Viernes, 05 de Marzo de 2021

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Ya nada nos asombra

"Ver soldados en el parlamento del país más poderoso del mundo por ahí tirados de cualquier manera forma parte de un relato que se cuenta con una cierta normalidad, como si todo fuera lógico. Y a mí eso me preocupa", la opinión de Carles Francino

Seguro que no es la pregunta más interesante del mundo, pero… ¿es posible que estemos perdiendo nuestra capacidad de asombro? Que ya nada nos extrañe, ¿que todo, o casi todo, lo incorporemos al paisaje cotidiano como si tal cosa? Lo digo porque el asombro es “la impresión en el ánimo causada por algo extraordinario o inesperado”, y creo que estamos perdiendo este sentimiento a marchas forzadas. No sólo porque hayamos normalizado algo como el aluvión de muertos provocados a diario por una pandemia sin precedentes, sino por imágenes como la que ayer pudo verse en Washington: decenas de militares tirados por los pasillos del capitolio, con armas y uniformes, para proteger a los congresistas que votaban el impeachment de Donald Trump. Esa imagen, no sé, si lo pensamos un poco, aparecerá en los libros de historia, -si es que quedan libros en el futuro- porque significa muchas cosas.

Pero hoy ver soldados en el parlamento del país más poderoso del mundo por ahí tirados de cualquier manera forma parte de un relato que se cuenta con una cierta normalidad, como si todo fuera lógico. Y a mí eso me preocupa. Me preocupa mucho, porque si perdemos la capacidad de asombrarnos, si vamos considerando más o menos normales cosas que no lo son, corremos el peligro de perder también la capacidad de indignarnos. Y eso sí que sería grave. Pero muy grave.

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