Miércoles, 20 de Enero de 2021

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Las personas sin hogar frente a Filomena: "Cuando se acabe la ola de frío pasarán al olvido"

El frío y la vida en la calle se han cobrado estos días varías víctimas mortales entre los que tienen el cielo como único techo

En el centro de día 'Luz Casanova', de 20 plazas, como en toda la red de Caritas en Madrid, han tenido que ampliar el horario para evitar que deambulen por las calles heladas

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Hay realidades que el temporal nos ha obligado a observar pero que cuando se funda el hielo volverán a ser invisibles. Están ahí, en cada rincón de las zonas más céntricas de las grandes ciudades, pero hacemos como que no los queremos ver, prácticamente ni los miramos, son las personas sin hogar, de las que solo nos ocupamos puntualmente en estas noches gélidas donde sus vidas corren peligro.

"Cuando se acabe la ola de frío, las personas sin hogar pasarán al olvido. Si fallece una persona, saldrá en la televisión y hasta luego", lamenta María, trabajadora social de un comedor y centro de día, el 'Luz Casanova', en pleno corazón de Madrid.

El frío y la vida en la calle se han cobrado estos días varías víctimas mortales entre los que tienen el cielo como único techo. Un temporal que ha dejado en evidencia que la atención a las personas sin hogar, 33.000 según el registro oficial en todo el país, pero que organizaciones como Cáritas elevan a más de 40.000, ha sido insuficiente, como antes y después de las nevadas, como siempre.

La realidad es que muchas personas siguen en sus lugares de calle intentando sobrevivir al frío extremo y acudiendo a centros de día, como los que has visitado, donde aparecen cada vez más mujeres entre el colectivo de los sin hogar. Mujeres de muy diverso perfil y sobre todo desempleadas de larga duración.

Feminización de la pobreza

A sus 58 años, Ana no puede pagar ni la luz ni el gas, lleva dos años intentando sobrevivir al borde del abismo. Hoy no duerme en la calle, pero sigue necesitando acudir a este centro para poder desayunar y comer. "Tengo 58 años. Me quedé sola. Mis padres fallecieron, intento ser independiente", señala Ana. 

A las puertas de centro de día ‘Luz Casanova’, donde ha acudido a desayunar un día más, asegura que a los políticos y en general a la gente que ni los mira cuando van por la calle no les importa nada la situación de los sin hogar: "Mientras que estén calentitos, qué lastima, intentaré colaborar, pero realmente, qué le importa"

No recibe ningún tipo de ayuda, está tramitando el ingreso mínimo vital, de momento sin respuesta, y, aunque lo ve complicado, "sueña con un trabajito", dice de manera literal, para poder dejar atrás estos dos años de sufrimiento en las calles.

Escuchando a Ana, parece que la pandemia y la crisis económica que se ha desencadenado también estén tapando la feminización de la pobreza. El número de mujeres en situación de calle sigue creciendo y por eso la red FACIAM, a través de Cáritas, ha abierto un centro específico para mujeres sin hogar.

En la Plaza Mayor, la mayoría de las personas son hogar se han quedado bajo los soportales enfrentándose a Filomena / Nicolás Castellano

"Es un "hotelito" que tiene buen ambiente", cuenta una escritora y viajera, que lleva en este lugar, ubicado en la zona de Pacífico, unos 4 meses. Con 49 años, ha vivido en diversos países, entre ellos en Brasil de donde tuvo que huir perseguida por sus ideas políticas y por lo que escribía. En este centro se ha vuelto a sentir segura y a sentir "afecto"

Ha vivido en varias épocas en España, a donde regresó en el mes de octubre y donde cree que han fallado muchas cosas a la hora de responder al temporal y en particular con las personas sin hogar en Madrid. "Se cometieron errores garrafales. Tuvimos que salir como esquimales al otro centro", relata. 

En este centro de 20 plazas, como en toda la red de Caritas en Madrid han tenido que ampliar el horario para evitar que deambulen por las calles heladas. Desde Cáritas, Susana Hernández, responsable de las obras sociales diocesanas de Madrid, explica que este centro para mujeres abierto desde 2019 responde a un aumento de la presencia de mujeres sin hogar de un 8% hasta un 25%. Los datos apuntan a que la proporción del ‘sin hogarismo’ en España es de un 80% de hombres por un 20% de mujeres. "El perifl fue muy variado. Eran mujeres inmigrantes, que trabajaban en trabajos precarios donde vivían al día", indica Susana.

Añade Hernández que algunas son muy jóvenes, otras con algún problema de adicción y que la gran mayoría tiene sobre todo necesidades de apoyo a su salud mental.

Una campaña de frío que acaba en marzo

La llamada campaña de frío del ayuntamiento de Madrid acaba en marzo pero la red FACIAM, de ámbito nacional, formada por entidades sociales y de la Iglesia, de la que forma parte Caritas, está abierta todo el año. Recuerda que el ‘sin hogarismo’ también son las infraviviendas como las chabolas de la Cañada Real donde también tienes proyectos con varias familias. "Las entidades vamos a seguir trabajando 365 días al año", incide Susana. 

Los perfiles de la gente que se queda en la calle siempre son muy diversos, pero es cada vez más habitual encontrar chicos muy jóvenes. Mohamed no alcanza ni la treintena, era cocinero en un restaurante hasta que cerró por la pandemia y lo dejó sin trabajo. "Estar en la calle es una pesadilla", cuenta este joven que desde hace cuatro meses ha tenido que enfrentarse a dormir en la calle y agradece que "por lo menos tenemos un techo".

Se siente “muy afortunado”, y más con estas temperaturas, porque desde hace unas semanas ha conseguido una plaza en un albergue. Lo encontramos a primera hora, tras tomar el desayuno en la puerta del comedor social y centro de día de ‘Luz Casanova’. Lleva más de 10 años en España y ahora se ha quedado en situación irregular al no poder renovar la residencia, pero no se rinde

Además de cada vez más jóvenes, los perfiles de las personas sin hogar suman también casos como los de Cristian que lleva un año acudiendo a este centro. Con carrera universitaria, ingeniería industrial, siempre ha trabajado en el comercio, hasta que al caer en el paro todo se le derrumbó hasta vivir en la calle. "Una de las pocas posibilidades que tienes de sobrevivir es un centro así", comenta. 

Dice que lo peor era la enorme dificultad para comer caliente. Ahora está en un recurso del Grupo 5 que le da alojamiento y acompañamiento social. Le han denegado el ingreso mínimo vital, pero por fin ha conseguido trabajo. "Me intenté suicidar hace tres meses porque llevaba un año intentando buscar empleo y la cosa estaba peor que negra. Una conciencia que tenemos en esta realidad es que sin dinero no somos nada", comenta.

"La sociedad está despertando" ante el drama de las personas en exclusión social cree Cristian, que pide que nos pongamos más en la piel de los que viven en la calle. 

Ponerse en su piel y una política pública integral

Ponernos en su piel es lo que pide Cristian y lo que reclaman también las trabajadoras sociales, que más allá del temporal puntual, reclaman una política pública integral que garantice los derechos de estas personas.

A Cristian, como a Mohamed y Ana, nos los presenta María Santuré, trabajadora social a las puertas del centro de día ‘Luz Casanova’. Asegura que, a pesar de los anuncios oficiales, hay mucha gente que no ha encontrado ninguna plaza para refugiarse del temporal y siguen durmiendo en la calle. "Hay gente que prefiere seguir en la calle porque ya tiene su sitio y para ellos ese es su sitio seguro, del que si se van, no tienen alternativa", indica Santuré. 

A este centro acuden a diario unas 120 personas, aunque con las heladas no están llegando ni la mitad por las dificultades para moverse o porque se han quedado en albergues. Sin embargo, pone en evidencia que muchos prefieren quedarse en su cajero o, en su lugar, debajo de un puente antes que dejar su llamado sitio seguro.

180 personas en lista de espera 

Al llegar a primera hora a la puerta del centro donde no para de entrar y salir gente llama la atención la imagen de una ambulancia del SAMUR cruzada en medio de la nieve justo al lado de la monumental sede del Ministerio de Política Territorial. Vemos como se bajan dos sanitarios con los esquivos EPIS, uno de los usuarios tiene una crisis de ciática y no se puede mover. María asegura que han tenido que llamar mucho estos días a los servicios de urgencia

A este centro, que también ha tenido que ampliar sus horarios por el temporal, se acude en busca del desayuno y la comida, y ahora están dando también cenas. María y sus compañeras lamentan que para el resto de la sociedad y para los medios el colectivo de los sin hogar sea prácticamente invisible.

Insiste en que el frío ha dejado más víctimas en las calles que las que constan en la estadística oficial. Tienen una lista de espera de más de 180 personas que no pueden atender por el momento.

Es solo una pequeña muestra de la enorme realidad que está detrás de lo que llamamos “sin hogarismo” y que estos días tratan de sobrevivir al frío extremo. FACIAM, está red de apoyo que trabaja cada día con las personas sin hogar cita habitualmente el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechas Humanos:

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

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