Viernes, 03 de Diciembre de 2021

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'La isla del tesoro', la novela de piratas por excelencia

La clave de su perdurable popularidad es que es "por encima de todo, una reacción al pesimismo"

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Robert Louis Stevenson nació en Escocia en 1850. Su naturaleza enfermiza propició una infancia dedicada a la lectura y la invención de historias. A partir de los 26 años empezó a viajar en busca de climas más benignos para su tuberculosis. Se casó con una mujer mayor que él, Fanny Osbourne, divorciada y con hijos.

Stevenson pasó los últimos años de su vida navegando por el Pacífico Sur, hasta que recaló en Upolu, una de las islas Samoa, donde se construyó una casa en la que, a los 44 años, en 1894, murió de un ataque cerebral. Los aborígenes, que le habían bautizado con el nombre vernáculo de Tusi-tala («Cuentacuentos»), velaron su cuerpo durante toda la noche. Está enterrado en el monte Vaea, frente al mar.

Es el autor de 'La Flecha Negra', 'El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde', que ya os hemos contado en 'Un libro una hora' o 'El señor de Ballantrae', entre otras obras. También fue autor de sencillos y memorables versos. 'La isla del tesoro' fue publicada en 1881 por entregas en la revista Young Folks bajo el seudónimo de 'capitán George North'. Es la novela de piratas por excelencia. Divertida, emocionante, inolvidable. Mágica. Maravillosa.

El monumento literario de Stevenson

Robert Louis Stevenson ya no era un joven cuando finalmente se puso a escribir lo que más adelante proclamó como "mi primer libro", refiriéndose a su primera obra extensa de ficción. Era, en su opinión, su destino. "Tarde o temprano", recuerda, "tenía que escribir una novela. Me parece vano preguntar el motivo. Los hombres nacen con distintas manías. Desde mi más tierna infancia, la mía fue convertir una serie de sucesos imaginarios en un juguete". Y ese "juguete" sería, junto con 'El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde', el monumento literario de Stevenson.

El hijastro de Stevenson dibujó un mapa. El mapa, nos dice Stevenson, parecía "un dragón gordo y rampante". El dragón gordo desató al novelista que llevaba dentro. Después de debatir largo y tendido sobre historias de piratas, un relato brotó sin esfuerzo de su pluma a un ritmo de capítulo por mañana. Él mismo cuenta que leía en voz alta a la familia el episodio del día "después de comer". La isla del tesoro era el postre.

Más adelante, los capítulos se leyeron de noche, cuando se encendían las velas. Su voz era "extraordinariamente vibrante". 'La isla del tesoro' se llamó inicialmente 'El cocinero de a bordo' y Stevenson nos haría creer que inicialmente el relato no estaba escrito para ser puesto en venta, eso explicaría el desmedido saqueo de material de otros escritores en los primeros capítulos.

En su fase inicial, Stevenson obedecía a los deseos de su familia

En 1881 el editor James Henderson aceptó 'La isla del tesoro' para publicarla en su revista infantil, Young Folks, que aparecía en forma de gran tabloide, a medio penique el ejemplar semanal, con una gran ilustración de la novela por entregas principal en la portada.

'La isla del tesoro' no fue la pieza principal de la publicación y no contó con ilustraciones. Por increíble que parezca, dada su fama posterior, 'La isla del tesoro' no tuvo un gran éxito en Young Folks. Según Robert Leighton, entonces ayudante de redacción en la publicación, Stevenson todavía no dominaba por entero "la escritura por entregas". 

Merece la pena señalar que durante todo ese tiempo a Fanny —"la crítica del hogar", como Louis la llamaba cariñosamente— le preocupaba que su marido malgastase su talento con los jóvenes. Puede que fuese la señora Stevenson quien le prohibiera usar su recién adquirido apellido. 'La isla del tesoro' fue publicada en Young Folks bajo el seudónimo de 'capitán George North', al igual que 'La Flecha Negra'. Estaba claro que en esa fase inicial de su carrera el escritor obedecía más a los deseos y susceptibilidades de su familia.

Un trío de seudopadres para Jim

Stevenson es un novelista que incita a analizar su biografía desde el punto de vista psicológico. El lector no puede más que sentir curiosidad por el inquietante trasfondo que subyace a este 'cuento para niños'. En 'La isla del tesoro', el padre de Jim es el equivalente narrativo de un agujero negro. Es el posadero del Almirante Benbow, aunque no haya nada altivo en él, que muere sin el más mínimo aspaviento.

Jim y su madre no parecen lamentar mucho su pérdida. No se nos dice que su hijo derrame ninguna lágrima por su padre. A partir de entonces, casi todos los personajes masculinos principales —el caballero, el doctor, el cocinero de a bordo— son nombrados figuras paternas del joven Jim. Uno manda a los hombres, otro los cura y el otro los mata. Este trío de seudopadres podría inspirar numerosos análisis freudianos y, de hecho, se ha escrito mucho al respecto. 

Chesterton sostiene que la clave de la perdurable popularidad de la novela es que 'La isla del tesoro' es "por encima de todo, una reacción al pesimismo. Stevenson es nuestra infancia". Chesterton insinúa que es la "impaciente cordura" de Stevenson la que otorga a la novela su validez universal y atemporal. En un fin de siglo cuya idea recurrente fue la "decadencia", Stevenson se negó a celebrar el decaimiento del mismo modo que tampoco aceptaba la debilidad de su cuerpo, como sí habrían hecho quizá enfermos o minusválidos menos graves. En última instancia, robándole la fórmula a D. H. Lawrence, podría afirmarse que 'La isla del tesoro' está del lado de la vida. A pesar de sus pesares, Stevenson creó una obra maestra. 

Este artículo cita, en su mayor parte, fragmentos de la introducción de John Sutherland a la edición de Penguin Clásicos

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