Jueves, 04 de Marzo de 2021

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Chutarse el culillo en vena

"El problema es que la gente es muy rara y no quiere entender que todo se hace con la mejor voluntad y en aras de la eficacia"

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A muchos nos ocurrió de pequeños. La típica celebración: Una boda, la comunión de un primo o cualquier otra fiesta en la que se juntan todos tus familiares y muchos invitados. Después de la comida y la bebida abundantes, tarde o temprano llega la hora de abandonar la mesa, y las copas se quedan allí.

Es el momento perfecto para que tú, con tus cinco o seis años no tengas otra ocurrencia que agarrar y beberte el culillo de champan que tu tía Paqui ha dejado. Al principio, el sabor de esa bebida que no has probado nunca te echa para atrás, pero pronto la curiosidad vence al rechazo de tus papilas gustativas y terminas probando los culillos de copas de todos los colores.

Con las vacunas te pasa lo mismo. Ya no eres un niño. Eres un responsable político de un ayuntamiento, o una autonomía y resulta que pensabas que cada vial daba para 5 y luego te dijeron que se pueden sacar hasta 6. Y no sólo eso, sino que tú llamas a 100 personas a vacunarse y, por las razones que sean, te aparecen 86.

Total, que ya las has sacado de la super nevera y al final del día se queda ahí un culillo que ya si no lo aprovechas hay que tirarlo; porque eso no hay marcha atrás, no se puede guardar, así que, ¿qué haces?

Pues llamas a tu cuñado, que se venga un momento él y su mujer y les metes un jeringazo. Total, mejor que tirarlo...

O si no te vacunas a ti mismo, que no eres del grupo al que le toca, pero como responsable del tema no te cuesta nada pasarte un momento por el hospital o la residencia y meterte ese culillo de nada. Todo sea por no tirar vacuna, que sale carísima y hay muy pocas.

El problema es que la gente es muy rara y no quiere entender que todo se hace con la mejor voluntad y en aras de la eficacia.

Bueno, es cierto: Quizás también les cabrea un poco que esto de que siempre se queda un culillo no se te haya ocurrido prevenirlo, teniendo en cuenta que en cualquier campaña de vacunación hay un porcentaje parecido de gente convocada que no se presenta porque no les gustan las vacunas, se les ha pasado el día, o se han ido a empastar una muela.

¡Que sí!, que también es cierto que lo de las seis dosis en lugar de cinco ya se sabía hace tiempo y los del Ministerio habían recomendado comprar esas jeringuillas más pequeñas, más precisas para aprovechar mejor cada vial, pero por una cosa o por otra no se compraron y quedaban muchas de las grandes, que hay que calcular a ojo y nunca se acierta.

Total, que la cosa es que queda ese culillo y tú, por hacer honor a eso que te decía tu madre de que la comida no se tira, has decidido saltarte todo protocolo y chutarte lo que queda y punto.

Y es entonces cuando vuelves a recordar esa celebración, cuando tenías cinco o seis años, y de pronto te viene a la cabeza que fuiste tú el que servía el champan.

-”Qué gracioso el niño”, decía la tía Paqui.

 ¿Es posible que se la llenaras hasta el borde para ver si, con un poco de suerte, te quedaba a ti un culillo?

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