Sábado, 23 de Enero de 2021

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El momento final: el de los héroes o el de los tontos

Como un amigo mío suele decir, "esto ya está todo inventado"

Como un amigo mío suele decir, “esto ya está todo inventado”.

Una expresión un poco cuñadística que él aplica a casi todas las cosas, pero que me vino inmediatamente a la cabeza el miércoles por la noche al ver las imágenes del asalto al Capitolio.

Es una receta antigua que requiere seguir varios pasos:

Primero se prepara el terreno. Es la parte mas laboriosa. Se requieren años para ir identificando un descontento que podamos manipular.

A partir de ahí comenzaremos por el lenguaje. Hay que romper los tabúes y empezar a “llamar al pan, pan y al vino, vino”.

No pensar tanto y hablar claro usando palabras valientes: robo, manipulación, complot, lucha, patria, rendición, resistencia.

En el segundo paso hay que avanzar desde ese descontento difuso a identificar un enemigo.

El malestar que sentimos está causado por fuerzas cobardes pero poderosas que no dan la cara con valentía, que se esconden en el sistema.

Aquí las conspiraciones siempre serán bienvenidas. Un barullo en el que mezclar la política con la desconfianza hacia las élites que parecen vivir al margen de todos los problemas.

Se nos descubre entonces que ellos, los super poderosos están organizadas a nivel mundial, que conspiran contra nuestra patria para conseguir sus propios intereses a nuestra consta.

Controlan el pensamiento a través de los medios de comunicación para hacernos creer que lo que pensamos está mal, pero no es cierto. Somos la resistencia y hay que defenderse de un enemigo que quiere quitarnos lo que es nuestro.

Toda declaración debe ser un enfrentamiento con el adversario evitando lo moderado, lo que suene a centro, pacto, “punto intermedio”. Lo “políticamente correcto” se convierte en sinónimo de debilidad, de pensamiento cobarde.

Es el momento entonces de la movilización. Hay que llenar las calles de indignación. Demostrar que no se tiene miedo y comprobar que los poderes a los que nos enfrentamos son cobardes y nunca van a plantarnos cara. “Violencia de baja intensidad” para demostrar que la calle es nuestra. No quiere decir que tengamos ninguna mayoría, pero sí que tenemos el valor para ocuparla y proclamarlo así mientras los otros nos miran desde las ventanas. Nosotros marcamos los tiempos.

Llega por fin el momento final. El de los héroes o el de los tontos, todo depende del resultado.

Son los más radicales, los mas extremos, los mas comprometidos. Han entendido un poco lo que han querido de nuestro discurso, pero están dispuestos a todo por salvar a la patria, así que a ellos les corresponde el asalto, pasar de ocupar la calle a ocupar la sede simbólica del poder.

Pueden ser militares o no, en cualquier caso nunca serán líderes de primera fila; esos se quedarán en casa a esperar, a ver si la mecha que acaba de encenderse prende y la rebelión contra el poder establecido se extiende.

Si es así, saldrán a encabezar la marcha, a apaciguar los ánimos y presentarse como la única solución al caos.

Y si no lo es, si lo que pasa en el palacio o en el parlamento no se repite en ninguna parte, se quedarán agazapados a esperar que pase el temporal.

Denunciarán la violencia y la intolerable violación de las leyes mientras esperan la próxima oportunidad.

Y entonces los que dieron el paso, los presuntos héroes salvadores de la patria que ocuparon el palacio o el parlamento, se convierten en lo que eran desde el principio: Payasos con sombreros ridículos.

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