Jueves, 04 de Marzo de 2021

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Negrito

"No puedo decir esa palabra porque sé lo que significa para mí, pero puedo recibirla porque sé lo que significa para el otro"

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A mis padres los nombres les parecían importantes. No toleraban que alguien llamado Francisco terminara siendo Fran, Pancho, Panchito, Panchu. Nos protegían, a mis hermanos y a mí, de toda modificación de nuestros nombres, como si esa modificación hubiera podido hacernos daño mental. Tampoco nos permitían usar un mote que en América Latina es sinónimo de ternura y afecto: negrita, negrito. Mi madre, al escuchar esa palabra, decía que era de mal gusto porque implicaba “un cariño falso”. No dada más explicaciones. Como resultado, jamás le dije “negrito” o “negrita” a nadie, pero cada vez que alguien me dijo “negrita” pensé: “Este me quiere”. Supongo que internalicé la enseñanza de manera bifronte: no puedo decir esa palabra porque sé lo que significa para mí, pero puedo recibirla porque sé lo que significa para el otro. Hace poco, el jugador de fútbol uruguayo Edison Cavani, que juega en el Mancheste United, hizo dos goles en un partido, un amigo lo felicitó por Instagram y Cavani le respondió con la frase “¡Gracias, negrito!”. La Federación Inglesa de Fútbol lo acusó de racismo, lo suspendió por tres partidos y lo multó con diez mil libras. La Academia Nacional de Letras de Uruguay dijo que la medida era injusta, y que el mensaje de Cavani, en ese contexto, había tenido "un tenor cariñoso". La Asociación de Futbolistas de Uruguay dijo que “la sanción revela una visión sesgada, dogmática y etnocentrista”. Muchos defendieron a Cavani aludiendo a la canción Duerme, negrito, de Víctor Jara que, además, también cantó Mercedes Sosa, una mujer a quien todo el mundo le decía La Negra. Yo creo que la federación de futbol inglesa tiene una visión sesgada, creo que la suspensión y la multa no sólo son excesivas sino un síntoma del lenguaje desinfectado hacia el que nos dirigimos a toda velocidad, que la canción 'Duerme, negrito' es fabulosa y que nadie jamás pensó que en realidad quiera decir “Duerme, pedazo de ser racialmente inferior”. Creo, también, que si alguna vez hubiera entrevistado a Mercedes Sosa jamás hubiera podido llamarla Negra, porque me hubiera sentido muy incómoda. Y que vale la pena escuchar, por ejemplo, a Tanya Katerí Hernández, una profesora de derecho antidiscriminatorio y teoría crítica de la raza en la Universidad de Fordham, al ser consultada acerca del uso de la palabra “negrita”, una rémora del lenguaje esclavista en América Latina, que Jennifer Lopez hizo en una canción. “Negrita/negrito –dijo Hernández- es un movimiento lingüístico que infantiliza, que tiene como objetivo hacer a una persona pequeña como una forma de hacerla menos amenazante, menos poderosa, permitiendo así que el hablante produzca un individuo amistoso y con aspecto de niño”. No creo que se trate de tener razón, sino de pensar en el vértigo del lenguaje. En lo que decimos, cómoda e impensadamente, obligados por él.

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