Jueves, 24 de Junio de 2021

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"Irán no se compromete contra la ablación porque la considera cultural y minoritaria"

Hablamos con el académico que escapó de Irán a través de las montañas para evitar la cárcel por sus investigaciones sobre el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina que no gustaron al régimen y sorprendieron a todo el país, incluido él mismo, al descubrir que mujeres de su propia familia habían sufrido la ablación

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El antropólogo social iraní Kameel Ahmady se ha visto obligado a huir del país tras ser condenado a nueve años de prisión por sus investigaciones sobre el matrimonio forzoso infantil y la mutilación genital femenina.

Sus trabajos, publicados en 2015, sorprendieron a todo el país, revelando que la mutilación genital femenina se lleva a cabo en al menos cuatro provincias importantes de Irán y afecta principalmente a poblaciones de la minoría chiíta. Las autoridades niegan el problema. El régimen iraní, dice el académico, “no estaba tanto en contra de la mutilación, estaba mucho más en contra de mi trabajo”.

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Le acusan por haber recibido a los responsables de una ONG prohibida en el país. Además, dice, prefieren ignorar el problema para no alimentar el sentimiento antichiíta entre la población suní.

Como investigador, su sorpresa fue descubrir que incluso algunas de las mujeres de su propia familia habían sido sometidas a la ablación. Una práctica realizada casi siempre “en nombre de la tradición”, frase que más tarde daría título a su libro.

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Esa tradición cultural es en lo que se escuda el régimen iraní para “no comprometerse en ser agresivo con esa práctica”, dice el investigador. En el caso del matrimonio infantil, asegura que el Gobierno no quiere aumentar la edad legal para casarse porque eso “contradice la orden del líder supremo de aumentar la natalidad”.

Ahmady realizando trabajo de campo / Kameel Ahmady

Kameel Ahmady, Buenos días. Estamos alucinados con su fuga de película de Irán, pero también estamos sorprendidos por su trabajo sobre la ablación en ese país. ¿Qué descubrió exactamente en sus investigaciones?

Antes de trabajar en Irán sobre este tema, descubrí la realidad de la ablación cuando trabajaba con una ONG en África. Recuerdo que ya por entonces sabía que se practicaba esta tradición en Irán, aunque se practicaba de una forma diferente. Recuerdo algo cuando era niño en mi lugar de procedencia, al oeste de Irán.

Hace 15 años, recuerdo que volví de aquel viaje de África con muchas preguntas. Me interesaba saber si eso se hacía en mi familia. Y mi sorpresa fue descubrir que algunas de las mujeres de mi familia habían sido sometidas a esa práctica.

Me impactó saberlo y cobró mucha importancia para mí investigar ese fenómeno porque -además- coincidió con mis estudios de antropología. Traté de indagar y profundizar más sobre el tema.

Eso fue hace 11 años. Fue entonces cuando empecé a investigar más y a hablar con mujeres del oeste de Irán, en la región del Kurdistán iraní. Lo que descubrí es que la ablación todavía se aplicaba en cuatro regiones del este del país.

Y sé que sus descubrimientos no fueron sólo una sorpresa para usted, sino también para mucha gente en Irán que desconocía tener la ablación tan cerca...

De hecho, fue una gran sorpresa para todos los colectivos internacionales dedicados al estudio de esta práctica.

A la sociedad le sorprendió que esa práctica se siguiera realizando entre los kurdos y otros musulmanes de la etnia suní al oeste de Irán. Por entonces, había mucha ignorancia sobre el tema de la ablación en el país. La mayor parte de la gente no había oído hablar en la vida de esta mutilación genital. Casi todo el mundo creía que esta era una práctica reservada a algunos países africanos y lo rechazaron desde el primer momento.

La ablación es una práctica que no está recogida en el código penal iraní, así que, ¿cuál fue la reacción del régimen cuando usted publicó su trabajo?

El régimen iraní suele recurrir a una política llamada "no confirmar o no pegar", por lo que hasta la fecha no han hablado de ello, salvo en una o un par de pequeñas referencias.

El caso es que Irán no tiene políticas ni un programa sobre el tema. Tampoco tiene una planificación médica al respecto para generar conciencias en las comunidades.

¿Recuerda alguno de esos casos que le llamara especialmente la atención?

Sí. Todos los casos que detecté se hacían bajo la bandera de la tradición. "In the name of tradition", que es el título que le puse más tarde a mi libro. Me encontré con casos espantosos como el caso de un grupo de mujeres que defendía esta práctica. Eran mujeres adultas que practicaban la ablación a chicas jóvenes mientras los hombres adoptaban una actitud práctica, sin querer involucrarse porque eso eran cosas de mujeres.

Se practicaba sin ningún tipo de medida sanitaria, en los alrededores de las aldeas y sin la presencia de ningún hombre. Se practicaba en aldeas y pueblos que aceptaban esta práctica como algo normal. El hombre no pinta nada ahí... es la mujer la que realiza esta práctica y fue en ese momento en el que fui consciente de la gravedad de esta práctica que estaba en marcha en Irán.

Me encontré con mujeres que habían sido sometidas a la ablación, no sólo por tradición sino también por motivos religiosos.

Poco después de publicar su trabajo, le impusieron una condena de prisión... ¿cree que se debió a su trabajo?

El problema no fue sólo con la mutilación genital femenina sino también con el trabajo que hice hace once años sobre el matrimonio forzoso infantil. Por suerte, esta práctica, como en todas partes, está desapareciendo. Por muchas razones, está disminuyendo y esto es bueno.

Pero el régimen en Irán y aquellos que tienen diferencias ideológicas con el proyecto de ciencias sociales que investigué, han encontrado un problema de enfoque legal con este proyecto en particular que hice. No es que estuvieran tanto en contra de la mutilación, estaban mucho más en contra de mi trabajo, que fue para resaltar el tema, para generar conciencia. Mi investigación se utilizó para aumentar la edad para que los niños se casen de 13 a 15 años.

Y eso en realidad puede bajar a 9 si se otorga un permiso. Hice otra investigación como en LGTBI, así que todo el paquete fue realmente desagradable para el gobierno, pero luego encontraron este problema legal con la mutilación genital, porque recibí a los responsables de una ONG que estaba prohibida en Irán, y yo no tenía idea al respecto. Hace 11 años... Y luego creo que uno de los fundadores está vinculado a Estados Unidos de una forma u otra.

¿Cree que el régimen de Irán tenía alguna razón para mantener oculta esta realidad que usted investigó? Tanto la relativa a la ablación como también al matrimonio infantil...

Lo que ocurre hoy allí con la mutilación genital femenina es que no hay compromiso de ser agresivo contra esa práctica porque la consideran algo cultural de la sociedad iraní y que sólo es practicada por una minoría suní, no por la mayoría chií.

Lo que les preocupaba es que la comunidad internacional lo interpretara como un gesto de crueldad dentro de Irán y que el hecho de aumentar la edad legal para contraer matrimonio podía contradecir la orden del líder supremo que había pedido incrementar la natalidad del país.

El tema llegó al parlamento, se discutió también en foros internacional y empezaron a vigilar mi trabajo. Y al final me detuvieron.

Y después fue cuando decidió fugarse... ¿cuándo tomó la iniciativa para hacerlo y cómo fue esa huida?

Me detuvieron el año pasado cuando volví de un viaje a Londres donde había ido para asistir a una conferencia de dos días sobre derechos humanos en la sede de Naciones Unidas en Etiopía. Al día siguiente de volver fui detenido, me interrogaron y me encerraron durante cien días. Pasado ese tiempo me concedieron un permiso para salir, aunque seguía pendiente del juicio.

En ese juicio me exponía a una pena de cárcel de nueve años y seis meses y a una multa de seiscientos mil euros, pero tenía la opción de apelar. Presenté mis alegaciones, pero fueron rechazadas lo que me exponía definitivamente a esa pena de nueve años de cárcel y la multa.

Es ahí cuando me di cuenta que tenía que irme del país para no pasar los próximos 10 años en la cárcel sin poder ver crecer a mi único hijo. Entendí que lo mejor que podía hacer era irme, irme a Reino Unido, porque aquí era donde podía defender mejor mi idea de libertad y justicia.

Acusaciones de abuso sexual

Kameel Ahmady ha sido acusado de abuso sexual. Hasta cuatro mujeres han denunciado al antropólogo por agredirlas, según recoge el diario The Guardian, y otras han señalado repetidas situaciones de acoso sexual, exigiendo que no se le permita seguir trabajando con mujeres o con los grupos vulnerables en los que se centra su investigación. Las denuncias contra él han dado lugar a su suspensión de la Asociación de Sociología de Irán.

Ahmady ha negado las acusaciones, aunque en un post ya borrado en las redes sociales se disculpaba por sus "errores" en el trabajo y por "herir a la gente con mi actitud relajada en las relaciones".

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