Lunes, 12 de Abril de 2021

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Zancadillas

Para un espectador que siga la vida política con interés es asombrosa la carrera de Unidas Podemos y del Partido Socialista por llegar antes al registro del Congreso de los Diputados y depositar la iniciativa legislativa que quieren poner a su nombre. A todas luces es una competición infantil, impropia de quienes forman parte de un mismo Gobierno

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Pepa, las contradicciones flagrantes en el seno del Gobierno de coalición, el primero en democracia, empiezan a dar espectáculo. Como señalaba un buen amigo periodista este mediodía se escuchan muchas voces, de miembros y de miembras del Consejo de Ministras y Ministros, compitiendo en ganar intensidad acústica de la que se mide en decibelios y eco en los medios de comunicación y redes sociales para lanzar ideas de bombero, pisándose la manguera y precipitándose con iniciativas, sea para despenalizar el enaltecimiento del terrorismo, promover la autodeterminación sexual, abolir la monarquía o cuestionar la democracia española.

La última vez que fue avistado el presidente Pedro Sánchez para hacer balance del año 2020 en la sala de prensa de Moncloa hubo de reconocer la evidencia de que en el Gobierno había muchas voces, pero las contrapuso a una sola palabra, la del Boletín Oficial del Estado. Sucede primero, que los textos del BOE que recogen la palabra del Gobierno resultan con harta frecuencia ininteligibles, y, segundo, que hay una disonancia abismal entre las cuestiones preponderantes en el espacio público y las que tienen algún reflejo en las páginas del Boletín.

Para un espectador que siga la vida política con interés es asombrosa la carrera de Unidas Podemos y del Partido Socialista por llegar antes al registro del Congreso de los Diputados y depositar la iniciativa legislativa que quieren poner a su nombre. A todas luces es una competición infantil, impropia de quienes forman parte de un mismo Gobierno. Por si fuera poco, el vicepresidente segundo, invocando esa condición, niega que España sea una democracia normal, zancadilleando dentro del área al alto representante de la Unión Europea para la política exterior y de seguridad, Josep Borrell, proporcionando argumentos al ministro ruso de Exteriores y descolocando a su colega Arancha González Laya. La pretensión de esta última de que dejen de ser noticia las discrepancias al respecto entre ministros socialistas y de Unidas Podemos equivaldría a la de abolir la ley de la gravitación informativa.

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