Jueves, 04 de Marzo de 2021

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Gervasio Deferr: "Encontrar mi lugar después de la retirada fue complicado"

El que fuera dos veces campeón olímpico cuenta en Hoy por Hoy cómo fue el momento de la retirada y su proyecto en el barrio de La Mina

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Cuando Gervasio Deferr nació, en 1980, todos en el cine mirábamos al cielo, fascinados por la llegada de un ser inmortal sin más límites que la ausencia de ellos.
Entonces él no lo sabía, pero el tiempo le acabaría convirtiendo uno de los mayores superhéroes de la Historia de nuestro deporte: capaz de hacer todo y todo bien. Y lejos de estrellarse, nació la estrella. Sin antecedentes familiares, solo confiado a la indestructible combinación de talento y fuerza de voluntad, ganó en salto de potro el oro en los Juegos Olímpicos de Sidney. Y después de romperse los dos hombros, volvió a hacerlo cuatro años después en Atenas. Una carrera pletórica a la que siguió sumando otras medallas hasta conseguir la última, la más difícil de todas: "Saber retirarse". Una retirada que le alejó del primer plano para convertirse en el entrenador que quizás había dentro de él y hacerlo en una de las zonas más necesitadas de Barcelona, en el barrio de La Mina. 

"Encontrar mi lugar fue complicado", reconoce Deferr en Hoy por Hoy, quien cree que "en su caso fue más la mente y la falta de ganas de cambiar" las que le llevaron a abandonar la competición. El día después, cuando uno lo deja, "lo gestioné un poco mal". "Una vez acabé la charla, fuimos a comer, y ya ahí estaba agotado y destrozado del esfuerzo de decirle a la gente que me retiraba", indica Gervasio, quien creé que tardó un poco después de Pekín para darse cuenta de que a Londres no iba a ir. "No vas a ir, vale, pero cambia tu vida entera", cuenta. 

"Cuando hay personas que han dado toda su vida por el deporte, cuando paran, es difícil hacer otras cosas. Desaparece el objetivo de tu vida", continúa Deferr, a la par que explica el proceso de pasar a enseñar al resto a ser los mejores.

Recuerda cómo cuando él era pequeño le cambió la vida cuando empezó a jugar con colchonetas y a subirse a las barras. "En Barcelona 92, con 11 años, yo ya entrenaba, y tuve la suerte de que el equipo soviético vino a entrenar con nosotros. Los vi entrenando en las mismas barras que yo y pensé que yo quería ser eso y ganar unos Juegos Olímpicos", afirma el que fuera campeón olímpico. 

No se arrepiente de haber tenido una adolescencia distinta, entrenando una media de siete horas de lunes a sábados desde los 12 años hasta que se retiró. Una rutina que se endurecía cuando se acercaban los Juegos Olímpicos. 

Hay un capítulo en la vida deportiva de Gervasio, en 2002, cuando te retiran la medalla de plata ganada en el mundial de Hungría al dar positivo en marihuana. "Cometí un error de juventud cuando estaba lesionado, vivía con mi hermano y fue un momento de relax. Lo reconocí desde el primer momento y no sabía que eso era así de negativo para nuestro mundo. No volvió a suceder nunca más", señala Deferr. 

Por último, sobre su proyecto en el barrio de La Mina, lamenta lo estigmatizado que está ese barrio barcelonés. "No todo lo malo pasa ahí. Hay de todo como en todos lados".

"Yo les explico a mis alumnos lo complicado que se ponen cuanto más bueno eres. Es un deporte que exige mucho. Es muy difícil llegar y lo bonito es el camino y que me permitan caminarlo con ellos", zanja el deportista. 

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