Domingo, 24 de Enero de 2021

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'23 Paseos': la reivindicación por el sexo a los 60 a y por una vivienda digna

El director británico Paul Morrison estrena en cines esta comedia romántica que huye de los tópicos y que junta a una pareja de más de sesenta años con la reivindicación de una vivienda digna para todos

Fotograma de '23 paseos', película de Paul Morrison

Fotograma de '23 paseos', película de Paul Morrison / CARMEL FILMS

Director de películas como Sin límite, sobre Buñuel y Lorca, o Solomon and Gaenor, con la que estuvo nominado al Oscar a película extranjera, Paul Morrison deja claro en 23 paseos, que llega este viernes a los cines, que puede haber comedia romántica que no idealice el amor romántico y que pueda hablar de más cosas.

La primera diferencia con las comedias de Hollywood es que los dos protagonistas son dos personas de mediana edad, de más de sesenta. Una franja de población que sale poco en el cine y que, cuando lo hace, la representación es siempre para hablar de la enfermedad o la soledad. El director quería evitar hacer algo así, como nos cuenta en esta entrevista en la Cadena SER.

"No puedo explicar por qué la gente prefiere un blockbuster y películas así. Creo que la clave está en que, por un lado, la juventud es una etapa bonita, por otro porque a esa juventud se le suman una serie de preocupaciones que tienen que ver con la creación de los héroes modernos en esas películas. Durante mucho tiempo se ha priorizado a ese público más joven", explica el director. Morrison tenía muy claro que quería hablar de su generación. "Mis personajes tienen preocupaciones y los dos son héroes que buscan tener una vida mejor". 

Los proagonistas son Dave y Fern, tienen más de sesenta y viven solos y salen diariamente a pasear a sus perros. Se conocen en un parque y sus encuentros se hacen cada vez más frecuentes y emocionantes. Paseos que han sido, para muchos, la vía de escape durante este último confinamiento; de modo que 23 paseos, que se rodó antes de la pandemia, tiene ahora una nueva lectura.

Si seguimos con las diferencias con las comedias románticas a las que estamos acostumbrados, descubrimos que no es habitual precisamente tener a dos personajes que no consumen, no van a lugares de moda, a bares, restaurantes, centros comerciales, ni siquiera van al cine o a bailar. 

Morrison elige el parque como microcosmos donde se encuentran estas dos personas solitarias, donde interactúan con otras y donde la ciudad, el consumismo son las amenazas a su vida. Algo así quiso hacer, con otra intención, Gracia Querejeta en su última película, Invisibles. Aquí eran tres mujeres, de unos cincuenta años, que salían a andar juntas y a contarse o a ocultarse sus fracasos amorosos y laborales.

En 23 paseos el paisaje tiene un papel preponderante. Morrison juega con él, con la naturaleza de los parques y con los cambios de estaciones que componen el contexto atmosférico de la película. Por eso, el rodaje tuvo que hacerse en cuatro meses. Un primer bloque se rodó en noviembre y el segundo en mayo y junio.

Como dice el título, en esos 23 paseos se van conociendo, como amigos y como amantes. Tanto ellos como sus dos perros. Vemos ambas casas, la de ella y la de él. allí cenan, desayunan, continúan con sus conversaciones, se resguardan de la lluvia y se producen las primeras discusiones.

La tercera diferencia que encontramos, en esta comparativa con las comedias románticas, es que puede haber amor, romanticismo, sexo, pero se puede contar sin los tópicos del amor romántico, entendido como un todo que nos nubla la vista, que no nos permite estar con nadie más, que cree en la media naranja y que antepone el amor a cualquier cosa. Con esta relación entendemos que el amor es mucho más, que hay hijos, que hay exparejas, que hay trabajo, que hay perros...

La cuarta diferencia es la cuestión social o de clase, lo que acerca a la película a esa tradición del cine social británico, que hemos visto en directores como Ken Loach o Mike Leigh y también en películas más comerciales como Full Monty, Billy Elliot o Pride. Se puede hacer comedia romántica donde la denuncia social o las diferencias de clase estén presentes. En una franja de menor edad, lo ha hecho la serie Normal People.

En 23 paseos cada miebro de esta nueva pareja tiene una situación económica diferente. Él, el actor Dave John -conocido precisamente por Yo, Daniel Blake, la película de Ken Loach- está jubilado, no tiene pensión y sufre series problemas para llegar a fin de mes. Es enfermero y conoce la situación de los cuidados y los servicios sociales en el desmantelado estado de bienestar británico. Ella es una señora de la clase media británica, que cree en el consumo, en las vacaciones en grandes hoteles y cruceros, que ha ahorrado y sigue trabajando... un personaje que emocionaría a Margaret Thatcher…

La caída del estado del bienestar es un tema que preocupa y enfada al director. "Sobre política, creo que el Estado del bienestar en Reino Unido desde la crisis financiera ha colapsado. Más bien ha sido desmantelado y a mí me cabrea mucho todo esto. Por eso quería contarlo en la película. Me preocupa mucho esta situación y quería que estuviera presente", dice Morrison.

El gran problema, al que se enfrentan muchos jubilados y prejubilados británicos, es el de la vivienda. El paisaje urbano de las ciudades se va transformando y la vieja vivienda vendiendo a fondos buitres, ¿nos suena, verdad? El personaje no puede pagar el alquiler y debe mudarse a la otra punta de Londres, lo que lo separa de toda su vida. Además de la vivienda, la soledad, el fracaso del matrimonio, la homosexualidad, la enfermedad, los cuidados son algunos de los temas que apunta la película. 

Hay una última complicación a toda la trama, los dos perros son tan importantes como los personajes protagonistas, que interpretan Dave Johnson y Alison Steadman. Los actores conocieron a sus perros durante el periodo de ensayos y hubo química, reconoce el realizador. "Llevó mucho tiempo, porque el equipo tenía que hacerlo todo alrededor del perro, que obviamente no era consciente de toque tenía que hacer. Eso requería mucha concentración por parte de todos para poder lograrlo. Tuvimos además un buenísimo entrenador que estuvo durante el rodaje", explica.

En tiempos del Brexit, la pareja no solo habla inglés, también español. Ella tiene una hija en Canarias y va a casarse, así que le pide que le enseñe algo del idioma de Cervantes para cuando tenga que ir. "Soy muy fan de España", reconoce Morrison, que cuenta que es algo que le pasó a él cuando sacaba a pasear a su perro. "Yo estaba paseando a mi perro y conocí a una mujer que empezó a preguntarme direcciones y demás, seguimos hablando y me dijo, porque no me hablas en español y yo dije, vale. Esa anécdota decidí que estuviera en la historia porque usar otro idioma también me daba la posibilidad de jugar en esta relación".

Dice el director que toda la película es un doble homenaje, a su generación, que parece que no tiene derecho a volver a enamorarse y a cambiar de vida y a su perro, que murió antes de empezar la película.

 

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