Lunes, 08 de Marzo de 2021

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¿Puede una empresa despedir a los trabajadores que se nieguen a vacunarse?

Comentamos esta polémica posibilidad con Santiago Niño Becerra

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A medida que los organismos internacionales comienzan a dar luz verde a las diferentes vacunas, crece el debate entre aquellos que recomiendan encarecidamente la vacunación inmediata, y aquellos escépticos que prefieren esperar para comprobar sus efectos secundarios, o incluso se niegan en rotundo a recibir la vacuna pese a que los expertos hayan asegurado en reiteradas ocasiones su eficacia e inocuidad. Para solventar esta problemática, y ante la reticencia de las administraciones públicas a obligar a los ciudadanos a vacunarse, comienzan a ponerse sobre la mesa distintas medidas que animen o, en algunos casos, presionen a los ciudadanos a recibir la vacuna.

Según un artículo publicado hoy por El Español, las empresas podrán despedir a aquellos trabajadores que se nieguen a recibir la vacuna contra el coronavirus. El único requisito para ello será que esta condición esté incluida en el plan de prevención de riesgos laborales de dicha compañía, lo que supone una decisión polémica dada la no obligatoriedad legal a vacunarse vigente en España.

En La Ventana, hemos comentado esta controvertida noticia con Santiago Niño Becerra, economista, quien dice sentirse “muy afectado” ante esta posibilidad, ya que supone “pasar al siguiente nivel”. “Había sucedido algo parecido en situaciones dictatoriales”, comenta Santiago, “como en el Franquismo, cuando se repartían en los colegios pastillas contra la meningitis sin el permiso de los padres, pero aquí la vacuna es voluntaria”.

Ante las cuestiones legales que orbitan en torno a esta medida, Santiago afirma que será lícita “si la negociación colectiva permite la cláusula en su convenio”, aunque el economista duda de “hasta qué punto esto no supone una denigración de la persona”. “Algo parecido sucede en China, donde existe un carnet por puntos dependiendo de las acciones que hace o deja de hacer un ciudadano. Hoy es la vacuna, pero, sentando este precedente, mañana puede ser el colesterol”, añade.

Para Santiago, la base de esta decisión radica en “poner el valor del individuo al servicio del colectivo”. La problemática está, entonces, en la contradicción que supone que la vacuna no sea obligatoria por ley, pero existan medidas coercitivas de este calibre que presionen a los ciudadanos a recibirla. Por tanto, el economista ve en esta situación una “ficción de la voluntariedad”, y opina que “la obligatoriedad debería depender del gobierno, no de las empresas”. 

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