Domingo, 09 de Mayo de 2021

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"Se ha destapado la crueldad de la explotación textil"

La muerte de 29 personas en una fábrica textil en Marruecos desvela la explotación de una industria que aprovecha la impunidad de la subcontratación para "esclavizar" a mujeres en situación de "miseria social"

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La tragedia del pasado lunes en Marruecos desvela las condiciones de trabajo inhumanas en el sector textil al otro lado del estrecho. 29 personas, la mayoría mujeres, murieron en un taller irregular en Tánger, se cree que por un cortocircuito provocado por las fuertes lluvias.

El jefe del taller textil, situado en dos plantas subterráneas de una vivienda, es un joven emprendedor antiguo trabajador del sector que fue hospitalizado en estado de shock y bajo vigilancia policial.

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“Era de esperar”, dice Mohamed el Merabet, del movimiento vía democrática. Este drama humano llega por una acumulación de hechos desde el año 2004. “Se ha destapado la crueldad de la explotación”.

El Merabet ha participado en la Campaña Ropa Limpia, desde donde señalan “las inhumanas condiciones de trabajo en un sector fuertemente feminizado” donde priman “la informalidad en las relaciones laborales, la falta de transparencia y la impunidad”.

El sector textil en Marruecos se ha desarrollado “de una forma muy acelerada” en los últimos años convirtiéndose en un importante centro de costura y confección para España y gran parte de Europa con talleres presentes en las principales ciudades que “no gozan de garantías a nivel laboral ni de seguridad”, denuncia el Merebet.

Estas condiciones de explotación laboral en el sector textil hasta ahora se identificaban casi en exclusiva con Asia. Pero la desregularización y deslocalización del sector textil han contribuido a que se instale en territorios en los que “tiene garantizada la impunidad fiscal y jurídica”, señala el activista.

Mujeres reclutadas en bolsas de miseria social

El Merebet critica la indiferencia de la comunidad internacional con un problema que califica de un atentado contra los derechos laborales y básicos de mujeres que son “desposeídas, chantajeadas y esclavizadas en las estructuras productivas de la dominación masculina y patriarcal”.

Hasta el 90% de la mano de obra del sector textil son mujeres. Las trabajadoras de estas fábricas viven generalmente en el desarraigo social y familiar, lo que las hace vulnerables a la explotación. Muchas veces hay mujeres de la misma familia trabajando juntas porque “son reclutadas según estrategias definidas en bolsas de pobreza y miseria social”.

El trabajo es rotatorio e inestable y supone un salario de 33 céntimos a la hora para un aprendiz o entre 100 y 130 euros al mes para los empleados.

Se trata, sin embargo, de un sector consolidado que en Marruecos supone entre el 25 y el 33% de las exportaciones. “El imperio de la industria textil es una cadena de irregularidades”, subraya Mohammed, cuyas tragedias se escriben desde Bangladesh a la India a Tánger pasando por Turquía y los Balcanes. Y las empresas se protegen de toda responsabilidad ayudándose de intermediarios.

Detrás de todo esto están las grandes marcas de ropa europeas. “Trabajan para Cortefied, El Corte Inglés, Zara, Mango y todas esas multinacionales”, señala.

Puntos sensibles del planeta a la explotación textil

Los contextos de desesperación en los que la gente se ve obligada a acudir a la economía informal por falta de alternativas son un escenario perfecto para las empresas que “se sienten impunes y no rinden cuentas a nadie”, señala Eva Kreisler, de SETEM.

Carro de Combate pone el foco en el caso de Turquía, donde se ha empleado a refugiados en las fábricas textiles “con condiciones muy cercanas a la esclavitud”.

Ambas organizaciones denuncian un sistema de explotación y falta de medidas de seguridad que creen que no va a desaparecer por el modelo de subcontratación de las grandes fábricas que permite a las multinacionales eludir toda responsabilidad.

Desde Asia, donde están los principales productores, la industria textil ha crecido en países de América Latina y está moviéndose hacia África Subsahariana. Las organizaciones esperan que Europa impulse una ley sobre gobernanza empresarial sostenible que acabe con estas tragedias.

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