta sensación de hoy al comprobar que lo impensable hace apenas unos años acaba de suceder y en estos momentos Gran Bretaña se ha pasado ya a la otra fila, a la del "resto del mundo", justo al mismo tiempo que Europa comienza, a causa de esta pandemia, a dar algunos síntomas de ser algo más que un mercado común.

Empezamos por fin a afrontar medidas contundentes y compartidas las consecuencias económicas de la situación que vivimos.

Puede que la mitad más uno de los británicos estén por la labor de renunciar a la Unión con tal de recuperar esa parte de soberanía que se nos ha ido a Bruselas, pero yo, visto lo visto, y con la que está cayendo, me alegro hasta el infinito de seguir en este nuevo año ahí, compartiendo ese mínimo común con nuestros vecinos en lugar de en la fila casi infinita que forma "el resto del mundo".

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