, 17 de de 2021

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Victoria Braquehais: "Esta pandemia nos puede abrir los ojos al regalo de estar vivos"

Charlamos con la misionera sobre el impacto del coronavirus en Camerún

Victoria Braquehais en la misión de Ngovayang (Camerún)

Victoria Braquehais en la misión de Ngovayang (Camerún) / Foto cedida

Mientras en Europa la campaña de vacunación contra la COVID ya ha comenzado, África se queda atrás en la carrera de vacunar a su población. “Creemos que no podrá administrarse de forma generalizada en todo el continente hasta 2023. De momento solo ha llegado a Sudáfrica. Camerún aún tiene que esperar mucho”, afirma nuestra invitada.

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Quien habla es Victoria Braquehais (Palma de Mallorca, 1977), una misionera todoterreno. Victoria pertenece a la Congregación de la Pureza de María, una orden que trabaja en Ngovayang, un pueblo escondido en la selva, al sur de Camerún. Desde allí desempeña, en colaboración con algunas oenegés como Manos Unidas, proyectos de cooperación al desarrollo. En Ngovayang tienen una escuela con 183 niños pigmeos y bantúes, dos de las más de doscientas etnias que hay en el país. También han puesto en marcha un hogar para niñas pigmeas bagyeli. Los pigmeos son una minoría explotada y despreciada que sufre, desde hace décadas, el desplazamiento forzoso de sus tierras y el abandono de los gobiernos. Esa discriminación es el motor de su lucha, quiere dar a sus niñas un futuro. “Lo que más me preocupa es su educación. Es su futuro. La educación hace ponerse a las personas en pie”.

“La vocación se siente desde que naces”. Victoria llegó a África con 32 años y decidió quedarse. Trabajó durante diez años en el Congo y después se marchó a Camerún. Ngovayang es ahora su casa. Desde el 20 de marzo hasta el 4 de octubre de 2020 las escuelas permanecieron cerradas y ahora que los niños han regresado a la misión ha recuperado la alegría aunque le duele ver como está sufriendo Camerún a causa de la pandemia. El país tiene menos contagios y fallecidos que España pero el coronavirus está golpeando fuerte a la economía. Como sucede en los países en vías de desarrollo, la mayoría de la población vive de una economía informal y el confinamiento está llevando a la quiebra a millones de familias que deben elegir entre comer o enfermar. “Todo lo que África ha avanzado en los últimos cuarenta años se perderá a causa de esta crisis sanitaria. La COVID está haciendo mucho daño”, explica.

Pese a todo, es feliz en Ngovayang. Aquella es su casa. Victoria ha visto de cerca la pobreza, el hambre, el ébola o la malaria (enfermedad que padeció hace unos años) pero no tiene miedo, la esperanza está siempre presente en su relato: “El coronavirus nos ha enseñado el valor de las cosas pequeñas, nos ha mostrado la finitud de la vida. Cada instante es único y tenemos que aprovecharlo”. Sabe que el acceso equitativo a las vacunas es aún una quimera pero, mientras tanto, practica el optimismo. Un optimismo que trabaja cada día entregándose a los demás. Cree que de esta crisis podremos salir reforzados aunque no lo conseguiremos sin solidaridad. Y esa es su lucha. Contagiar solidaridad.

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