Jueves, 25 de Febrero de 2021

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'Anunciaron tormenta', el documental que destapa el horrible proceso colonial español

El cineasta Javier Fernández Vázquez investiga un suceso que ocurrió en la entonces colonia española, Guinea Ecuatorial, en 1904

Fotograma de 'Anunciaron tormenta'

Fotograma de 'Anunciaron tormenta' / CEDIDA

Ësáasi Eweera, uno de los últimos reyes del pueblo Bubi de Bioko, Guinea Ecuatorial, y un estorbo para las autoridades coloniales españolas, murió en 1904 en extrañas circunstancias. Este caso no resuelto se reabre ahora en el documental Anunciaron Tormenta, que dirige Javier Fernández Vázquez. A través de relatos orales, grabaciones de archivo y nuevas imágenes, la película es un contrarrelato, pero también una historia de detectives, un proceso antropológico y una mirada al colonialismo español desde otros ámbitos.

Es curioso que en este 2020 hayan surgido nuevas voces desde el audiovisual y desde el ensayo que miren al pasado buscando la cara B de nuestros mitos fundaciones. Lo hace Luis López Carrasco, colega y colaborador de Fernández Vázquez, en El año del descubrimiento. También Manuel Menchón con la figura de Unamuno en Palabras para un fin del mundo. Y la historiadora Deborah García Sánchez Marín en su ensayo España es esto y todo lo contrario. Poner en duda el relato histórico oficial para entender los procesos que vivimos como país, como sociedad y como ente colectivo en estos momentos. Todo un reto de una nueva generaciones de creadores.

¿De dónde viene la idea de indagar en este crimen cometido por el estado español en Guinea Ecuatroial?

Es un interés que no tiene que ver con ningún vínculo personal mío. Es decir, no tengo antepasados colonos. Es un interés académico, de curiosidad para entender los mecanismos por los que se da esta situación de olvido histórico.

No es un tema que suela acaparar películas o libros, frente a la conquista de América que sí lo es, ¿qué dice ese suceso de nosotros?

Es un tema poco habitual. Desde hace varios años me he ido interesando por los problemas que tiene España con su memoria histórica. En esa investigación sobre esa amnesia, me di cuenta de que el tema del colonialismo, especialmente en Guinea Ecuatorial, era un tema muy olvidado, siendo un tema tan reciente. Muchos habitantes de Guinea nacieron bajo la autoridad española, porque no se independizó hasta 1968. He estado leyendo mucho sobre historia, sobre antropología y ahí es cuando me he dado cuenta de que lo poco que se sabe está contado de manera interesada. En muchos manuales se vende como una historia no violenta, casi sin conflictos, con el objetivo de separar al proyecto colonial español de otros, como el francés o el británico. Mirando documentos vi que habían ocurrido matanzas y muchos conflictos violentos.

Este año confluyen varios libros y varias películas que cuestionan hechos o periodos históricos españoles, El año del descubrimiento, Palabras para un fin del mundo, también ensayos como España es esto o todo lo contrario, ¿por qué justo ahora hay este nexo común en una generación de creadores?

En el caso de El año del descubrimiento, se da la circunstancia de que yo formo parte del mismo colectivo en el que está su director. El objetivo es buscar contrarrestos a las historias oficiales que se nos han contado, por ejemplo, con respecto a la historia de España. Al final soy productor ejecutivo de la película de Luis López Carrasco. Hay unos intereses comunes en ese caso. Por lo demás, no sé por qué surge todo esto, quizá sea un relevo generacional. Lo que sí hay es una desconfianza creciente a cómo se nos han contado las cosas. Con el tema de Guinea Ecuatorial no soy el único que hay investigado, hay también colectivos de afrodescendientes en España, como Afroféminas, o el fotógrafo Rubén Bermúdez o la escritora Lucía Mbomio, que están investigando sobre su identidad mixta, de descendientes de guineanos nacidos en España y sobre este pasado colonial. Es un interés que surge en varios ámbitos, en el artístico, en el académico y en lo social.

Hay decisiones remarcables en la puesta en escena, los fundidos en blanco, la lectura de documentos oficiales de la época, el uso de testimonios, ¿qué intención política hay detrás de estas decisiones?

La puesta en escena siempre obedece a razones que no son solo estéticas, sino que para mí suponen una posición política. Lo que hago con los documentos de los oficiales españoles que, básicamente, son cartas e informes escritos, es convertirlos en documentos orales leídos por actores españoles. Es una manera de precarizar esa autoridad de la palabra escrita que siempre tiene un menos peso que la oralidad. También exponiendo las contradicciones, los huecos y las falsedades que se encuentran en esos documentos. Son leídos en su totalidad, manteniendo la literalidad. Para mí era importante mostrar el lenguaje como un arma más del colonialismo, no solo lo bélico o militar; sino también un lenguaje supremacista, en el que se diluyen las responsabilidades y para mí significaba un modus operandi de cómo España fue instalándose en este territorio. Es el modus operandi de las potencias europeas de África en aquella época.

Otro de los temas del documental es esa diferencia entre el relato escrito y el relato oral, ¿viene de ahí la filmación de testimonios orales en Guinea?

El punto de partida siempre fueron esos documentos, que mostraban que se había encubierto un crimen. Al ver toque escondían pensé que lo mejor era ir más allá, preguntar e investigar, buscar un contrarrelato. Ahí empieza una investigación más etnográfica, de campo, en España y en Guinea Ecuatorial, para buscar esos relatos que, en efecto, encuentro. Hacemos dos viajes y registramos esas historias orales que también tienen sus contradicciones, pero que suponen una versión diferente, alternativa y más verosímil que esos documentos escritos por los españoles. La manera de filmar a estas personas es diferente, unos porque no querían salir en cámara, solo hablar. La idea era relacionar esas voces con los lugares exactos donde se desarrollaron los hechos. Este rey, que es la persona que muere y último líder que se opone a la ocupación española es detenido y trasladado a una cárcel donde muere. Lo que hacemos es recorrer esos lugares para ver qué queda de ellos en estos momentos.

También hay un guiño a la cultura bubi, cultura y lenguaje que la colonización puso en peligro...

Utilizando la cuestión de la cultura en riesgo, de la cultura tradicional perdida y de la lengua en retroceso por la estructura educativa de aquella época, termino la peluca con un poema leído en lengua bubi, que es hasta día de hoy el único documento escritor en esa lengua que narra ese suceso. Si los actores que leen los documentos españoles salen de espaldas o de medio lado, mostrando lo falso o lo cuestionable de lo que están leyendo, a los que leen el poema los pongo de frente. La película se articula en esos procedimientos que reflexionan sobre cómo se concibe una historia oficial desde el poder y cómo desde el cine se puede contribuir a una memoria colectiva que resista el poder de la metrópoli.

Las imágenes de archivo apenas aparecen medio segundo en pantalla, ¿por qué?

Era la idea de evitar que las fotos se conviertan en un fetiche o en la prueba de algo. Sino que fueran algo más sensoriales. Aparecen retratos colectivos de bubis que mantengo apenas durante medio segundo. Esa decisión viene de algo que me contó Rubén Monsuy, cineasta colaborador mío en este documental. Me enseñó algunas fotos de archivo que había conseguido. Entre ellas había una carpeta que eran retratos. Me dijo que podía usarlas, pero que tuviera mucho cuidado porque ese tipo de imagines eran pornografía, era la mirada del poder sobre sujetos indefensos que posaban ante la cámara como si fueran categoría y no como seres humanos. Fue un momento de aprendizaje como cineasta y como investigador. Para mí esas imágenes se convirtieron en algo más. De ahí la decisión de usar muy pocas y las que uso, las pongo muy poco tiempo para explicar que existen, pero para que el espectador no se recreara en ellas.

Quizá lo más poderoso de Anunciaron tormenta es su diálogo con el presente, con el ahora, con ese surgimiento de exaltación nacional, que utiliza la colonización como emblema, ¿era la intención de este proyecto?

Me gustaría que dialogara con ese presente y que despierte esas lecturas, tanto para quien la vea en Guinea Ecuatorial como en España. Para mí era muy importante que esta película contribuyera a combatir esa especie de nostalgia imperial muy nacionalista española, que de unos años a aquí está ganando terreno. Esto me parece muy preocupante e incluso peligrosos. Desde muchos sectores reaccionarios de la derecha y ultraderecha se está blanqueando algo que tuvo unas consecuencias tremendas, no solo en África, también en América o Filipinas. Se aprovechan los hechos históricos para convertirlos en seña de identidad de la españolidad. Para mí si España tiene que ser algo, tiene que ser algo más heterogéneo y que no se base en mitos fundacionales violentos o con tremendas consecuencias. Si estabas pensando en Imperiofobia… pues sí este tipo de libros han tenido mucho eco en los medios de comunicación cuando están totalmente desacreditados por historiadores de todo tipo. Lo peor es que no sepamos encontrar relatos o mecanismos para combatirlos. Espero que la película contribuya, mínimamente, a esto.

 

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