Domingo, 28 de Febrero de 2021

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Los países ricos se saltan la cola para hacerse con las vacunas

El mecanismo COVAX para garantizar la vacuna en países en desarrollo tiene largos y complicados procesos por delante, además de retos logísticos y de abastecimiento. Irene Bernal, investigadora de Salud Por Derecho, defiende la suspensión de patentes para ampliar la producción

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42 países han empezado a desplegar su programa de vacunación contra la Covid-19: 36 son países de ingresos altos y solo seis de ingresos medios. Ante estas cifras, la Organización Mundial de la Salud ha instado a los países ricos a que “dejen de saltarse la cola” firmando acuerdos bilaterales.

Para garantizar la llegada de la vacuna a los países en desarrollo surgió la iniciativa global COVAX, dirigida por la Alianza Gavi para las Vacunas (Gavi), la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se trata de un mecanismo dirigido a permitir un acceso equitativo y justo a las vacunas, tratamientos y diagnósticos contra la COVID-19 en igualdad de condiciones para los países de renta media y baja. Con estas características hay alrededor de 92 países. Y los objetivos del proyecto están lejos de cumplirse.

Irene Bernal, investigadora del equipo de acceso a medicamentos de Salud Por Derecho, explica que el fondo COVAX se financia con donantes como la UE, Estados miembros, Canadá o filántropos como la Fundación Bill y Melinda Gates. “Durante todos estos meses han estado intentando obtener la financiación necesaria para comprar las dosis y llegar a acuerdos con compañías para poder tener las dosis listas en el primer cuatrimestre de 2021”.

El problema, explica Bernal, es que de los laboratorios con los que se ha negociado, la vacuna que más cerca está de recibir la autorización sanitaria es la de Astrazeneca, y todavía hay que esperar a que el laboratorio informe del traslado de las cerca de 470 millones de dosis acordadas. Además, el reto logístico es mayúsculo en estos países que no pueden hacer frente a una distribución tan compleja como la que exige la vacuna de Pfizer, que requiere un mantenimiento a temperaturas extremas.

“Los retos que tiene por delante COVAX son ingentes”, reconoce la investigadora. No solo por la movilización de recursos y por el acopio de los dos billones de dosis que se necesitan, sino porque hay todavía varios meses por delante para llegar a los niveles de vacunación que tienen países como España, que espera alcanzar el 70% de la llamada inmunidad de rebaño en verano. “Cuando se puedan entregar algunas dosis en algunos países probablemente en España ya llevemos el 30 o 40% de la población vacunada”, asegura.

Bernal cree que COVAX es una iniciativa interesante, pero, sin embargo, dice, “hay que ir al problema de fondo”. Con una situación de pandemia global en la que “si no estamos inmunizados todos, no lo estaremos nadie”, y con los retos de producción y abastecimiento, “dejarlo todo en manos de unas pocas compañías va a hacer imposible cubrir la demanda”.

Por eso la investigadora defiende que se amplíe la capacidad de producción poniendo “a disposición en términos de no exclusividad” tanto la tecnología como el conocimiento de las vacunas y terapias. Respecto a esto ya se han puesto en marcha algunas iniciativas como la de la Organización Mundial del Comercio de suspender las patentes para poder ampliar la producción.

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