Lunes, 01 de Marzo de 2021

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No podemos olvidarnos de ellos

Hasta que todos y cada uno de nuestros mayores no esté vacunado es una auténtica indecencia que haya alguien, ocupe, el puesto que ocupe, que piense que su labor es tan trascendental que merezca saltarse la cola de vacunación

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Finalmente, este fin de semana dimitió el JEMAD, el máximo responsable del ejército que se había saltado la cola de la vacuna. Aunque, como otros, en este caso políticos que han dimitido por el mismo motivo, dice que dimite no por la vacuna, convencido de que hizo lo correcto, sino por el perjuicio que pueda causar al ejército, convencido de que, por el puesto que ocupaba, le tocaba vacunarse.

Y no es el único que piensa igual. Ayer, el alcalde de Madrid, y portavoz nacional del Partido Popular, José Luis Martínez Almeida, aseguró que tanto el JEMAD como el Gobierno deberían vacunarse porque, dice, que el país no puede quedarse descabezado en un momento tan crucial. Reconociendo la indudable responsabilidad del ejército y del ejecutivo en este momento, pensar que sus vacunaciones deben ser prioritarias dice muy poco de la idea de funcionamiento de un país que tiene el alcalde madrileño.

Este país, con ya casi un año de pandemia a sus espaldas, ha seguido funcionando gracias a la gente, a ese personal esencial al que hace un año ni siquiera le poníamos cara ni nos sabíamos sus nombres, casi nunca nos fijábamos en ellos.

Cuando todos nos encerramos en casa, las cajeras y los cajeros del supermercado seguían en sus puestos, los camioneros trasladando nuestra comida con sus camiones, los tenderos en sus paradas de los mercados, los taxistas, los conductores de autobús, los bomberos, los basureros, las cuidadoras de nuestros mayores y así podría hacer una larga lista que terminaría con el personal sanitario. Ellos sí son esenciales, si ellos no están, le aseguro al señor Almeida, que el país se paraliza, deja de funcionar, y ellos no tienen ninguna prioridad ni ningún acceso especial a las vacunas.

Pero hay una cosa más, esta pandemia se ha cebado especialmente en nuestros mayores, en esa generación que lleva el sufrimiento marcado en los surcos de sus rostros, que han vivido y han visto casi todo. No podemos permitirnos que sigan muriendo a centenares como sigue pasando dentro y fuera de las residencias. Hasta que todos y cada uno de nuestros mayores no esté vacunado es una auténtica indecencia que haya alguien, ocupe, el puesto que ocupe, que piense que su labor es tan trascendental que merezca saltarse la cola de vacunación.

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